
Podríamos afirmar que perros y gatos; rockers y mods o madridistas y culés no se llevan del todo mal, si el punto de comparación fuera la relación que históricamente han mantenido novelistas y críticos literarios. Esa mala, pero necesaria convivencia ha dado mucho de sí. El ingenio de los autores de ambos bandos en sus invectivas contra los integrantes del bando contrario ha entretenido hasta hace poco a los amantes de la literatura y a los seguidores de la cultura en general. Esta rivalidad fomentó en tiempos pretéritos las disputas en los periódicos, revistas y tertulias de la época. Todo esto enriquecía el mundo literario y atraía nuevos lectores. Se conseguía hacer afición como se dice ahora usando una expresión futbolística. Los ejemplos son numerosos y fáciles de encontrar. Los intelectuales británicos tienen fama gracias a esa flema y esa ironía que gastan y tan incisivamente usan para atacarse. Pero en España no escasean estos duelos entre inteligencias privilegiadas. Sirvan de muestra los ataques de Azorín contra Emilia Pardo Bazán a finales del siglo diecinueve.
El escritor José Martínez Ruiz, luego conocido como Azorín, publicó en 1895 un libro titulado Buscapies, sátiras y críticas. Lo hizo utilizando otro de sus seudónimos, el de “Ahrimán”. En dicho volumen, el joven autor de veintidós años usaba el sarcasmo para criticar a los autores ya aposentados de la generación anterior. En uno de sus capítulos, usando el estilo de una crónica de sucesos, fabulaba Martínez Ruiz sobre la muerte de la escritora gallega, en aquel momento gran dama de las letras españolas y más viva que nunca. Doña Emilia Pardo Bazán, en realidad, murió veintiséis años después.
Dos años antes de aquel libro, en 1893, con el seudónimo de “Cándido”, Azorín pronuncio una conferencia en el Ateneo de Valencia titulada «La crítica literaria en España». Aprovechaba ya para mofarse del ego de la Pardo Bazán: “Este prurito de brillar en todas las materias y en todas las ocasiones, le ha dado cierta fama de vanidosa y entremetida, fama que cuadra muy mal con una dama de sus méritos y condiciones. Nosotros, por nuestra parte, desearíamos que la ilustre dama no luciese tanto su figura, no mostrase tanto su yo”.
Azorín, antes y después de estos exabruptos e incorrecciones, mantuvo buenas relaciones con doña Emilia Pardo Bazán. De hecho, ambos autores se escribieron y el alicantino fue recibido varias veces en el famoso salón de la casa de Madrid de la autora de Los Pazos de Ulloa. En una carta que doña Emilia le envió al entonces joven airado se recoge esta afirmación: “España no tiene más que pasado, pero un pasado que nos trae a todos razón directa de las deficiencias y las miserias del presente”.
El presente que doña Emilia Pardo Bazán denunciaba es hoy nuestro pasado. De nuevo, podemos afirmar, como la autora coruñesa, que aquel pasado muestra de forma cruda y transparente las miserias del presente. Del presente de la crítica literaria española.
La crítica literaria hoy
Han transcurrido ciento treinta y dos años y nos encontramos con que hoy lo único que tiene notoriedad, en lo que tiene que ver con la crítica literaria española, son los comentarios sobre cómo Jordi Gracia, un catedrático de Literatura Española y crítico de Babelia, suplemento cultural de El País, critica con dureza el libro ganador del premio Planeta. Dejará de ser de actualidad el citado premio y volveremos al desierto de una crítica literaria ausente, falta de pulso o, en el mejor de los casos, mediopensionista. Ese es nuestro presente. Para más inri, las plumas de añorados críticos como fueron José María Guelbenzu y Robert Saladrigas ya no nos ilustran con su conocimiento y buen criterio. Si doña Emilia saliera de la tumba…
Jordi Gracia, sobre el último premio Planeta, escribe en El País: “La insipidez de su prosa es pavorosa. ¿Es absolutamente obligatorio que tantos premios planetas sean naderías tan planas, tan previsibles, tan vulgarísimas? Leer algunas de esas novelas —Sonsoles Ónega, Juan del Val— duele en el hígado por la falta de miramientos y hasta una especie de cinismo de escritura, de dejadez deliberada para ganar unas cuantas decenas más de compradores, supongo (y la felicidad de un jurado entregado a la causa)”. Son ya cuatro los premios Planeta consecutivos que Gracia pone en entredicho. En 2022, por poner solo otro ejemplo, reseñó Lejos de Luisiana, de Luz Gabás e Historias de mujeres casadas de Cristina Campos, la novela finalista. En su crítica, después de citar los nombres de los miembros de jurado y afearles su labor con un: “resulta difícil imaginar las consideraciones que habrá intercambiado el jurado en las deliberaciones”, afirma, entre otras caricias, que “La indigencia del estilo es incalculable”. Y que “no soy capaz de imaginar a una sola mujer de mi entorno —y son decenas— que no experimentase un profundo sentimiento de humillación moral ante las consideraciones que la novela explaya”.
El crítico carga las tintas, está claro, pero lo más curioso —y puede que también lo más penoso— es la falta de efecto real de su texto. A diferencia de lo que ocurría a finales del siglo diecinueve en las rencillas entre críticos y escritores, malas reseñas como estas no afectan a nadie o a casi nadie. Aunque parezca lo contrario, ningún colectivo del mundo literario se siente realmente ofendido. A los editores no les duele. Al contrario, sabiendo que nadie dejará de comprar el libro por esa mala crítica, si se genera polémica y esta se difunde por las redes y otros medios, mejor para que el premio y el libro se conozcan. Los autores, cuando son presentadores de TV o famosos por otro motivo diferente a la literatura, tampoco se enfadan. Afirman con semblante lastimero, como el último premiado, que le están haciendo bulling, pero lo dicen porque hay que echar leña al fuego. Estos famosos vienen de un sector donde los cuchillos que vuelan son mucho más afilados, donde esas batallas o escándalos controlados alimentan los ratings de popularidad y de audiencia. Que un crítico gafapasta les diga que no saben escribir o que las compradoras de sus novelas son una marujas incultas o iletradas les trae sin cuidado. Las lectoras y los lectores tampoco sufren: el libro de Sonsoles Ónega ha vendido, parece ser, muchos más ejemplares que los premios de años precedentes. Esas/os lectoras/es se enteran de que ha habido polémica porque ven en televisión El Hormiguero (en lo referente al último premio) o porque usan redes sociales; ven algún titular, pero no entran a leer la reseña al completo. El efecto de estas reseñas sobre la parroquia lectora es, en definitiva, mínimo.
En el último estudio de hábitos de lectura y compra de libros de la Federación de Gremios de editores de España (de 2024) se especifica que el porcentaje de Españoles mayores de catorce años que lee libros es del 70,3%. La distribución por edades de esos lectores es bastante homogénea siendo los de edad comprendida entre 14 y 24 los que más leen con un 75,5% y los que están entre los 35 y los 44 años los que menos con un 67,9%. De entre ese total de lectores, El 61,4% busca información sobre nuevos libros. Como principal fuente de recomendación se mantiene la que provienen de amigos, familiares y compañeros (48,4%). En la diapositiva 43 del estudio se puede apreciar que el tanto por ciento de personas que buscan en periódicos, en revistas o en webs especializadas para decidir qué leer oscila entre el 13% y el 12%. Como resultado, solo el 7,68% de los españoles que leen libros consultan las reseñas literarias en medios tradicionales, suplementos o páginas de cultura de periódicos (sean en internet o en papel).
¿Se trata de una crisis de autoridad de los críticos o de falta de lectura de los medios donde se publican sus reseñas? Para analizar esta situación, en Jot Down hemos preguntado a varios especialistas del sector. Hemos contactado con Jordi Gracia (catedrático de Literatura, ensayista y crítico literario), Anna Caballé (profesora universitaria, ensayista y crítica literaria), Fernando Rodríguez Lafuente (director del suplemento ABC Cultural del periódico ABC durante quince años), Alberto Olmos (escritor y crítico literario que hoy colabora en El Confidencial). También ha contribuido con sus conocimientos y opiniones Alexis Grohmann, catedrático de Literatura Española de la Universidad de Edimburgo (Escocia, UK).
Contra los Best Sellers
Jordi Gracia fue nombrado presidente del Consejo editorial de PRISA Media en febrero de 2024. El grupo PRISA edita el diario El País. Previamente fue subdirector de opinión y adjunto a la dirección de ese periódico. Preguntado al respecto, justifica de este modo su reseña:
Escribo crítica en Babelia desde 2004 y lo hago con regularidad, aunque no en plazo fijo. hace unos años decidimos que una obligación del suplemento era valorar las novelas premiadas con el premio más respetado por la inmensa mayoría de la población. Las funciones de la crítica creo que consisten en responder a las expectativas de los lectores potenciales y valorar el nuevo libro de un gran nombre , de un premio importante o muy conocido porque el silencio o la omisión equivalen o bien al desprecio o bien a la frivolidad. Si el oficio cuenta para algo es para opinar sobre los valores de un libro, y tiene sentido hacerlo con aquellos libros que tienen un mayor impacto público de partida, de la misma manera que lo tiene también en sentido contrario, es decir, destacar el valor excepcional o muy alto de libros con muy poca publicidad o visibilidad.
Fernando Rodríguez Lafuente, que dirigió el suplemento cultural del diario ABC hasta 2015, no está de acuerdo con Gracia:
Es fácil destrozar un libro. Solo consiste en ponerte estupendo. Si me apuras, es fácil destrozar más libros de los que pensamos. Elige grandes obras que emocionen al lector, que le descubran nuevos horizontes. Hoy, hacer caso omiso de obras de supuesto gran éxito es una actitud más relevante que cualquier otra. No salir ya es una crítica, la más dura, ignorarlo si el autor y el libro no merecen la pena.
Es menos diplomático y bastante más incisivo Alberto Olmos, que hoy colabora en las páginas de Cultura del periódico digital El confidencial.
Un crítico que no hace reseñas negativas no es un crítico. Y un crítico que lee un libro sabiendo que lo va a poner a parir, no es una persona decente. Es imposible encontrar una vez a la semana un libro estupendo que recomendarle a la gente. Es, de hecho, muy raro que uno lea un gran libro cada tres meses. El trabajo crítico, según yo lo veo, consiste en buscar ese gran libro. Casualmente algunos críticos encuentran un gran libro cada semana y siempre acaba de salir y siempre es el título por el que apuesta la editorial, que normalmente pertenece a un gran grupo con mucho dinero y que hace unas fiestas fantásticas.
Ana Caballe, la única mujer entre nuestro panel de colaboradores, ha sido profesora de Literatura Española de la Universidad de Barcelona y responsable de su Unidad de Estudios Biográficos desde 1977 hasta 2023, cuando se jubiló. Anna denuncia la complacencia de muchos críticos:
No estoy de acuerdo con ejercer la crítica solo en los casos en los que el libro nos parezca importante. Eso es querer queda siempre bien. Si el juicio del crítico es solo positivo, si solo hablamos de los libros que nos gustan, dejamos a una inmensa cantidad de libros y autores en la intemperie de la no valoración, del desconocimiento.
Sobre la relevancia que las criticas tienen en las lecturas/ventas Jordi Gracia opina así:
Me cuentan que Sonsoles Ónega ha sido uno de los premios más vendidos de la historia del premio, lo cual significa llanamente que una crítica no incide en absoluto en las ventas, y es lógico y hasta saludable que sea así.
Anna Caballé, es la única que entra de lleno en un asunto polémico como es el del género. Entiende que cuando se critica un libro de este tipo (best Sellers) hay un sesgo machista. Por su valor, reproducimos íntegramente el comentario de la autora de Íntima Atlántida, la última biografía de Rosa Chacel:
Eso viene de muy lejos. Viene de dignificar cierta novela de género, denostando otra, según criterios absolutamente discutibles. Recuerdo haber leído El halcón maltés o La isla del tesoro, ya con más de veinte años, con la reverencia con que leería La Divina Comedia, por los elogios desmesurados, para sentir, al acabar, una considerable decepción. No discuto la calidad de La isla del tesoro, digo que, como mujer, el interés que ofrece Middlemarch, de George Eliot es incomparablemente superior. Cito estas dos novelas porque se publicaron con pocos años de diferencia e iban dirigidas a un público similar. ¿Qué quiero decir? Que la novela sentimental o romántica, tan pésimamente estudiada en nuestro país, ha quedado fuera de la estimación crítica porque sus parámetros de interés no eran los masculinos y dominantes. Y sobrenada en un vacío crítico casi absoluto, todavía.
Ahora las mujeres, las principales consumidoras de cultura (en todas sus manifestaciones) están cambiando las cosas, imponiendo sus preferencias, sosteniendo que Mujercitas fue una novela fundacional para muchas mujeres de mi época, de la generación anterior y de la siguiente. Y autores, editores y productores son sensibles a ese giro feminista en el consumo cultural, en todos los órdenes. Las mujeres (no recuerdo ningún personaje femenino memorable en La isla del tesoro, y desde luego los personajes femeninos de la novela negra son los que son, mujeres ambiciosas, atractivas y detestables), las mujeres, digo, queremos reconocernos en el arte, interactuar con él, no ser meras espectadoras pasivas de una problemática que no concierne del todo a nuestra sensibilidad o a nuestras preocupaciones como mujeres que, en parte son las de cualquier ser humano y en parte son específicas porque tienen que ver con el lugar de la mujer en el mundo.
Ya a finales del siglo diecinueve las críticas que hacía Azorín a lo escrito por Emilia Pardo Bazán desprendían un acusado tufo machista. Pero entonces nadie se escandalizaba.
George Steiner, quizás el crítico literario más respetado de las últimas décadas, decía que la crítica literaria tiene su origen en una deuda de amor y, en una entrevista de 1995 en The París Review, lo argumentaba: «No comparto en absoluto el tono de la crítica británica moderna, el placer perverso de la desaprobación, la condescendencia y la crítica despiadada». Steiner reseñó libros durante treintaicinco años en The New Yorker y en el Times Literary Suplement. Añadía en la entrevista que en todos esos años «creo haber firmado 4 o 5 reseñas netamente negativas y he renunciado a reseñar muchos libros que consideraba mediocres o netamente malos”. Terminaba con que «un buen crítico se posa sobre una gran obra y dice a todos los demás: esto es buena literatura y estos son los motivos. Hágase un favor, vaya a la librería y compre un ejemplar». Pero a su lado tenemos a Walter Benjamin, profesor de filosofía y también admirado crítico literario, que decía en 1931 que la crítica tiene como como objeto destruir la norma burguesa de la cultura. Para el alemán la crítica debe ser un acto de destrucción y de ruptura, no un ejercicio de juicio del gusto literario o de análisis puramente subjetivo.
Alexis Grohmann, catedrático de lengua española está de acuerdo con Steiner:
Prefiero no pasar mi tiempo en compañía de un mal libro, ni siquiera para desmontarlo. Todavía recuerdo que hace muchos años un libro muy elogiado y premiado a mí me parecía tan malo, objetivamente malo, que durante mucho tiempo me sentí tentado a desmontarlo críticamente, como hace Jordi Gracia de vez en cuando. Al final descarté hacerlo porque me parecía un ejercicio destructivo y poco placentero. ¿Por qué dedicar mi tiempo a estudiar una mala novela, aunque sea para explicar por qué es mala? Dicho esto, a mí me sirvió la crítica de Jordi Gracia para orientarme, y creo que es importante de vez en cuando que un crítico nos explique por qué un libro es malo.
Cita Fernando Rodríguez Lafuente a ese gran filólogo y crítico literario que fue Francisco Rico que argumentaba que: “la crítica literaria se salva, si está literariamente escrita.” Y añade Lafuente; “La clave es el lector”. Queda claro que el problema no es lo negativo o positivo de la reseña. El lector merece la sinceridad. Un medio o un crítico que solo publica reseñas positivas perderá indefectiblemente la confianza del lector. Y sin lector (dios lo guarde) se termina todo.
¿Crisis de autoridad o falta de difusión y de lectura de los suplementos culturales?
El escritor alemán Martin Walser, igual que hizo Azorín con la Pardo Bazán, mató en 2002 a uno de los críticos alemanes más influyentes. Lo hizo en una de sus novelas, Muerte de un crítico, después de haber recibido durísimas críticas por parte del reseñista. El asesinado —aunque con nombre ficticio— era el famosísimo Marcel Reich-Ranicki, critico principal del diario Frankfurter Allgemeine Zeitung y presentador desde 1988 hasta 2001 de El Cuarteto Literario, el programa de libros de la televisión alemana que millones de espectadores veían todas las semanas. Si un libro era elogiado en el programa, las ventas estaban garantizadas. La familia de Reich-Ranicki había perecido en los campos de concentración nazis y solo él y su mujer habían podido escapar de Polonia. Por este motivo, el libro fue tachado de antisemita y sufrió serias trabas para su difusión en los medios de comunicación alemanes. Reich-Ranicki siempre se negó a comentar sobre su asesinato literario.
Un éxito parecido tuvo Bernard Pivot en la televisión francesa. El programa se llamó Apostrophes, se emitió en horario de máxima audiencia entre 1977 y 1990 y pasó a la historia por la monumental cogorza con que el escritor norteamericano Bukowski se presentó una noche a la tertulia. Tanto Pivot como Reich-Ranicki tenían la autoridad que representan millones de espectadores fieles y respetuosos con sus críticas y muchos millones de libros vendidos gracias a sus reseñas y comentarios.
En uno de sus libros de memorias, Jorge Herralde responsabiliza de las ventas masivas de uno de sus libros —Bella del Señor de Albert Cohen— a una crítica elogiosa de Rafael Conte en El País: “Por otra parte a Conte, una o dos veces al año, le gustaba dar el do de pecho, escribir una crítica extremadamente entusiasta en favor de un libro, y conseguí lanzarlo con total garantía. Así lo hizo con El héroe de las mansardas de Mansard, de Alvaro Pombo, por ejemplo, y en este caso con Bella del señor, de Albert Cohen”. La reseña se publicó el 21 de mayo de 1987, cuando la Feria del Libro de Madrid acababa de abrir sus puertas. Segú Herralde “la gente se precipitaba, con la crítica en ristre, pidiendo el libro”.
Esto ocurrió en España en una época en que El País tenía una difusión superior a los dos millones de lectores cada día. Hoy las cifras son muy diferentes.
Durante varios meses de 2024, sorprendió a todo el mercado literario español que los libros de la saga Blackwater coparan las listas de los más vendidos. Hubo semanas en que tres o cuatro de estos libritos editados por Blackie Books, una editorial independiente de Barcelona, se situaban entre los diez volúmenes con mayor éxito comercial. Hablamos de una historia familiar de “terror gótico sureño” que Michael McDowell, amigo de Stephen King, publicó en 1983. Una editora francesa tuvo la idea de trocear en seis libritos la obra y con una creativa portada la volvió a editar hace dos años. El éxito que obtuvo en Italia, Francia y España pilló desprevenidos a críticos, suplementos culturales y teóricos de la cultura. Eso de que “los jóvenes solo ven videos en tik-tok y no leen libros” se había convertido en un lugar común. ¿Quién se atreve hoy a repetir esa afirmación? Precisamente fue en la citada red social donde se promocionó y se recomendó esta saga. En una subespecie de Tik-tok, en la llamada «Book-tok», influencers y famosos, utilizando videos de 20 segundos llenos de emoticonos, explicaban a estos chicos y chicas qué emociones obtendrían de la lectura de estos libros. Y ahí están las cifras de ventas. ¿Reseñas? ¿Quién necesita reseñas?
Todo texto publicado en un periódico sólo tiene un objetivo: ser leído de principio a fin. Una crítica se puede resumir en estrellitas o números de uno a diez o en megusta/nomegusta. El resto tiene que ser gozoso de leer. Argumenta Alberto Olmos.
Jordi Gracia reconoce la poca influencia que hoy tiene la crítica literaria:
La crítica, en la inmensa mayoría de los casos, no la va a ver más que el autor y el editor, y quizá el responsable de la página del periódico. La crítica es un género sin apenas lectores, con muy pocas excepciones: sospecho que parte de la causa de esa escasísima lectura, que hoy es fácilmente comprobable con métricas digitales, es responsabilidad de la propia crítica y sus protocolos y pamemas a la hora de hablar con franqueza o ser capaz de escribir un texto que no sea plúmbeo.
Sobre la poca atención que hoy se presta a los suplementos culturales, Alberto Olmos afirma:
El suplemento está lleno de intereses, me parece normal que nadie se crea una reseña hoy en día, salvo las que escribo yo”. Para terminar añadiendo: “Si la crítica literaria fuera un género literario, se leería más. No lo es. Está muy mal escrita y es aburrida y sigue fórmulas tediosas. A nadie le importa lo que dices de un libro salvo a su autor, sus amigos, sus enemigos y su editorial. La única crítica literaria (es decir, reseña) que tiene sentido es la que, por sí misma, funciona, da ideas, da placer al lector o hace reír o te incomoda.
En el estudio Medios de información: Las tendencias que guían un futuro de transformación, realizado por la consultora KPMG en 2025, se explican los acusados descensos en la difusión de los periódicos en papel o en internet. La cifra del total de periódicos de información general en papel vendidos al día ya apenas supera los 600.000 ejemplares con descensos, año a año, del 8%. El País a duras penas supera los 50.000 ejemplares en papel. Si hablamos de difusión, en total (juntando papel y web) la cantidad de lectores diarios de periódicos ha decrecido en 10 millones. Ha pasado de un poco más de 15 millones en 2005 a solo 5,5 millones este año 2025. Y esa cifra sigue cayendo debido a que las visitas a las webs de esos medios se han visto reducidas por el algoritmo y por la incorporación del “modoIA” al buscador de Google. El usuario obtiene la información en el modoIA y ya no pincha en los enlaces, lo que acaba afectando la facturación por publicidad.
Jordi Gracia, a pesar de todo, sigue defendiendo la necesidad del crítico:
La fiabilidad de un crítico quizá se gana con una escritura sugerente o al menos comprensible, con criterio propio a la hora de juzgar, capacidad argumental y sentido de la vergüenza a la hora de emitir juicios favorables o desfavorables (la desvergüenza estaría en no atreverse a formularlos positivos o negativos, pese a creer en ellos).
El futuro de la crítica literaria: ¿la IA?
La Inteligencia Artificial (IA) se ha convertido en una herramienta que permite redactar textos literarios y periodísticos con bastante calidad. Se comenta en el mundo de los medios de comunicación que, ante la crisis, es más rentable contratar a un buen “Prompt engineer”, que sea hábil dando las instrucciones precisas al motor de la IA, que a diez redactores. Cuestión de productividad.
Sobre la llegada de la IA y ante la observación de que hoy la IA puede hacer una reseña “técnicamente perfecta”, responde Jordi Gracia:
¿«Técnicamente perfecta» significa que simula tener un criterio de lectura justificable, elaborado, distintivo, capaz de jerarquizar una novela respecto a otras, capaz de señalar las debilidades o las virtudes con argumentos fundados o significa simplemente que es capaz de vomitar un texto impecablemente neutro, a menudo equidistante por defecto, en el que se supone que hay alguna forma de conocimiento, aunque haya sido solo el resultado de una competencia computacional y predictiva fabulosa, pero nada más? El único requisito que se me ocurre para la buena crítica son los buenos lectores y las ganas de hacerse entender.
Alexis Grohmann está de acuerdo con este punto de vista:
Una buena crítica siempre será una destilación del saber, las experiencias y las lecturas acumulados de una persona concreta, y precisamente este lado humano es lo más interesante. No dudo de que las máquinas puedan simular algo parecido, pero las asociaciones, las idiosincrasias y la síntesis llevadas a cabo por una buena mente humana creo que siempre serán superiores y mucho más interesantes a lo que pueda producir la IA.
¿Hay esperanza?










Un post de críticos que no critican es carnaza pura. Como me gusta leer ficción tiendo a buscar críticas literarias, especialmente aquellas que no son solo un resumen del libro. Tampoco me gustan las 100% buenistas, por aburridas y poco creíbles. Personalmente se me hace difícil criticar cuando conozco a la persona. Me refiero a hacerlo públicamente en lugar de comentárselo a ella en persona, así que considero a los críticos necesarios y a la vez ignorables. El de crítico es un trabajo que no es para mí, aunque me guste leer sus críticas, comparta o no sus opiniones.
Otra cosa es definir lo que es bueno o malo. Algo que supere si te cae bien o mal tal o cual persona. Si es mejor leer a Javier Marías o a Juan del Val. Si somos de Quevedo o de Góngora. Si no entender lo que está escrito es sinónimo de grandeza, si repetirse es delito, si importa más el léxico o la historia.
Siempre he tenido esa duda. ¿Por qué la mitad de los clásicos me aburren?
El estatus del mundo literario en español queda mermado por el amañado Planeta, premio literario mas lucrativo del mundo con un millon de euros de botin… («aqui estamos nosotros con nuestros enormes huevos españoles»)
El Booker, con un tufo del imperio / colonialismo todavia, creo que paga 50,000 libras…
Uno no lo daria mucha importancia si la literatura en español fuese mala, pero es buena y hasta muy buena, mejor que la literatura en ingles de hoy en dia para mi…(aunque es imposible estar al dia)..
Entonces, por que el mundo literario en español transige con la farsa del Planeta? Que hace un escritorazo como Mendoza, por ejemplo, entrando en el trapo alli?
La verdad, no lo entiendo…
En cuanto a Benjamin, sus ensayos criticos sobre Proust y Kafka siempte seran leidos…son de lo mejor que se ha escrito sobre los arriba mencionados..
Rafael Borrás Betriú fue un alto ejecutivo del Grupo Planeta y contó en sus memorias historias muy divertidas. En el segundo de los tomos, en “La guerra de los planetas” (Ediciones B, 2005), relató la siguiente anécdota de la entrega del premio de 1989, que se otorgó a la escritora Soledad Puertolas por su novela Queda la Noche:
“Cuando un periodista, seguramente poco avezado en lo que son los premios literarios, preguntó con más candor que Caperucita Roja cómo era posible que Soledad Puértolas (que había concursado al Planeta ocultando su nombre y el título de la obra con un doble seudónimo) hubiera sido invitada al acto antes de ser conocido el fallo y, por ende, el nombre del ganador, una sonrisa cómplice recorrió la sala donde se celebraba la rueda de prensa, sonrisa que degeneró en carcajada hilarante al hacer el oportuno quite el editor (Fernando Lara) con una frase memorable”. Le dijo Lara: “Creo que usted todavía cree que los niños vienen de París.”
Me refiero, amigo MacNaughton, a que escandalizarse con el premio Planeta a estas alturas es un poco ingenuo. Este galardón es ya como lo de los reyes magos, ¿no crees?
No tengo acciones de Planeta ni de Atresmedia, pero hay que reconocer que el premio y los Best Sellers (todos ellos) con sus ventas y los beneficios que producen para sus editores dan de comer a muchos autores que no llegan a compensar con los libros que facturan los adelantos que reciben de. Esos libros superventas mueven el mercado y permiten la pluralidad y variedad dentro del ecosistema literario.
Lo que es ingenuo es creer que todos podemos ser un poco corruptos / tramposos en lo nuestro sin que pase factura al resto de la sociedad, sea Antonio M Molina y Javier Cercas con el Planeta, los hermanos Almodovar con sus cutres y tramposos guiones a la hora de rodar en ingles, o ya, en otro plano, pero siguiendo la misma logica («yo soy distinto, aunque sea trampa, las reglas no me obligan a mi, son para los demas») jueces sinverguenzas y prevaricadores, politicos del 3%, y para-policias actuando fuera de la ley. etc etc…
El Planeta es un atentado contra la literatura y su funcion en la sociedad, y da una imagen pesima de letras hispanas en un momento en que el Booker se va internacionalizandos cada vez mas, y hay toda una generacion de escritores, sobre todo argentinos, chilenos y americanos en general, que escriben en español y estan en en la vanguardia de letras mundiales hoy en dia…
Mira que un premio literario internacional de calidad en español, angulado a los mercados extranjeros, seria mucho mas interesante y util que la farsa del Planeta…
No lo entiendo…
Por si no lo sabes Antonio, el Booker en la ultima decada ha creado un premio nuevo, el Booker International, que es la mejor novela traducida al ingles, dotado con 50,000 libras que se reparte 50-50 entre el autor y el traductor…
Tanto Cercas como M.Molina han estado pre-seleccionados, incluidos en la «lista larga», sin llegar a ser finalistas creo recordar…
Es un premio que a mi me gusta mucho, siempre traen nuevos nombres alli…
Luego han hecho otra cosa, que no me gusta, que es abrir el Booker en ingles a escritores de EEUU tambien…
El caso es que el Booker como sello mas o menos funciona, siempre hay alguna novela entre las nominadas que vale la pena. Polemicas ha habido muchas a lo largo de los años, pero polemicas literarias…
El caso es que necesitamos un espacio en la sociedad autonomo y libre de interferencias que se llama «cultura» o «los artes» y el Planeta es un atentado contra aquella idea, fundamental para una democracia.. El Planeta es «aqui estoy yo con mis enormes huevos negros que voy a dar un premio a dedo porque soy un machote iberico…»
Es un premio al estilo de Trump…
Amañar un premio literario cuando hay tantos esctitores solventes en español es como amañar partidos de futbol cuando teneis Messi y Ronaldo en tu equipo… hay demasiados buenos escritores en español para tragar con el Planeta a estas alturas….
No lo entiendo, y no entiendo por que solo Juan Marse ha llegado a mandarles a la mierda…
Juan Marse que muy posiblemente es el mejor novelista español del Siglo XX, unos de los dos o tres candidatos…
Insistes en el premio Booker, amigo MacNaughton, y caigo en que tengo justo ahora entre mis manos una novela que recibió ese premio: «Moon Tiger » de Penelope Lively. Una maravilla que acaba de traducir y publicar IMPEDIMENTA. La recomiendo.
Estoy de acuerdo contigo en que un premio al estilo del Booker sería necesario en España. Un premio que reconociera cada año a la mejor novela ya publicada. Pero organizado por una fundación independiente. No estamos de acuerdo en los motivos : tú dices que en España hay muchos y buenos escritores de novela. No es cierto. El nivel ha bajado mucho en los últimos 30 años. Los ingleses y los franceses nos ganan hoy por goleada. Puede que ese premio Booker español ayudara a mejorar en nivel.
Bueno, Antonio, estamos de acuerdo en lo importante, pero tienes razón, la corrupción aquí es tal que uno se pregunta si existe lo que tu reclamas, «una fundación independiente»… Es que si cada uno dice, «no pasa nada», es un desastre, no hay manera… acabas (o yo por lo menos) medio loco…
En todo caso, perdonemos a Eduard Mendoza… si un señor que merece un millón de euros por escribir bien, es él…
Mi argumento general sería que la cultura española habla tu a tu con cualquier país, pero que no se piensa en internacional, parece que hay un punto ciego allí que es muy de lamentar y yo creo intratable…no se toma en serio, no se presta atención… casi todos los países tienen su gran premio literario menos España, que tiene el Planeta, no tanto un sello de calidad sino del contrario, de pitorreo…
Hay el Cervantes, pero eso premia todo una carrera, no un libro… el Booker premia libros concretos…
En cuanto al Booker en Escocia, tiene una fama asi-asi, no creas, no soy especialmente fan pero funciona a cierto nivel sin duda…
James Kelman lo ganó en el 95 con «How Late It Was, How Late», la historia de Sammy uno del lumpen escocés que se queda ciego tras una paliza de la poli y su «corriente de conciencia» durante un día de su vida…
Uno del jurado (Simon Jenkins de The Guardian) arremetió contra el lenguaje de Kelman lleno de tacos y obscenidades (como habla bastante gente de la clase obrera escocesa, creo yo, y es una teoría personal, por haber perdido no uno sin dos idiomas; el gaélico y el escocés) y Kelman respondió con un discurso al recoger el premio que hizo historia en Escocia… «mi cultura existe y tiene el derecho de expresarse igual cualquiera otra»…
James Kelman es el mejor escritor escocés vivo, y no creo que nadie le conozca en España. Es una figura muy importante en la cultura escocesa de la clase obrera, y más allá de aquella clase, todo lo que escribe tiene un gran peso… todos admiramos a Kelman…
Irvine Welsh también, por supuesto, que cambió todo con «Trainspotting» que es la bomba, demasiado complicado para ganar el Booker, por supuesto… Irvine es total… un tipo alucinante…
El auge del independentismo escocés todo tiene que ver con Kelman, Welsh y Braveheart… aunque ninguno de los tres se identificarían como nacionalistas; Kelman, por ejemplo, es un anarquista creo recordar, Welsh es un punk rocker que escribe libros, y Mel Gibson es Mel Gibson…
No, lo que pasó es que eran 4 o 6 escritores amateres escoceses jóvenes que asistían las clases de «creative writing» en la Universidad de Glasgow en los primeros 80 bajo la tutela del poeta inglés Philip Hobsaum, no?…
… un personaje del todo inspiracional por lo visto, el Hobsbaum, aun profesor estelar y una inspiración, y James Kelman, su igual, el brillante Tom Leonard, Alasdair Gray ( autor de «Pobre Criaturas» novela) Agnes Ownes (una escritora maravillosa) varios más, y todos estos, que eran del barrio, no tenían ningún familia de las letras ni de los artes, y crearon una especie de ola de literatura en la Escocia de los 80 segunda mitad cuando yo era muy joven… y nos vimos los escoceses por primera vez retratados en la literatura, porque Stevenson era muy bueno pero sin mucho interés en la realidad, ni Conan-Doyle ni Walter Scott…
Los cuatros que he mencionados eran / son, (solo Kelman sigue vivo), muy buenos y han cambiado y democratizado del todo la novela escocesa.. sin ellos, Irvine Welsh y «Trainspotting» hubiese sido imposible…
Tom Leonard, cínico irlandés- escocés como yo (pero una cabeza de primerísimo nivel a diferencia mía) escribió esta maravillosa poema que me troncho de risa:
The schooner (goleta) The Mother of Parliaments has
anchored in the bay
The first British ship has reached your land!
See the row-boat pulling to the shore,
See the ballot boxes glinting in the sun!
Run and tell your fellow tribsemen,
we are going to have a referendum!
Oh, shall we join the British Empire?
Eso es marca de la casa de Tom Leonard, un genio a mi juicio… Es que me meo de risa con Leonard… uno de los críticos más brillantes que ha producido el Imperio Británico…
Cambiaron todo en Escocia y nadie en España se ha fijado…
Es difícil para un español o no escoces entender el mensaje – muy cínico – del poema de Leonard, pero la idea de que un referéndum vale como excusa para colonizar un país, como Gibraltar por ejemplo, es de risa…no? O la idea de que realmente es una opción escaparnos del Imperio…
Estamos gente como Leonard y yo, y muchos escoceses y irlandeses y galeses también hoy en día, tan inmersos en el cinismo que es una especie de costra, una especie de segunda piel para que no te duelen todos los días, no?
Un dominio político-cultural-militar simplemente insoportable desde Londres… no es una colonia, Escocia, pero hay días que lo parece…
Luego en cuanto al referéndum de la independencia, que fue un año maravilloso en Escocia, de verdad, el mejor año de nuestras vidas igual, Tom Leonard montó polémica y votó que no a la independencia; dijo que una independencia con la libra esterlina y la reina como jefa de Estado era una broma (tenia razón hasta cierto punto); Kelman escribía artículos a favor pero avisando sobre los peligros del nacionalismo… Irvine Welsh también estuvo a favor…
Luego cuando David Bowie salió con «Scotland, don’t go!» nos quedamos todos traumatizados un poco…. desoir a Bowie!!!
Alasadair Gray escribió las palabras que se convirtieron rápidamente en lema de la campaña por el SI…
«….work as if you live in early days of a better nation!»
Y lo creíamos totalmente estábamos tan llenos de ilusión…
Luego, al hijo de Agnes Owen le mataron de un navajazo (así es Escocia también) …
La pobre de Agnes. Es muy buena escritora, la versión en proletaria de la también brillante Muriel Sparke…
Merece ser traducida…