Arte y Letras Filosofía

¿Puede existir belleza en la violencia? (y 2)

Puede existir belleza en la violencia
Jacob luchando con el ángel, de Gustave Doré.

Viene de «¿Puede existir belleza en la violencia? (1)»

¿Cómo podemos determinar metafísicamente el arte y el artista, de manera que podamos acercarnos y obedecer a la esencia, una vez esta devenga? Es esta una duda central en el pensamiento nietzscheano, que no pudo acabar de culminar, a pesar de haberse determinado hacia su resolución.

Cabe decir que, a pesar de que quizá resulte una obviedad, Nietzsche no entendía el arte y la belleza de la misma manera en que la entendían autores pretéritos. Pero ¿qué significa que Nietzsche no entendiera el arte y la belleza igual que sus predecesores? En el marco del estudio estético, en el que encontramos diversas concepciones del arte y la belleza, y en la que han sido importantes las aportaciones de Kant, Hegel, Schopenhauer, Diderot, Hume o Platón, se estudia el arte desde el receptor. Es decir, en la concepción clásica del estudio estético se determina lo bello a partir de cómo aquel que observa el arte percibe la belleza que en este se encuentra. Esto para Nietzsche resulta un error si lo que quiere uno es prepararse para fundirse en la voluntad de poder y actuar acorde a ella.

La estética nietzscheana la tratamos muy brevemente en el artículo que se publicó el 1 de noviembre del 2024. En dicho artículo se citó el aforismo siguiente: «El fenómeno “artista” es aún el más transparente», que pertenece a la obra La voluntad de poder, y que desarrollaremos mejor en el presente texto. Que el “artista” sea el fenómeno más “transparente” significa que éste nos muestra aquello que suele estar oculto en otros fenómenos. ¿Qué podría estar oculto en la mayoría de fenómenos excepto en el de artista? La respuesta es sencilla: la voluntad de poder, por ser esta La Esencia, y por ser el arte la actividad metafísica fundamental. Si el arte es la actividad metafísica fundamental, y la voluntad de poder es aquello para lo cual nos debemos preparar, entonces el artista es, efectivamente, transparente a la hora de mostrarnos dicha esencia. La dificultad reside en saber determinar cómo la voluntad de poder se manifiesta en el artista, o en cómo el artista manifiesta la voluntad de poder a través de sí mismo y su obra.

En Así habló Zaratustra, en el fragmento «Los virtuosos», Nietzsche exclama lo siguiente:

Vuestros actos virtuosos son semejantes a la estrella que se extingue: su luz continúa siempre en camino y sigue su marcha. (…) ¡Que vuestra virtud sea vuestro sí mismo y no algo que os sea ajeno, una epidermis, un manto!

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2 comentarios

  1. Una supernova, estallido estelar de gran violencia, puede devenir en un espectáculo de gran belleza. Y, sin duda, no lo asocio a ninguno de estos conceptos: 1) las guerras, 2) la violencia «social», 3) la violencia heroica y 4) la violencia política.

  2. En el artículo Dios y su muerte, el autor ya nos muestra sus fundamentos filosóficos, enraizados en la metafísica de Aristóteles y en Nietzsche. Después va desgranando el periplo intelectual europeo del nihilismo, tratando de buscar el nuevo paradigma que pueda sustituir la muerte de Dios y de los valores. Como la voluntad de poder de Nietzsche no fue capaz de alumbrar ese nuevo paradigma, no encontramos en un periodo de transición que ya veremos a donde nos lleva.
    En todos los escritos se desliza siempre la búsqueda de la esencia, tal y como nos enseñaba Aristóteles, y este es el aspecto que permite identificar le problema: porque la esencia aristotélica, y el arjé griego no son más que ideas absolutas a lo platónico, pero no son realidades ni conocimientos ciertos y seguros de nada. Y todos los intentos filosóficos de encontrar el principio de todas las cosas, incluido el de la voluntad de poder, están abocados al fracaso completo, ya que la vida, el hombre y su historia no se guían por un sólo principio fundamental. Los intentos de sustituir el Dios cristiano, que no es otra cosa que la esencia y el arjé griego, para dar sentido a la vida, resultan, además, totalitarios y dogmáticos, y por ello peligrosos, como lo era el Dios occidental.
    Ahora que tenemos una visión histórica y antropológica de las culturas humanas, de sus mitologías y de sus creencias, podemos ver que la cultura occidental de corte griego y cristiano también era, como las demás, una mitología y sistema de creencias, que no son propiamente verdades absolutas, ni fundadas en filosofías verdaderas, sino sólo eso, un sistema de creencias que necesitamos para aprender a vivir.
    Así que no hay decadencia alguna en occidente cuando se declara el fin de una mitología basada en la creencia del Dios cristiano, pues enseguida aparecen otras creencias que sustituyen la anterior. Y como además, nuestras sociedades son ya manifiestamente multiculturales, es imposible que busquemos la creencia y mitología totalizadora capaz de alumbrar a la humanidad.
    En el universo humano del futuro, con miles de millones de seres humanos conectados entre sí intensamente en todo el planeta, con culturas variadas y dispares, el único paradigma que sobrevivirá será el de la tolerancia en las relaciones humanas entre las poblaciones. Cuando tal tolerancia no se produzca, las poblaciones se exterminarán unas a otras, ganando unos y perdiendo otros no por la superioridad de sus mitologías, sino de capacidad de enfrentamiento.
    Y cada grupo humano se buscara su sistema de creencias para dar sentido a su vida.

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