La gente me dice: «¿Preferirías que te juzgaran como un tipo gracioso o un gran jefe?». Siempre respondo lo mismo: para mí no son términos mutuamente excluyentes.
(David Brent en «Work Experience» de The Office, Episodio 2 (Temporada I) Londres, BBC, 16 de julio de 2001)
Los 90 y primeros 2000 son tiempos de distensión política y social en el Reino Unido, que vio en la victoria del laborismo de Tony Blair en 1997 un nuevo consenso librecambista en un país de facto globalizado. Es así una década sin apenas problemas políticos, con una economía saneada, y que va a volver más bien a la sátira social. Son, también, los años de los taquillazos escritos por Richard Curtis Cuatro bodas y un funeral (1994) o Notting Hill (1999) que se centran más bien en tipos excéntricos y en el sempiterno juego de parejas habitual en años afluentes.
Un síntoma del decaimiento de las viejas revistas musicales puede ser el excelente filme Los amigos de Peter (1992), en la cual Kenneth Branagh reúne a la mayoría de viejos intérpretes de Footlights (Emma Thompson, Hugh Laurie, Stephen Fry…) en una historia de clara intención crepuscular y que traslada muy bien la ironía posmoderna del tiempo:
Hay algunos amigos que tendrás el resto de tu vida. Los une el amor, la confianza, el respeto, la pérdida…O, en nuestro caso, la vergüenza ajena.
Los últimos coletazos de la comedia británica alternativa tendrían su representación en Bottom (La Pareja Basura) que de 1991 a 1995 mantuvo la alianza cómica entre Adrian Edmondson y Rik Mayall y sus situaciones tan disparatadas como gamberras. Tres temporadas llenas de humor físico, rijoso y en ocasiones experimental: en la tercera temporada los protagonistas permanecían atrapados en una noria durante todo el episodio. Poco sensible para los gustos actuales, La Pareja… es un disparate de chistes guarros y situaciones absurdas. Un diálogo medio resulta de este modo:
Richie: ¿Sabes cuántas tías hay en el mundo?
Eddie: Sí, pon tres billones.
Richie: ¿Sabes con cuántas me he acostado?
Eddie: Yup.
Richie: Ninguna.
Eddie: Lo sé, lo sé…
Richie: Es decir, estadísticamente es un poco anómalo, ¿no?
Eddie: No, para un hijo de puta feo y gordo como tú no lo es.
Richie: Me pregunto, ¿qué tipo de tía me conviene?
Eddie: Una ciega. Bueno, una ciega, sorda y masoquista siendo sincero.

Los años 90 tuvieron varios también puntales más convencionales con programas de sketches como Harry Enfield & Chums y The Fast Show. Tanto Harry Enfield, que domina el primer show, y Paul Whitehouse, alma del segundo, hicieron una comedia de costumbres centrada en los tipos sociales ingleses. Enfield se especializó en este tipo de humor con la mofa del liverpooliano medio, «los scousers», algo que quizá en la actualidad pueda resultar no poco clasista.
Gran parte de la década ve el dominio de BBC, la cual produjo casi siempre los programas más innovadores. De hecho, intentaron relanzar la comedia femenina británica —siempre un poco detrás de la estadounidense— con French and Saunders, que tendría un público del año 87 hasta bien entrados los 2000. Especializadas en parodias cinematográficas, las cómicas Dawn French y Jennifer Saunders llegaron a lanzar una cover de los Beatles en 1989.
Sin embargo, la consagración definitiva de este humor femenino debe todo a Absolutely Fabulous, que en torno a su sketch «Madre moderna e hija» del propio French and… creó toda una audiencia. Este programa comenzó en el año 1992 para retomarse en el 2001 y durar hasta tres años más tarde. Una sátira del mundo de la moda, tiene en sus protagonistas un perfecto vehículo cómico en su intento de seguir siendo jóvenes.

Eddy y Patsy, pareja en el fondo de hecho, pretenden ser socialités en un Swinging Londo» eterno desconociendo que ya pasan los cincuenta años. Como ancla en el mundo real está Saffy, la hija de Eddy, que resuelve la mayoría de los entuertos de su derrochona madre: Wodehouse pasado por Versace. Con muchos cameos de gente conocida en el mundo socialité, se adelantaba bastante en el tiempo al filme Zoolander (2001) y es ahora un mito de la comunidad gay gracias a diálogos madre e hija como estos:
Saffy: Prefiero llevar esta ropa a la caridad que tirarla.
Eddy: ¡No puedes dar este tipo de ropa a los pobres! Querida, estoy segura de que tienen suficiente que aguantar para encima añadirles la humillación de vestir la ropa de la temporada pasada.
Irlanda tuvo también su serie de masas con la surreal y blanca Father Ted; magnífica comedia de situación con un grupo de párrocos perdido en la costa de Irlanda. Obra de producción británica e irlandesa, todo un logro luego de años de conflicto político larvado, es una magnífica befa del mundo rural gaélico. El templado padre Ted Crilly convive, así, con el alcohólico y sátiro Hackett («feck!, drink!, girls!» es apenas su única línea de diálogo en la serie) además del bobalicón McGuire, ayudado por la inevitable criada Mrs. Doyle. Farsa de costumbres, de una blancura surreal admirable, queda retratada en sus diálogos propios del mejor Mihura:
Padre Ted: Los parroquianos no se van a unir a una secta desquiciada solo porque nos vamos de picnic unas horas.
Padre Dougal: Dios mío, Ted, he oído de esos cultos ¡Todos vestidos de oscuro y diciendo que nuestro padre volverá y nos juzgará!
Padre Ted: No… no… Dougal: esos somos nosotros. El catolicismo.
Autores como Juergen Kamm y Birgit Neumann han incidido en cómo esta serie alcanzó un público en Channel 4, siendo uno de los pocos formatos fuera de BBC que tuvo difusión masiva. Con tres temporadas, del 95 al 98, solo la muerte del protagonista Dermot Morgan impidió cualquier intento oficial de recuperar a los personajes. Sus creadores, Graham Linehan y Arthur Mathews, conocieron a pesar de esto cierto suceso como guionistas en la televisión británica de finales de los 90 a los 2000. La propia BBC, de hecho, participó en la curia como objeto cómico en The Vicar of Dibley, escrita por el ubicuo Richard Curtis y con notables audiencias.

Con esta creciente competencia, la BBC tuvo como figura providencial al guionista y realizador italoescocés Armando Iannucci, que sería el pionero en parodiar los primeros formatos de telerrealidad que comenzaban a dominar la televisión inglesa de los años 90. Iannucci tiene, también, el mérito de haber tomado un género moribundo en Inglaterra como el noticiero satírico y lanzar la carrera de decenas de cómicos allí.
Eso fue On the Hour, un programa de radio del año 1991 donde coincidieron Iannucci con Steve Coogan, Chris Morris, Stewart Lee o Rebecca Front. Este Hour… pasaría a la televisión en el año 94, The Day Today ,y se pretendía mantener un tono especialmente serio, que buscara la confusión, a la vez que se narraban las cosas más extrañas como «perros terroristas del IRA» o guerras improvisadas entre países sin ningún tipo de territorios en pugna.

El presentador de estos segmentos sería Chris Morris, que se consagraría con la pseudosecuela de nombre Brass Eye y que se lanzaría en el año 1997 en Channel 4. Este formato fue uno de los programas más polémicos, más brillantes también, que se han emitido en la televisión inglesa. Concebido como «falsos documentales» que tratan temas de actualidad como el maltrato animal, las drogas, el crimen o incluso la pedofilia, el estilo formal de cada episodio busca confundir al espectador. En ese sentido, en el especial de drogas llegaron a inventarse un estupefaciente falso, «cake», con el cual engañaron a presentadores de televisión y estrellas de medio pelo. El presentador, el propio Morris, utilizaba todos los trucos demagógicos de ese tiempo:
¿Pueden imaginarse el miedo al conocer que hay un hombre homosexual a bordo? Estarían pensando «Dios mío, ¿Me levantaré y encontraré a todos muertos?».
Se parodiaban, en efecto, las galas benéficas, pero tocaron hueso con el especial de la pedofilia en 2001. En este llegaron a inventarse una asociación falsa contra los abusadores infantiles, incluso engañaron al cantante Phil Collins para que les diera su apoyo. Realizado poco después del asesinato de la niña Sarah Payne, llevó a una condena social ya que además engañaron a políticos conservadores y laboristas. Este episodio, donde salía un jovencísimo Simon Pegg como pedófilo confeso y que se enfrentaba al hijo del presentador, hizo imposible cualquier futuro para Brass Eye, aunque pudo ganar un premio televisivo poco después debido a su endiablado ingenio.

Una sátira más amable, más divertida incluso, sería toda la serie de formatos con el presentador Alan Partridge (Steve Coogan) que había aparecido ya como «anchor» deportivo en On the Hour. Quizá la creación de mayor éxito popular de Iannucci, es una parodia del periodista radiofónico fuera de tiempo y con ideas bastante reaccionarias. Con una serie inacabable de programas, sus hitos para el público británico serían Knowing Me Knowing You with Alan Partridge (1994) y el falso formato de telerrealidad de I’m Alan Partridge del año 1997.
El eje de esta comedia es la disociación absoluta entre la ambición de Partridge con la realidad chapucera de sus programas. Knowing Me Knowing You…, de hecho, es una versión satírica de los mastodónticos espectáculos televisivos que protagonizaba la presentadora y artista Cilla Black en ITV (el célebre Surprise Surprise, adaptado a España con Isabel Gemio). La diferencia es que a Partridge todo le sale mal: Roger Moore nunca aparece en el primer programa, se ríe de un transexual en el segundo y literalmente llega a asesinar por error a un invitado en el último episodio.
Todavía más divertido, I’m Alan Partridge muestra al personaje de Coogan intentando sobrevivir como locutor en una radio ignota en Norwich. Quizá la primera parodia de los documentales cámara en vivo que dominaban la BBC, recrea el descenso a los infiernos del personaje. Así, sobrevive a un divorcio, su expulsión de la televisión pública británica y un ataque de pánico en un túnel de lavado. Su delirante y fallida entrevista con dos guionistas irlandeses, interpretados por los creadores de la citada Father Ted, dice todo del personaje:
Creo que los irlandeses están teniendo un cambio de imagen importante. Es decir, ya no tienen aquella imagen vetusta de duendes, tréboles, cerveza Guinness, caballos corriendo por fincas rurales, imbéciles sin dientes, gente con cejas en las mejillas, paseos en un pésimo asfalto…
La pieza acababa con uno de los guionistas sollozando, y con ello frustrando las oportunidades, de haberlas, de Partridge. En una notable ironía este presentador de televisión fracasado ha sido un verdadero triunfo para Steve Coogan, el cual ha llegado incluso a lanzar un libro junto a los guionistas del programa y protagonizar un thriller cómico, otra paradoja, de nombre Alan Partridge: Alpha Papa (2013).

Aunque es justo reconocer que Iannucci y Coogan fueron pioneros en Inglaterra en parodiar la telerrealidad con el falso documental de Partridge, otros lo harían conocido internacionalmente. En ese sentido, alrededor del Channel 4 y su particular noticiero The 11 O’Clock Show va a germinar otra generación fundamental para el humor británico como Sacha Baron Cohen, Ricky Gervais o Mackenzie Crook. Insertando bocas de actores en fotos de famosos, sketch robado del show de Conan O’Brien, realizaban un repaso a la actualidad británica.
En una jugada del destino, los presentadores y los colaboradores más señeros —Daisy Donovan, Iain Lee o Rich Hall— no alcanzaron nunca la importancia de las entrevistas y segmentos de Baron Cohen o Gervais. El primero consiguió la fama con su trasunto Ali G y pronto estrenaría un formato propio además de un filme con notable taquilla (doblado aquí por el dúo Gomaespuma). Una entrevista de Baron Cohen en este personaje a un exjefe de la CIA (Stansfield Turner) podía tener preguntas tan fuera de órbita como esta:
Hablemos de los espías, tío, porque la CIA tiene que ver con espías ¿No es así? ¿Es cierto que tenéis espías que tienen cámaras en las rodillas?
Más maliciosos, los segmentos de Gervais le hacían encuestador pesado o le permitían rutinas cómicas recicladas de sus monólogos. Los dos humoristas se emanciparían del programa madre con Da Ali G Show y The Office del año 2000 al 2004.
El primer formato ofrecía todos los personajes de Baron Cohen que luego se harían célebres debido a las películas como Ali G, Bruno o Borat. La clave, como hemos visto con Iannucci y Partridge, fue mezclar el boom de la telerrealidad con segmentos cómicos improvisados. Emitido entre Channel 4 y HBO, fue un hito popular en ese Reino Unido entre milenios.

Más conservadora en su humor, aún contando con un estilo documental, sería la seminal The Office escrita por Ricky Gervais y Stephen Merchant. Clásico agridulce, muy lejana a la comedia de evasión, alcanzó la fama no tanto por la promoción del canal como por el boca oreja de los televidentes, a decir del biógrafo de Gervais Michael Heatley. De hecho, quien busque la tontería y surrealismo de la adaptación americana, que hizo célebre al cómico Steve Carell, se encontrará con una original británica llena de crueldad. El David Brent de Gervais y el Michael Scott de Carell son casi opuestos y pocas muestras más tajantes que este intercambio cruel entre el jefe y la empleada poco agraciada Trudy:
David Brent: Estoy en mi treintena.
Trudy: Sí, pero te has dejado un poco, ¿No es así?
David Brent: ¿Me he dejado un poco?
Trudy: Sí…
David Brent: Júzgate tú. Das vergüenza ajena, cariño, honestamente.
El capítulo acaba en perfecto sarcasmo con Trudy y el empleado menos sofisticado de la oficina juntos. Quizá para compensar este humor feroz, la serie tiene en el romance agridulce entre Tim Canterbury y Dawn Tinsley una de las más tristes historias de amor vistas en una sitcom. Gervais siguió produciendo formatos similares como Extras (2005) o Life’s Too Short (2011); todos ellos crearon un género que se puede llegar a titular comedia de la vergüenza ajena y que le ha valido fama en podcast y monólogos, además de sus recordadas apariciones como presentador en los globos de oro. Sus últimas producciones están cercanas al drama y no han encontrado público.

Para acabar la década es importante citar las sitcom juveniles Spaced y Black Books de 1999 a 2004 en Channel 4. La primera, una de las primeras piezas nerd conocidas (tanto The Big Bang Theory como The IT Crowd no aparecerían hasta más tarde), presentaba a la pareja Simon Pegg y Jessica Stevenson sobreviviendo al alquiler y al Episodio I de Star Wars.
Más ocurrente que divertida, la serie transformó a Pegg y Nick Frost en estrellas cómicas emergentes y también inmortalizó los sufrimientos del friki a inicios del año 2000.
En cuanto a Black Books, es una telecomedia mucho más convencional que sigue las aburridas andanzas de Bernard Black como dueño amargado de una librería en Londres. Versión noventera de Los jóvenes, tiene mucho del tedio de la época, pero contaba con excelentes secundarios como el brillante cómico musical Bill Bailey o la futura actriz teatral Tamsin Greig.
Fran: Echo de menos mi tienda.
Bernard Black: La odiabas.
Fran: Sí, pero odiarla era gran parte de mi vida. Ahora estoy fuera, solo compro cositas para alegrarme.
Comenzaba un nuevo tiempo y con él un nuevo Reino Unido como pandemonio multicultural.
(Continú aquí)










Pues en efecto, el tono del Reino Unido ahora no tiene nada que ver con los años de Blair… es un país en declive, en crisis permanente…
Básicamente, no se ha recuperado aun de la gran crisis del 2008-2010 y tiene una medio de crecimiento anual como España trimestral…
Los estragos del Brexit no dejan de notarse, una locura total que casi nadie en Inglaterra hable – en Escocia es otra historia – y luego hay eso que podríamos llamar «nostalgia del Imperio» que siguen creyendo demasiados ingleses que son un Gran Poder y que les toca ejercer de poli del mundo, cuando las calles están llenas de baches y el sistema de salud universal ha dejado de funcionar y se vive una especie de austeridad permanente…
Es un país «in denial» y con el auge de Reform, el nuevo partido del charlatán de Farage, puede girarse más aun a la derecha…
Todo esto lo predijo hace mucho un escoces muy brillante que se llama Tom Nairn, que recomiendo a cualquier editorial español, sobre todo en dos libros muy buenos: Enchanted Glass: Britain and Her Monarchy y The Break Up of Britain…
Para Nairn, el Reino Unido es un anacronismo, un Estado que debido a su carácter imperialista hasta el 1945 nunca tuvo que modernizarse como los otros Estados de Europa, que han seguido o bien el modelo Francés o bien el modelo Americano, y en efecto la base de la (inexistente) Constitución data de 1689…
Nairn señala, por ejemplo, el absurdo sistema de honores como ejemplo. Casi todos los países del mundo tienen un sistema para reconocer a sus ciudadanos más destacados, pero el sistema en el Reino Unido es tan opaca que casi nadie lo entiende: OBE (Order of the British Empire), MBE, CBE, knighthood, Order of the Garter… Casi nadie te podría decir que significan todos estos títulos…
Es un Estado cuyo elite se ha negado a reformar y modernizar el Estado, y por tanto, solo puede deshacerse al final, según Nairn quien, más Marxista que nacionalista, veía la independentismo de Escocia como la fuente más probable de la gran crisis que dará la estocada de muerte a un Estado rancio y que va de rancio…
Si se quiere entender la mentalidad del elite inglés / británico, hay que leer a Edmond Burke y sus Reflexiones Sobre La Revolución En Francia: la tradición es todo, las revoluciones son malas etc etc…
Y Little Britain?
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