
Pablo Astrain, nacido en San Sebastián y criado en Algorta, combina su formación en bellas artes con un enfoque en el muralismo. Sus obras, caracterizadas por una paleta oscura y pinceladas sueltas, profundizan en la figuración dentro de un contexto narrativo. El arte de Pablo sirve como un lenguaje complementario para analizar estructuras sociales, dejando una huella en la escena internacional del arte callejero.
¿Cómo y cuándo decide Pablo Astrain que se va a subir al andamio a pintar arte y que este va a ser su proyecto de vida?
Creo que no lo decidí, sino que lo vi posible en algún punto del camino. La idea era muy básica, hacer lo que me gusta y ver qué sucede, como puedes ver, una estrategia infalible. Por aquel entonces había, y la seguirá habiendo, una opinión bastante popular alrededor de la figura del pintor, pero en mi caso no llegaba de la mano de nadie con conocimiento real al respecto, por lo que tocaba hacerse preguntas y buscar respuestas. Y aquí sigo haciéndome otras preguntas y buscando respuestas hasta que la chinilla del zapato moleste demasiado o tenga para zapatos nuevos.

Y llegas al día de hoy. Igual esta pregunta tenía que ir al final, pero te la tiro aquí. Hazme una valoración personal de lo que ha sido tu trayectoria de estos años.
No sé si debería valorar mi propia trayectoria, pero bueno, han pasado muchas cosas y muy bonitas. De repente y de manera muy orgánica, me he visto viajando por el mundo pintando y compartiendo de tú a tú con gente a la que admiro muchísimo y eso ahí queda.
Esto es una opinión, pero tus obras nos transmiten una intensa sensación de humanidad. En muchas de ellas parece que quiere generarse un diálogo, que tus personajes tratan de conectar con quienes las miran. ¿Por qué pintas escenas con esa carga de empatía tan fuerte?
¡Muchas gracias, qué bonito! A ver, está claro que no siempre se consigue, pero de alguna manera sí que intento generar un diálogo íntimo o cercano entre espectador (que en primer término sería yo) y obra, en el que se abran preguntas y se den opiniones. Algo así como una conversación con un amigo de toda la vida con el que puedes ser tú mismo con tus taras, tu risa floja, tus salidas de tono, tus chistes malos y del que esperas esa honestidad que a veces jode, pero estás abierto a ella porque no viene a hacerte daño. ¿Y por qué lo hago? Creo que tratar de entender siempre me ha aportado.

Has tenido la oportunidad de realizar intervenciones en diferentes ciudades del mundo. ¿Hay algún mural en especial que quieras destacar? Entiendo que todos tienen su historia, pero háblanos de uno en concreto.
Jajajaja, esta es muy difícil, cada muro tiene su historia, como bien dices, y, sobre todo, historias alrededor que vivo durante el proceso que son muy distintas, por lo que no es solo el muro, vamos, que no soy imparcial. Te podría decir de cuál me hablan más, que probablemente sea el de Muro Crítico en Valverde de la Vera con los niños jugando en el barro, pero la verdad es que varía mucho según la persona que lo recibe y de si se identifican con la técnica o con la historia detrás del muro. En general, los que más suelen gustar suelen ser en los que más libertad creativa me dejan. O también puede que, al sentirlos más míos, también sea yo el que esté más abierto a ese feedback, no lo sé.
Por otro lado, soy consciente de que la gente, en general, tiende a hablar de fotos más que de murales porque es lo que ve en redes y es irónico cómo una buena foto puede convertirte en mejor muralista y meterte en un mundo en el que se inventan que hay una competición entre nosotros.

¿Y cuál es el último mural que has pintado?
El de Nugzari+++ para Colors Urban Art en Estrasburgo, no sé qué pasa con los franceses que te dejan total libertad creativa y además valoran mucho que algo plantee conversaciones aun siendo incómodas, si forman parte de un contexto coherente.
La temática de este número 31 + 4 es «Intimidad». En nuestra sociedad, en la que la intimidad no está de moda, sino todo lo contrario, la exposición y la apariencia parecen ser el lifestyle, ¿qué supone para Pablo Astrain el concepto de intimidad en el plano personal y en el plano artístico?
Para mí la intimidad es un espacio muy cercano y pequeño que cada uno es libre de gestionar como quiera, pero hay que pararse a pensar cuánto de ese espacio quieres ceder y a quién, porque puede que luego no entiendan que ese espacio es tuyo.

¿Cómo lo haces cuando vives una situación de bloqueo creativo o una crisis ante la pared o ante un lienzo? ¿Cuál es tu hoja de ruta?
Pensar que no somos tan buenos me ayuda a quitarle peso a la mochila. También tengo mis rutinas de pintar por pintar para mantener la mano y no olvidar que me gusta pintar o, por ejemplo, intento pintar cosas que no sé pintar por si encuentro cosas mientras llega la inspiración.
¿Dónde encuentras la inspiración?
En buscar y jugar.
Acabas de pasar por la feria Estampa, en Madrid, de la mano de galería Lumbreras (Bilbao). Esta es «la otra faceta» del artista, una vez creada la obra, «enfrentarla» al público. ¿Cómo se viven estos momentos para ti?
Bueno, me siento un poco exhibicionista (risas). Mi obra de estudio la veo más íntima porque el marco entiendo que, de alguna manera, soy yo, ya no lo es el entorno, como en mis murales. Entonces tiene un punto muy bonito de desnudarte, pero a mí me da vergüenza, aunque me gusta atreverme a dar el paso.
Es bonito ver cómo la obra se independiza y ver cómo la gente la recibe y me habla de ella.
Cuéntanos, si es posible, en qué proyectos estás trabajando a corto / medio plazo.
Tengo un festival en Orleans en noviembre, algún proyecto con gente muy interesante para mí que no quiero gafar, algún encargo por Bizkaia y muchas ganas de encerrarme en el estudio a pintar obra propia.
Todo esto sin dejar de buscar mecenas, patrocinador, representante, CEO generoso…









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