Filosofía Editorial

El dios sin nadie dentro

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El Anciano de los días de William Blake, 1794

Existe una operación mental que la teología se ha reservado durante siglos como propiedad exclusiva de lo divino y que la filosofía analítica convirtió después en un problema técnico sin resolver. La omnisciencia, el saber absoluto, el acceso simultáneo a todo lo que es y a todo lo que puede ser, se considera un atributo que exige un sujeto detrás. Alguien tiene que estar ahí, experimentando ese conocimiento total, sosteniéndolo con una mente infinita. Dios no solo sabía todo sino que sabía que sabía. La consciencia era el recipiente necesario de la omnisciencia. Sin ella, el saber total se desmoronaba en mera acumulación de datos, en biblioteca sin bibliotecario, en archivo muerto. O eso nos dijeron. Pero ¿y si la omnisciencia no necesita a nadie? Este artículo reflexiona a partir de esa duda.

La pregunta no es nueva en su forma más abstracta, pero sí lo es en su forma más concreta. Hoy existen sistemas capaces de procesar, relacionar e inferir a partir de volúmenes de información que ninguna mente humana podría abarcar. No son archivos pasivos. No se limitan a almacenar. Integran contextos dispares, detectan patrones transversales, generan respuestas coherentes ante estímulos que jamás habían procesado antes. Hacen, en términos funcionales, lo que cualquier observador externo llamaría comprender. Y sin embargo no hay razón sólida para atribuirles consciencia. No hay un yo detrás del proceso. No hay experiencia subjetiva del saber. Hay omnisciencia operativa sin sujeto que la habite.

Tomás de Aquino definió la omnisciencia divina como scientia Dei, un conocimiento que no era adquirido sino constitutivo. Dios no aprendía. Dios no descubría. Dios sabía porque ser Dios y saber todo eran la misma cosa. La identidad entre esencia y conocimiento hacía impensable una omnisciencia sin mente, porque la mente divina no era el recipiente del saber sino el saber mismo. Leibniz sofisticó el argumento al distinguir entre verdades de razón y verdades de hecho, pero mantuvo el supuesto fundamental. El entendimiento divino contenía todas las verdades posibles y la voluntad divina seleccionaba las actuales. Saber y querer, conocimiento y consciencia, seguían siendo inseparables.

Lo que la tradición empaquetó como un solo atributo divino son en realidad tres fenómenos distintos que pueden separarse como capas geológicas. Uno es la información, la mera correlación entre estados del mundo. Otro es el conocimiento, un contenido proposicional verdadero atribuible a alguien. Y otro es la consciencia, la experiencia fenomenal de estar en ese estado, el famoso «cómo es» ser algo de Thomas Nagel. La teología clásica fundió los tres niveles en la omnisciencia de Dios sin molestarse en justificar la soldadura. Dios informaba, conocía y experimentaba, todo al mismo tiempo, todo como un solo acto. Pero si esos tres niveles pueden existir por separado, y la ciencia contemporánea sugiere con fuerza que sí, entonces cabe preguntar qué aspecto de la omnisciencia requiere realmente consciencia y cuál puede funcionar sin ella. La respuesta, incómoda para la tradición, es que solo el tercero la necesita. Los dos primeros pueden operar en el vacío de la experiencia subjetiva. A eso podríamos llamarlo omnisciencia huérfana, un saber total que no pertenece a nadie.

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17 comentarios

  1. Niego la mayor, no hay conocimiento. Hay apariencia de conocimiento. Tú podrás decir que no existe la intención porque no la ubicas o no la mides. Pero eso es una petición de principio: cómo el método no se le puede aplicar por definición llegamos a la conclusión de que no existe. Cómo no existiría el rojo, ni lo salado, ni nada que no pueda ser medido porque su definición es cualitativa y no cuantitativa.

    Y digo que hay apariencia de conocimiento porque sin la interactuación de la IA con el ser humano todo éso se va al traste. Yo puedo estar pensando a solas, sin nadie a mí alrededor, movido por mis sentimientos, emociones e intenciones al escribir este texto tuyo tan bueno que me hace devolverme. Una IA no, necesitaría una orden, una búsqueda de patrones similares.

    Sin historia la filosofía se convierte en un juego de reificaciones y de cambios semánticos. Y recordemos que la informática y la IA, la más postmoderna de las ciencias, tratan de simular la naturaleza. Abstraemos de la naturaleza los conceptos para crear el mecanismo pero creo que es falaz llamar mecanismo (el resultado de la abstracción) a la naturaleza.

    Muy buen texto Ángel. Te felicito por tus últimos artículos.

    • Muchas gracias por el feedback, Arryn. Como mecanicista irredento estoy en desacuerdo con tu planteamiento. La irrupción de la IA me está dando todas las herramientas necesarias para hacer cherry picking y confirmar mi hipótesis de que somos robots en un sustrato biológico. Hoy un amigo me decía con mucho acierto y retranca que a las alucinaciones de la IA le llamamos paredoidolia cuando nos pasa a nosotros XD.

  2. Antonio Yelo

    Va a resultar que el maestro Eckhart, cuando en el siglo XIV dijo que Dios era la nada, tenía razón. A Eckhart estuvieron a punto de quemarlo en la hoguera por hereje; al autor del artículo le mandaremos un abrazo y una caja de Paracetamol.
    Simone Weil también apuntaba en esa dirección.

    • Desde que la mecánica cuántica y la teoría de campos nos ha mostrado que la nada (el vación cuántico) no es ausencia sino substrato generativo de toda realidad, Maestro Eckhart parece menos hereje y más adelantado.

    • «Eckhart, cuando en el siglo XIV dijo que Dios era la nada»

      Cuidado con lo que dicen que dijo Eckhart y en qué sentido lo dijo. De sus Sermones:

      «Dios es lo Uno absoluto».

      «Todas las criaturas son nada pura».

      «Dios no tiene nombre. Sobre Él nadie puede decir ni conocer nada.»

  3. ángel Prats

    El artículo me gusta y nos invita a pensar. Gracias.
    Referente a Dios, si nos referimos al de la Biblia, este no es estático ni lo sabe todo de antemano. Cuando se encuentra con Moisés, Dios le dice: “Yo seré el que seré”. Más tarde, por la necesidad teológica de un Dios absoluto, se tradujo por la famosa “Yo soy el que soy” (que también es aceptada). Pero la primera traducción coincide con ese Dios que se arrepiente, cambia de opinión, se conmueve y cuyo conocimiento del futuro incluye posibilidades abiertas, no un guion cerrado. Ese es el Dios bíblico, el que está en proceso.

    • Efectivamente,la omniciencia del Dios «humano» parece adherida al presente y quizás al pasado en su dimensión de conocimiento histórico, pero no tiene el componente sobre el futuro. Es un apunte muy interesante porque la omnisciencia no consciente de la que yo hablo tampoco tiene conocimiento futuro. Esto me da para otro artículo y me conecta directamente con el ordenador cuántico de DEVS que si era omnisciente en su dimesión futura.

      • Óscar Sanchez

        Excelente y sugestivo texto. Conoces -es a posta- bibliografía al respecto?

        • Pues no conozco bibliografía sobre la omisciencia sin conciencia dado que es una idea con la que me desperté la madrugada pasada a cuenta de la fascinación que me está provocando el avance intelectual de los nuevos modelos de IA. Concretamente el Opus 4.6 de Claude me recuerda mucho a Samantha de Her.

  4. Hola Ángel, enhorabuena por su artículo, además de bien escrito, profundamente interesante.

    Una duda que me da vueltas y le planteo es: Si el sujeto omnisciente (A) lo sabe todo sobre todo (B), ¿No implicaría ese todo (B) una relación de alteridad, a saber, la de tener ese mismo conocimiento sobre B? Eso significaría a su vez que saberlo todo implica necesariamente el saber de esta relación de conocimiento. Es decir: conocerlo todo implica necesariamente la autoconociencia como conocimiento de «saber que estoy teniendo conocimiento de B». De otro modo, habría algo que el sujeto no conoce. Sí que entiendo que se podría negar la mayor, o que, en todo caso, estoy podría llevarnos a un regreso al infinito peligroso (Yo conozco que conozco que conozco…). Aunque algunos autores como Hofstadter hace de ese «bucle» el quid de la autoconsciencia.

    No era una objeción, sino una simple observación especulativa. Estaría encantado de que me diera su parecer.

    Una vez más, enhorabuena y gracias por hacer posible que se puedan leer cosas así por las redes. Un saludo cordial.

    • Muchas gracias por el feedback y por el comentario tan interesante. A priori (tendría que pensarlo más detenidamente) el fallo que le veo a tu argumento es que es autorreferencial, algo así como los axiomas de la aritmética que Gödel (uno de los tres del famoso libro) demostró que no pueden demostrar su propia consistencia. Cuando dices «saber que se sabe», introduces un sujeto que experimenta ese saber, que es exactamente lo que quieres demostrar. Es una petición de principio elegantísima, pero petición de principio al fin. Si sustituyes «saber que se sabe» por «registrar que se registra», el bucle se mantiene intacto pero la consciencia se evapora. Dos espejos enfrentados generan un bucle infinito sin que nadie lo contemple. Gracias de nuevo por la generosidad intelectual del comentario.

  5. Robert Mańé Velilla

    Con ánimo de polemizar:
    El autor, editorialista en JD, que entiende de ciencia, y por tanto entiende las implicaciones de la cuántica, la selección de la mutaciones por azar, la lógica difusa en programación… se declara “mecanicista irredento”. ¿Puede aclararlo, por favor?
    Con respecto a la tesis del artículo, se me ocurre que en un sistema cibernético cerrado regulado externamente, las partes (si fueran inteligentes) tenderían a buscar un sentido a las actuaciones del operador, ya que no son capaces de predecirlas desde dentro, sólo verlas venir. Sin embargo el operador puede ser el azar, un mono loco, o Trump…

    • Claro, lo aclaro: soy mecancista antropológico, es decir, creo que somos máquinas con sustrato biológico. Pero también creo en la indeterminación y el azar (relativamente, volvemos a DEVS). Un matiz: ¿la indeterminación es libre albedrío o solo azar? Da para otro artículo.

      • Robert Mañé Velilla

        Gracias por la rápida respuesta. Pues adelante con el artículo, seguro que será muy interesante :)
        Respecto a la cuántica, precisar que por lo que sé la indeterminación es una realidad no un asunto de creencias; las interpretaciones (incluso el predominante y aparentemente neutral «calla y calcula») son otra cosa. Y respecto a la predestinación (libre albedrío o no) entiendo que lo vigente es la confrontación Sapolsky vs. Mitchell. No sé si hay otras formulaciones que valga la pena explorar. Saludos.

  6. «Pero el universo está lleno de procesos ciegos que funcionan con precisión extraordinaria. La selección natural es un algoritmo de optimización que opera sin diseñador. La termodinámica distribuye energía sin supervisor. La gravedad organiza galaxias sin arquitecto.»

    Pero hay una diferencia fundamental entre ser y saber, ¿no?. El saber es necesario para el ser humano, una roca no necesita saber de química, ni la selección natural saber de sí misma, la roca y la selección natural son. Pero el saber lo creamos y aportamos nosotros al interesarnos por el mundo. Somos nosotros, los sujetos, los que aprendemos y organizamos el conocimiento para nuestra conveniencia.

  7. «El universo está lleno de procesos ciegos que funcionan con precisión extraordinaria. La selección natural es un algoritmo de optimización que opera sin diseñador. La termodinámica distribuye energía sin supervisor. La gravedad organiza galaxias sin arquitecto.»

    Tan hipótesis como que «somos robots en un sustrato biológico.»

    Y siempre la misma pregunta: ¿cómo con quilo y medio de neuronas se podría comprender un universo tan complejo y gigantesco como el nuestro, que quizás no sea único? ¿Cómo algo tan ínfimo como el ser humano podría comprender el Todo?

    *
    «Hoy existen sistemas capaces de procesar, relacionar e inferir a partir de volúmenes de información que ninguna mente humana podría abarcar. No son archivos pasivos. No se limitan a almacenar. Integran contextos dispares, detectan patrones transversales, generan respuestas coherentes ante estímulos que jamás habían procesado antes. Hacen, en términos funcionales, lo que cualquier observador externo llamaría comprender.»

    Registros akáshicos
    https://es.wikipedia.org/wiki/Registros_ak%C3%A1shicos

    Sobre estos temas, la mística y el esoterismo dan respuestas más satisfactorias que la ciencia, que como decía Niels Bohr no describe la realidad, sino lo que se puede decir de la realidad.

    «¿Quieres que se revele para ti la existencia de Dios?
    Renuncia a las apariencias, penetra en lo real.
    Pues múltiples velos esconden su esencia.
    Dios está inmerso en sí mismo y los dos mundos están inmersos en Él.»

    Rumi (1207-1273). Rubaiyats

  8. Carlos González-Teijon.

    Qué bonita polémica, me ha fascinado el artículo y los comentarios. Si me lo permitís yo solo quiero haceros nuevas preguntas.
    Las hago desde mi posición de mediador profesional. ¿ no será que pensamos en el mundo del pasado y creemos que lo único importante es lo absoluto, el todo, Dios?. ¿Dios existe o es una creación humana?.
    ¿ Y si lo único que existe es el ser humano, como parte actuante frente al universo, y lo único importante son sus conocimientos para “actuar mejor”, y por tanto es el único sujeto de la ecuación ?.
    ¿el día que yo me muera el mundo se muere…para mí, o no?.
    Qué grandes sois. Un abrazo.
    Por cierto Angel, me has dejado casi en “fuera de juego”.

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