Sociedad

La lluvia no durará

Con información adicional de Alessio Perrone

La lluvia no durará
La torre de la iglesia de Sant Romà de Sau en el embalse de Sau en marzo de 2025, cuando las reservas de agua rondaban el 50% de la capacidad. Fotografía: Albert Llop / Getty.

Este reportaje ha sido elaborado con el apoyo de Journalismfund Europe, y es un adelanto de nuestra revista trimestral Jot Down #54 «El Dorado», ya disponible aquí.

En enero de 2026, la localidad de Sant Romà de Sau dejó de ser famosa. Situado en el fondo del embalse de Sau, el pueblo abandonado se convirtió en una sensación viral cuando la sequía evaporó el agua que lo cubría. Por primera vez en medio siglo se podía acceder; su iglesia cubierta de barro se convirtió rápidamente en una atracción turística. También en un símbolo de la crisis medioambiental.

Pero tras las tormentas de 2025, el embalse se recuperó y el pueblo fantasma volvió a desaparecer bajo las aguas. Cerca de allí, otro embalse, Darnius-Boadella, pasó de estar vacío en un 90 % en marzo de 2025 a estar lleno en un 90 % en 2026. El embalse de Susqueda, que casi se secó en 2024, tuvo que abrir sus compuertas un año después para aliviar la presión sobre la antigua presa.

Con ocho millones de personas, además de empresas y granjas que representan una quinta parte del PIB español, Cataluña sigue obteniendo el 70 % de su agua dulce de embalses alimentados por la lluvia y la nieve construidos en la década de 1960. Son sistemas de almacenamiento de agua abocados al fracaso frente al calentamiento del clima mediterráneo. «Se prevé que las precipitaciones anuales en la zona mediterránea disminuyan alrededor de un 4 % por cada grado de aumento en la temperatura global», según un estudio realizado a finales de 2024 por el Centro de Investigación Climática y Atmosférica de Chipre.

Para afrontar la situación, la región ha puesto en marcha un paquete de medidas ambiciosas dirigidas a acabar con la dependencia de las lluvias y reducir el uso del agua procedente de los embalses a solo el 30 % del consumo para 2032. Un plan de infraestructura de diez cifras, que incluye la construcción de dos de las plantas desalinizadoras más grandes de Europa, espera que el clima deje de ser un factor relevante.

«Cuando todas estas instalaciones estén en funcionamiento, no tendremos que depender de lo que llegue a los embalses», prometió la portavoz del Gobierno catalán, Silvia Paneque, a la prensa local a finales de 2024. «El 70 % de nuestros recursos hídricos no tendrán ninguna relación con la lluvia».

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2 comentarios

  1. ángel Prats

    En primer lugar, felicidades por su reportaje «La lluvia no durará». Es un trabajo riguroso que expone la complejidad técnica, política y empresarial que rodea la gestión del agua en Cataluña. Gracias por abordar el tema.
    Yo soy de Lloret de Mar y el párrafo dedicado a la iniciativa de los hoteleros resulta incompleto y algo tendencioso al reducir la situación a la preservación de «piscinas instagrameables» frente al sufrimiento de los olivos. Aquí se omite una realidad económica y burocrática.
    Lloret más que un pueblo es una mega fábrica, donde sus trabajadores viven en ese complejo. Si la fábrica se quedaba sin agua ese verano, se enfrentaría a un cierre y a una catástrofe laboral.
    El esfuerzo fue 100% privado frente a la inoperancia. La adquisición de la desalinizadora portátil no restó recursos públicos ni agua a los agricultores. Fue una inversión privada de emergencia (sufragada enteramente por hoteleros locales y apoyada por empresas de Tossa de Mar y Blanes, ya que la desalinizadora generaría agua de sobra para todos) para salvar el tejido productivo ante la falta de soluciones estructurales por parte de la administración.
    La intención inicial del sector privado fue ceder el agua excedente al municipio de Lloret. Se desechó por el cuello de botella técnico y administrativo por parte del Ayuntamiento (imposibilidad de integrar esa agua a la red pública a tiempo) y por las enormes trabas burocráticas que impuso la Agencia Catalana del Agua (ACA) a una iniciativa que solo buscaba salvar la temporada.
    Al final llovió y no hizo falta la máquina.
    El magnífico reportaje ganaría mucha más precisión si, en lugar de plantearlo como un capricho de hoteleros vs. agricultores, se enfocara en el choque real: el de un sector productivo clave intentando sobrevivir por su cuenta frente a la rigidez de la burocracia estatal.
    Gracias de nuevo por su trabajo.

  2. Leía este excelente artículo recordando los mismos problemas del agua en la Provincia de Buenos Aires en la década del noventa, hasta que apareció el nombre de esa empresa francesa, Suez, lo que me llevó a escribir este comentario. Tuve la oportunidad de conocer a un pariente de mi esposa, un ingeniero francés que trabajó en aquella empresa en los tiempos de Menem, recordado por haber vendido todo lo público esperando en el milagro de la privatización (con la inevitable mala leche posterior). Y aquí viene una anécdota personal: el recuerdo de su gesto cuando quise saber algo más sobre aquel “affare”; fue un gesto de desolación, de vergüenza, de rabia, de resignación socialista (ahora es un pesimista socialista jubilado) y fue derecho al grano, escueto y claro: su “empresa” no llevó a cabo la modernización y/o optimización o remodelación de la red hídrica prometida, solo se limitó a seguir cobrando las boletas en pesos, transformándolas en dolares con un tipo de cambio privilegiado y expatriándolos finalmente, un destino centro y sudamericano, un negocio redondo. PD: El devenir de las cosas es inevitable, y por esto me viene a la mente aquel comandamiento bíblico: “Creced y multiplicaos”. Es imposible que los profetas de aquel tiempo pensaran en los negocios, pero no sabían que el devenir es imperscrutable. Gracias por la lectura

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