Cine y TV

‘South Park’: caca culo pedo pis

South Park. Imagen Paramount.
South Park. Imagen: Paramount.

Alguien me contó una vez que el porno codificado de Canal+ marcaba un pico nocturno en el share de la cadena. La erección de la audiencia no era muy escandalosa, pero no dejaba de sorprenderme que miles de ojos anhelantes tratasen de descifrar, imagino que sin éxito, el cubismo de unos cuerpos que se agitaban tras una chisporroteante escala de grises. Vivíamos en un estado de naturaleza anterior a internet en el que, a la manera de Rousseau, éramos tiernos, felices, libres e independientes, y los pop-ups de «mujer casada busca nardo» no estallaban en nuestra pantalla cada vez que abríamos el navegador. Porque no teníamos ordenador. Ni router. Ni sexo gratis.

Cuando South Park llegó a España en 2001 aún faltaban unos años para que yo conquistase las dos últimas cimas, placeres exóticos del nuevo milenio, y aquella serie prometía ensanchar el brevísimo imaginario de mi adolescencia. La cosa, vista con perspectiva, no era para tanto, pero qué excitación producía tener trece años, esperar frente al televisor hasta las dos de la madrugada y buscar Antena 3 con el mismo gozo infractor del que buscaba los gemidos cifrados; cómo se hinchaba el pecho al franquear ileso la calificación por edades (+18), púber indómito y clandestino, con el volumen al mínimo y tus padres dormidos al final del pasillo. La libertad, señores, eran dos marionetas tirándose pedos.

Y cantar «eres un cabrón, hijo puta». 

*

El universo de South Park gira en torno a cuatro mamoncetes de ocho años que viven en un pueblo ficticio de Colorado: Eric Cartman, Stan, Kyle y Kenny. Junto a ellos, una lista de personajes en la que destacan el chef de su colegio, su profesor, el amor platónico de Stan (Wendy Testaburger) y un niño que se une a la pandilla en la cuarta temporada (Timmy). Si tenemos en cuenta que Cartman es gordo y católico, Stan tiene un perro gay, Kyle es judío, Kenny muere continuamente de formas crueles e insospechadas, el cocinero es negro y sabrosamente promiscuo, el señor Garrison pasa por varias etapas respecto a su identidad de género y Timmy, además de estar en silla de ruedas, tiene cierto retraso mental, no hace falta esforzarse mucho para ofender a al guien en cada capítulo. Trey Parker y Matt Stone pretendían escandalizar (moderadamente) a la sociedad americana con un humor sin pretensiones: sexo, violencia, drogas, maltrato infantil, doméstico y animal, homofobia, antisemitismo, caca, culo, pedo, pis, atentados contra el medio ambiente, incompetencia política y policial, inquina hacia el mundo del espectáculo (Britney Spears, Michael Jackson, Justin Bieber y Winona Ryder lanzando pelotas de ping-pong con su va… suficiente).

South Park es iconoclasia low cost, disidencia para todos los públicos.

*

La vulgaridad merece un respeto, sostiene el filósofo Javier Gomá. No solo por ser hija de la libertad y la igualdad, sino porque «ofendiendo al buen gusto se rinde a veces homenaje a la justicia». Y también a la verdad. A finales de los 90, South Park se convirtió en el hermano pequeño de una realidad que siempre supera las expectativas más horteras y violentas de la ficción: el escándalo de Clinton y Lewinsky estalló un año después de su estreno, dando inicio a dos décadas en las que la cochambre moral invadiría el espacio público, y los atentados del 11S elevaron a una nueva dimensión el llamado choque de civilizaciones.

Los guionistas de la serie transformaron la mierda en abono. En noviembre de 2001, un mes después de la caída de las Torres Gemelas, Parker y Stone se lanzaron a la piscina con «Osama Bin Laden tiene pantalones pedorros» (5×09). El capítulo ridiculizaba tanto al terrorista («la tiene pequeña») como a los norteamericanos, inmersos en una espiral televisada de pánico e histeria patriótica. Los chistes eran de una simpleza bochornosa, pero el mero hecho de hacerlos reconciliaba a Occidente consigo mismo —«somos libres, coño, no como esos moros»—. Lamentablemente, la nueva pornografía de la miseria (ubicua, instantánea y gratuita) ha neutralizado buena parte del potencial transgresor de los dibujos. Presentar a Saddam Hussein como el amante sadomasoquista del diablo en South Park: Bigger, Longer & Uncut (1999), película basada en la serie, parece bien poco frente a la difusión global del vídeo de su ahorcamiento en diciembre de 2006. Unos meses antes, Matt Stone aseguraba que los marines estadounidenses habían obligado al exdictador iraquí a ver el filme en varias ocasiones, demostrando que la porquería del mundo ni se crea ni se destruye: se retroalimenta.

«Todo lo vivo en la tierra debe defecar», cantaba el señor Mojón dejando tras de sí un rastro de heces, «es un ciclo que comienza y no puede terminar…».

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

Un comentario

  1. Este artículo me ha tocado la fibra porque nunca he podido tener sexo con nadie que cague y así me ha ido, transitando por el mundo en soledad sexual y casi que también, de la otra. Cuando veo a alguien que me gusta, al momento, pero es que instantáneo, me imagino a la persona sentada en el váter haciendo fuerza y soltando pedos en batería, antes de de dejar caer el zurullo y apestar el cubículo. ¡Así no hay manera!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*