Jot Down para Laguinda
No todos los golpes de suerte vienen limpios de mácula fiscal. Hay algo casi cruel en que un décimo premiado se vea amputado por la mano larga de Hacienda. Durante años, el ritual navideño de soñar con El Gordo —o la quimera semanal del Euromillones— se estrellaba contra un porcentaje innegociable: el 20 % de impuestos para premios que superen los 40.000 euros. Era la letra pequeña que destemplaba la alegría, como un villancico cantado en do menor. Sin embargo, la aparición de Laguinda podría estar a punto de reescribir esa resignación colectiva.
Dicen que no se pueden evitar los impuestos, y es verdad. Laguinda no pretende eso. Su estrategia, tan sencilla que roza el descaro, consiste en devolver al ganador la parte retenida de su premio mediante una póliza de seguro. Imagínate: compras tu boleto, y por unos céntimos —entre 0,15 y 3 euros— aseguras que, si la diosa Fortuna te sonríe, nadie te robe la carcajada del premio completo. El proceso es casi pueril en su simplicidad: escaneas el boleto, lo subes a la aplicación y, con un par de toques, blindas tu derecho a soñar con el monto íntegro.
Laguinda se ufana de ser la primera plataforma en el mundo capaz de garantizar el 100 % del premio. No importa dónde hayas comprado el boleto, si en una administración tradicional o en otra web: la póliza cubre cualquier resguardo, y extiende la promesa de un paraíso fiscal privado, en el que los impuestos —pagados religiosamente al Estado— te son devueltos después como indemnización asegurada. Al fin y al cabo, la póliza se firma con AXA, compañía de renombre que respalda la operación.
Resulta tentador ponerle números a este milagro financiero. Supongamos que logras atrapar los 100 millones del Euromillones. Tras el sablazo fiscal, te quedarían 80.008.000 euros. Bastante bien, no hay que engañarse. Pero Laguinda, por unos 50 céntimos de seguro, te reintegraría los 19.992.000 euros que el fisco se lleva. Semeja el guion de una distopía amable, un capítulo de Black Mirror escrito por un filántropo optimista.
Algunos pensarán que suena demasiado bonito para ser cierto. Pero Laguinda ya ha probado su músculo. En 2023, aseguran haber devuelto los impuestos de premios tan icónicos como el Gordo de Navidad —400.000 euros del primer premio que el afortunado recibió sin merma— y también del tercer premio. La idea se propaga como una herejía encantadora entre jugadores que, tradicionalmente, solo esperaban salvarse de la mala suerte, no del recaudador.
La propuesta de Laguinda encaja en un clima de creciente suspicacia hacia el reparto de la riqueza y el papel de Hacienda como epicentro de cualquier aspiración ganadora. Se paga el impuesto, sí, y luego se recobra a través del seguro. Al final, el resultado es transparente: Hacienda cobra lo que marca la ley, pero tú recuperas la cuantía gracias a una cobertura que funciona como un colchón emocional y económico.
No es un blindaje perfecto. Aunque el seguro devuelva el impuesto retenido, no exime de la obligación de declarar la ganancia patrimonial en la renta del año siguiente. Es decir, el 20 % se paga primero y se declara después, y Laguinda simplemente hace el papel de ángel de la guarda devolviendo el impacto inicial de esa retención. Puede parecer rebuscado, pero para muchos jugadores es un alivio psicológico: la diferencia entre la euforia recortada y la alegría completa.
En última instancia, Laguinda vende paz mental sin vas a comprar Euromillones. La idea de que el premio soñado no se disolverá entre porcentajes, ni siquiera aunque lo hayas comprado en el estanco de la esquina. Es la primera vez que el mercado de la lotería en España contempla la posibilidad de asegurar no la probabilidad de ganar, sino la certeza de cobrar la cantidad entera. Esto, que suena a alquimia financiera, se explica mejor con una palabra que tiene el aroma de los anuncios de la tele de madrugada: tranquilidad.
Bastan unos céntimos, un clic y la confianza en que si el destino te sonríe, el Estado no te dará la vuelta a la sonrisa. Laguinda se presenta así como el confesor de la superstición contemporánea: vende redención y amnistía, aunque no hacia el fisco, sino hacia los propios sueños. Porque soñar sin cortapisas, incluso cuando se gana, es hoy un artículo de lujo.









Fiscalidad de la indemnización cobrada?
Veamos si entendí: al comprar un número de la lotería TODOS pagamos pocas monedas además del valor del billete, un seguro lo llaman aquí. Perfecto, siendo poco no se nota, mas la posibilidad de que tu número sea premiado entre cientos de miles sigue siendo la misma: ínfima. Especulan con tu esperanza, como el finacierismo. Visto que hablamos de números (que, como las palabras encantan), azar y posibilidades es más sensato para un jugador imponerse una máxima: perder lo menos posible. Es por eso que la quiniela ofrece mayores posibilidades de “acertar esa máxima”, visto que premian ambos, los que tienen mayores posiblidades de salir. Siguiendo aquella disciplina, y JD permitiendo, transcribo veintiseis apuestas (26Euros, que no jugaré) para el superenalotto italiano de mañana que consiste en adivinar seis números entre noventa, con la convicción “azarosa ética metafísica” de que, cuantas más personas lo sepan, más posibilidades tendrán de salir.
24 9 76 49 51 82 14 33 39 87 64 6 38 27 22 68 30 70 47 74 75 28 89 20
83 57 2 32 11 25 67 50 86 12 10 53 65 44 26 16 37 17 24 2 57 75 50 86
9 67 33 27 26 38 39 22 76 74 14 83 49 87 68 28 32 12 51 64 30 89 10 31
82 6 20 25 53 17 78 60 37 54 56 23 35 36 73 34 84 43 1 46 80 61 58 52
48 66 59 77 42 19 62 15 71 18 4 29 72 40 8 45 41 7 90 55 81 63 13 5
35 1 48 62 72 90 60 46 66 15 40 55 37 73 80 59 8 81 34 61 77 18 45 63
56 84 58 42 41 13 23 43 52 19 29 5
Un descuido. Salieron todos juntos, pero de izquierda a derecha son grupos de seis.