
En el año 2022 saltó, por primera vez, la noticia de la próxima des-extinción del mamut lanudo, el tigre de Tasmania y el dodo. Aludiendo a nuestra sensibilidad hacia la extinción de especies, se planteaba como la solución contra la pérdida de biodiversidad: la vuelta a la vida de especies extintas, haría resurgir antiguos ecosistemas desaparecidos, como la estepa del mamut lanudo. Por si fuera poco, con la recuperación de este ecosistema frío, se conseguiría disminuir la temperatura global para frenar el cambio climático.
La fe en la tecnología
Nuestra vida está mediada por la tecnología a muchos niveles, y no es de extrañar que los humanos nos hayamos convertido en sus fieles creyentes. El tecno-optimismo está instalado en las mentes y corazones de la inmensa mayoría de nosotros y no es algo nuevo. A mediados del siglo pasado algunos científicos, en vista de la cantidad de nuevas tecnologías que se iniciaron en aquel momento, vaticinaban que gracias a ellas en el año 2000 se habría acabado el hambre en el mundo y la jornada laboral no sería de más de cuatro horas; mientras que la remuneración sería muy superior a la de una jornada completa: suficiente para vivir confortablemente asistidos por los robots domésticos.
Ahora ya podemos decir que se equivocaban: el hambre en el mundo sigue en aumento, y su causa principal son las guerras que, con algunas de las tecnologías desarrolladas en aquel momento —como el proyecto Manhattan—, tienen una capacidad de amenaza y destrucción sin precedentes. Abundan las tecnologías domésticas y personales, eso sí. Pero los beneficios de estas, como la interconexión omnipresente, discreta y virtual, los hemos restado de la interconexión acotada, analógica y real, que resultaba más plena al poner en juego todos nuestros sentidos. Las jornadas laborales siguen siendo completas, a menudo con horas extras obligadas, pese a lo cual, la mayoría de los sueldos no llegan para mantener un nivel de vida desahogado en las sociedades modernas actuales.
Disfrutar de una vida cómoda y relajada con mucho tiempo libre, como nos auguraban, está en las antípodas de la realidad de la inmensa mayoría. Nuestro mundo es frenético y nos faltan horas del día para poder atender a las largas jornadas laborales, smartphones, drones, cámaras, canales de streaming, redes sociales… para los que nuestra curiosidad innata no tiene límites.
Envueltos en la magia de la tecnología, intentamos no pensar en la pura materia que la sustenta y los millones de años que necesita para su formación. La base del Imperio tecnológico es una treintena de elementos críticos, incrustados en las capas de roca junto a otros minerales de compleja separación. Por su posesión y control, las naciones se ungen cuál Ángel Exterminador, arrasando a seres vivos, ecosistemas, pueblos y países. Pero preferimos mirar solo la cara amable de la Tecnología, y la perdonamos con la excusa de su neutralidad.
En la película de dibujos animados Toy Story, la famosa frase de Buzz ligthyear, resume de forma paradigmática la fe de nuestra especie en la tecnología: “¡Hasta el infinito… y más allá! .
Resulta conmovedor ese brillo infantil y esperanzado en la mirada… El problema es que, a la vez que nos mueve y conmueve, desdibuja los límites sanos de lo que nos rodea. Y así, nos fuimos internando en oscuros problemas y encrucijadas globales como la destrucción de la biodiversidad (también la humana) y el cambio climático acelerado.
Cada nueva tecnología genera enormes expectativas. Tras su implementación, comprobamos que, no solo aportan soluciones, generan nuevos problemas añadiendo más ruido al sistema. Por otra parte, muchas iniciativas y proyectos se quedan solo en expectativas, pues no superan la fase experimental o al implementarse no aportan lo que prometían.
Series como Dr. Who y Star Treck y películas como Star Wars y Encuentros en la tercera fase, son la expresión de las altas expectativas que generó la carrera espacial en los años 60 cuando creímos estar a un paso de contactar con los extraterrestres, encontrar planetas habitables y crear bases permanentes en la Luna y Marte. Con el tiempo, la persistente realidad nos hizo gritar “¡No hay un planeta B!” y las expectativas se fueron desinflando, pero sesenta años más tarde aún continúan haciéndonos soñar.
Genes y tecnologías de edición genética
Toda forma de vida puede leer el lenguaje genético. De manera que, con las técnicas de edición, es posible hacer intercambios artificiales entre especies. Sin embargo, entre leerlo y expresarlo hay diferencias importantes.
La herramienta CRISPR cas9 que se utiliza para edición genética, fue adoptada por los investigadores del sistema de defensa inmune de bacterias, que la utilizan como recordatorio de los virus que las infectan y para eliminarlos de su genoma. Con ella se puede cortar con precisión un solo nucleótido —material genético básico- de los 3.000 millones de pares de bases que forman el genoma humano— otros seres vivos tienen más y otros menos-.
Los genes son agrupaciones de nucleótidos con diferente longitud, y cada gen es una unidad funcional de caracteres hereditarios. Hasta aquí vamos bien, el problema surge cuando queremos hallar las relaciones entre genes y caracteres. Y es que los primeros no trabajan de forma individual, ni siempre de la misma manera. Pueden ser multitarea (un solo gen puede fabricar diferentes proteínas para diferentes caracteres) y trabajar en colaboración con otros (para expresar en conjunto las proteínas de uno o varios caracteres). Además, se activan y desactivan en función de otros genes, de las condiciones ambientales y de las propias experiencias individuales.
¿Cómo se relacionan los genes del comportamiento dócil en los zorros, con los del color del pelo, la turgencia de las orejas y la forma de la cola?
Belyaev y Trut, unos investigadores que iniciaron un experimento con zorros plateados en Novosibirsk, Siberia, en 1959, demostraron que los genes que expresaban aquellos caracteres estaban relacionados. Sin embargo, en todo este tiempo, no hemos conseguido averiguar cómo. De manera que cuando se selecciona un gen o genes para unos determinados y deseables caracteres, con ellos pueden venir otros que ni esperábamos ni deseábamos.
Por si fuera poca la complejidad de las interrelaciones entre los genes, además están las que mantienen con el medio ambiente. Investigaciones en epigenética demostraron que el estrés y los traumas de los padres se transmiten a los hijos en pedacitos de ARN, sin necesidad de provocar mutaciones que cambien su genoma. Esto ayuda a los descendientes a superar con más éxito circunstancias adversas como, por ejemplo, sequías y falta de alimentos.
Cuando la paleogenética entró en acción
El biólogo sueco Svante Pääbo desarrolló las técnicas para la extracción de ADN antiguo, especialmente a partir de 1997 con la secuenciación del ADN mitocondrial de un neandertal. Posteriormente, continuó mejorando los métodos para aislar y analizar ADN de restos óseos antiguos, culminando en el borrador del genoma neandertal publicado en 2010.
La investigación de Pääbo confirmó, lo que algunos paleoantropólogos ya habían deducido de los fósiles, que hubo hibridación entre diferentes especies de homínidos, incluyendo neandertales y humanos modernos, proporcionando información valiosa sobre la historia evolutiva de nuestra especie.
No obstante, estos grandes descubrimientos que nos permiten ampliar el conocimiento sobre nosotros mismos y la vida, siempre hay quienes están más interesados en sus aspectos como nuevo nicho de negocio. Esperanzados como Buzz Ligthyear se olvidan de los límites naturales, éticos y técnicos. Así fue como un emprendedor y un genetista estadounidenses fundaron en 2021 Colossal Biosciences, con la promesa de la des-extinción para la conservación.
De las expectativas de lo posible
Ante los cuestionamientos planteados, tras la noticia de abril sobre los “neolobos”, la empresa Colossal Biosciences y sus socios, se apresuraron a matizar que no serían animales genéticamente como los extintos. La técnica consiste en tomar células, de sus parientes vivos más cercanos, en las que se editan algunos genes para conseguir un parecido a los animales extintos y -según sus palabras- que puedan realizar su función en los ecosistemas.
En algunas noticias se han referido a estos animales editados genéticamente como híbridos. Pero, tampoco son híbridos como los que consiguen prosperar en la Naturaleza y que pueden ser el origen de nuevas especies.
Las técnicas de edición genética pueden “cortar, pegar y anular” pequeñas partes del genoma; pero no fusionar la mitad del genoma del padre y la mitad de la madre como sucede en un animal híbrido. Tradicionalmente la hibridación se ha practicado en laboratorio, con técnicas de fecundación in vitro, pero suelen dar como resultado animales infértiles y con problemas físicos y de salud que acortan su vida. Un híbrido con estas características no tiene futuro en la Naturaleza, pero los que se han producido de forma espontánea y sí lo tienen, poseen un genoma con el 50% de la especie materna y 50% especie paterna que les dota de características de ambas especies.
Supongamos que se llegan a editar el máximo de genes a los que aspiran en el elefante asiático, 50 de los 20.000 que posee su genoma (un elefante tiene algunos más, pero para redondear). Esto no es ni un 1% de cambios en sus genes, tan solo un 0,25% y muy grosso modo, porque de cada gen solo se habrán cambiado algunas secuencias de nucleótidos, que, comparadas a los 3.000 millones de pares de bases, daría un tanto por ciento mucho más pequeño.
Para obtener un mamufante, se necesitan editar unos 50 genes en un elefante asiático —hasta la fecha no se ha conseguido—, para obtener un largo pelaje y otros caracteres que le permitieran resistir físicamente el frío del ártico.
Pero ¿podrá afrontar las situaciones adversas en un medio desconocido al que no está adaptado comportamentalmente? ¿sabrá qué alimentos puede comer y cuáles no? ¿podrá heredar el ARN mamut dónde se guarda la memoria de sus antepasados?
En los mamíferos y otros grupos animales, todas estas capacidades necesarias para la supervivencia, se transmiten de padres a hijos y pasan de generación en generación. Nadie creería que, si me regalan un buen abrigo de piel y una manta anticongelante, ya me pueden dejar sola en la tundra que sobreviviré sin problemas ¿qué nos hace pensar que para los elefantes editados sería suficiente?
Los elefantes forman manadas lideradas por la hembra más vieja, simplemente, porque es la que más memoria y experiencia tiene. La que ha vivido momentos difíciles y recuerda cómo los superó y los conocimientos que le transmitió la anterior vieja elefante junto a la que creció. Los recién “des-extinguidos” no tendrán un líder anciano que los guie, y si alguno actuara como tal sería un ciego que guía a otro ciego.
Se han secuenciado cientos de genomas de diferentes especies, incluida la nuestra, se han determinado los genes implicados en ciertos caracteres, pero debido a la complejidad de sus interacciones, resulta imposible determinar cuáles son las configuraciones que producen los diferentes caracteres (Lluís Montoliu, investigador del CSIC en el Centro Nacional de Biotecnología, en una conferencia en el canal del Museo de la Evolución Humana).
La des-extinción del resto de especies propuestas, enfrenta las mismas limitaciones. Incluso cuando el ADN no es fósil, como el del tigre de Tasmania o tilacino, por su reciente extinción. En su caso se ha planteado realizar a partir del dunnart de cola gruesa, un pequeño ratón marsupial de unos 10 a 16 cm de largo (incluida la cola) y unos 10 a 20 gr de peso. El tilacino podía medir hasta 1,8 m de largo hasta la cola, por 60 cm de alto y un peso de entre 20 y 30 kg. Ambas especies comparten un 95% de genes, pero hay enormes diferencias. Piénsese en nosotros y los chimpancés con los que compartimos un 98% de genes y, sin embargo, pese a nuestro parecido en muchos aspectos físicos y de comportamiento, también somos muy diferentes.
Con el dodo, otro recién desaparecido, se pretende utilizar la paloma de Nicobar por ser su pariente vivo más cercano. Además de un aspecto muy diferente, el dodo era un ave grande no voladora, de hasta 1 m de altura y entre 13 y 23 kg de peso. La paloma de Nicobar es un ave voladora, de 30-40 cm de longitud. Su estado de conservación es casi-amenazada lo cual significa que sus poblaciones tampoco pasan por su mejor momento. De hecho, como el dodo, evolucionó aislada y sin depredadores naturales, todo lo cual la convierte en una especie más vulnerable que otras a la extinción.
Finalmente, respecto a que todas estas ediciones sirvan para la recuperación de la biodiversidad, los ecosistemas y enfriar la temperatura global… hay limitaciones que, siendo realistas, resultan imposible de salvar. En primer lugar, un grupo de animales editados no son una nueva especie, como para realizar funciones con repercusión ecosistémica y global. Las especies no se crean en laboratorio ni en granjas, únicamente pueden formarse en la Naturaleza por selección natural, pues de sus interacciones con otras poblaciones, especies y el ambiente obtienen los caracteres afinados para su supervivencia.
Los animales de granja, suponiendo que se pudieran hacer granjas en número suficiente como para criar mamu-fantes, tilacinos y dodos -lo cual es mucho suponer-, tendría los problemas típicos de las razas domésticas, es decir la escasa variabilidad genética y la dificultad de sobrevivir sin ayuda humana en un entorno salvaje. El destino de esos animales no tendría nada que ver con la recuperación de la biodiversidad y el cambio climático sino, más bien, con parques temáticos y zoológicos.
Conclusión
La Naturaleza y su conservación se ha convertido en un negocio más y, como tal, utiliza técnicas de márquetin, con declaraciones y frases inspiradoras, orientadas a despertar emociones que se traduzcan en comportamientos de apoyo económico. ¿Cómo podemos discriminar lo que vale la pena apoyar de lo que no?
Cualquier proyecto que implique a seres vivos y se los manipule en sus aspectos más fundamentales, no muestra consideración por esos seres vivos ni por su capacidad de autorregulación, por lo tanto, no puede estar realmente implicado en la conservación de la biodiversidad.
En general, lo más acertado es desconfiar por sistema de todo aquello que presente soluciones rápidas a problemas complejos y una propaganda en exceso pesimista u optimista que aluda directamente a nuestras emociones.
Los animales son inteligentes, encuentran nuevas formas para sobrevivir y solo necesitan de nosotros respeto y un poco de ayuda.
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Bueno, vamos a esperar a ver que tiene que decir la OCU sobre este tema, ¿no?
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Sensatez, el único cromosoma que nos falta de frente a tanta arrogancia mercantil. La lógica perversa de que “si no lo hago yo, lo hará cualqluier otro” campea a sus anchas, cargándose comunidades, individuos, percepciones, esperanzas para reemplazarlas por otras comunidades, individuos, percepciones, esperanzas que serían mejores en nombre de la libertad y el derecho a ser feliz. A este punto prefiero quedarme con la “infelicidad” que por genética me ha tocado y la libertad de no joder al otro usando la poca inteligencia artificial que la evolución me ha dado. Excelente exposición, estimada, clara y orientativa. Gracias.
Desde luego, sensatez o sentido común, es algo que hemos ido perdiendo a medida que las falsas noticias interesadas crean cada vez más confusión… Ahora, al parecer, la IA es capaz de discriminar mejor que muchos humanos. Mira lo que dice de mi artículo:
«El sistema de IA ha determinado que esta noticia no es click-bait/sensacionalista: El título original es directo y refleja el tema central de la noticia sin recurrir a exageraciones o sensacionalismos. La noticia ofrece una reflexión crítica sobre la viabilidad de la des-extinción y sus implicaciones tecnológicas, éticas y medioambientales. Esto ha coincidido con la opinión de la mayoría de usuarios.»
Bueno, habría que ver que dice de las declaraciones de Colossal Biosciences en 2022-2023 cuando exponía la des-extinción como un hecho factible.
En cualquier caso, gracias E. Roberto, me alegro que te haya gustado mi exposición sobre el tema. El próximo, posiblemente, sea sobre la IA en comparación con la inteligencia humana.
Un saludo