
Cada vez que leo un artículo más o menos especializado, o que escucho en los medios de comunicación a escritores y analistas, siempre surge la frase de «estamos en tiempos muy convulsos, cambiantes, y cuando no, algunos hablan de catastróficos y apocalípticos». Y al leerlos o escucharlos me surge la siguiente pregunta: ¿Podemos analizar este tema?
Para ello quizá deba comenzar con otra pregunta, a la que entre todos podamos darle una respuesta tras las reflexiones de este artículo, ¿es posible describir la situación actual de la humanidad desde un punto de vista técnico, científico, o en el fondo solo podemos aportar meras opiniones?; aunque unas puedan parecer más fundadas que otras. Basado en conocimientos contrastados pretendo explicar que sí es posible, y por ello, deseable, que comencemos a analizar los problemas para solucionarlos de forma técnica, con salidas válidas para la gran mayoría.
Ya sabemos que los griegos clásicos nos dejaron claro que una cuestión eran los filódoxos, amantes de la opinión, y otra los filósofos, amantes de la sabiduría. Hoy, después de la aportación romana y ya fijado por la Ilustración, aceptamos que la Sabiduría es lo que llamamos Ciencia; es lo técnico, aquello que puede explicarse, comprobarse y demostrarse empíricamente.
Aunque los científicos, a día de hoy, aún no han fijado de forma inequívoca que es eso de razonar —aceptaremos como válido que es el acto por el cual adoptamos una decisión, o una composición de razonamientos complejos, en base a la mejor selección de los mayores y mejores conocimientos medianamente aceptados como tales—. Razona mejor el que mayores y mejores conocimientos aporta a su toma de decisión.
Partiendo de lo anterior, para saber cuáles son los tiempos actuales o dónde, mentalmente, está la humanidad en estos momentos quizá debamos primero ponernos de acuerdo, de forma técnica, ¿qué narices es esto de la humanidad? —Aceptamos comúnmente que es el conjunto de personas que componen la especie humana—. Por supuesto sin distinción de razas, naciones, etnias, estados, culturas o civilizaciones. Eso vendrá después, estas sabemos que es el conjunto de organizaciones sociales producto de ese desarrollo conflictivo del poblar la Tierra por esos seres humanos.
El primer conocimiento técnico, científico que debamos dejar claro como base de nuestra construcción mental, aunque presupongo que puede causar enormes detractores es: «Que el ser humano es un animal de grupo». No es como los tigres, que preñada la hembra, esta se las arregla para sacar adelante a la prole, o como las águilas, que lo hacen en pareja. Para sacar adelante a una cría humana se necesita al menos un grupo de, según los antropólogos, 16 a 25 miembros de esa tribu. Se ha de proteger a la futura madre embarazada, alimentarla antes y después del parto, facilitar la alimentación del recién nacido y una amplia, por pequeña que sea la tribu, distribución de las tareas comunes. Sostengo que es obvio que todo el desarrollo de un ser humano se produce en grupo. Con decisiones grupales, con criterios grupales y cultura general, grupal.
Decía que causaría polémica porque esto desdice una gran parte de la cultura actual basada en la defensa individual, la visión casi exclusiva desde el yo, y la defensa de individuos y de muy pequeñas minorías frente a la cultura general grupal. Ha de quedar claro que toda la vida humana se produce dentro de grupos sociales organizados, incluso para los que discrepan y se oponen a esa forma de organización. Lo que nace, se desarrolla y muere siempre es la visión general del grupo. A la que denominamos culturas o civilizaciones.
Aceptado que toda nuestra vida se desarrolla dentro del grupo social, hemos de analizar este para describir cómo se compone. Qué partes tiene: al frente del mismo siempre se sitúa el liderazgo. Este marca todo el devenir del grupo. Debajo de él hay una serie de miembros más destacados que los demás, por razón de fuerza física, poder económico o influencia social, a ellos le denominamos las élites. Cuando se desarrollan un poco los grupos surge inmediatamente una estructura de poder a cuyos miembros se les asignan una serie de poderes y competencias, la denominamos la jerarquía, y al final está todo el conjunto de individuos, a los que podemos llamar los gobernados. Cuando estos grupos sociales organizados eran meras familias o pequeñas tribus nómadas, el liderazgo lo ejercía el más fuerte, o los ancianos, o el simple macho alfa, que podía ser uno, o siete u ocho. Cuando hubo un mínimo de desarrollo comunicativo enseguida nació el brujo y el chamán. Este era el que comenzaba a aglutinar una serie de creencias, tradiciones y costumbres, que constituyó el ADN de ese grupo concreto, y que pasó a ejercer el liderazgo de la tribu, a este —si queréis— le denominamos «liderazgo cultural». Este liderazgo cultural es el ADN de todas las culturas y civilizaciones. En torno a él se construye y se rige todo el devenir social.
Esos distintos ADN, «liderazgos culturales», ya están muy estudiados por grandes y aceptados autores (Claude Lévi-Strauss, en Tristes trópicos y James George Frazer en La rama dorada), y además descritos con diosas femeninas desde el 100.000 al 12.000 AC. (Pepe Rodríguez en Dios nació mujer). Es desde ese 12 000 AC. cuando nacen los dioses masculinos y la construcción de los patriarcados. Todos los «liderazgos culturales» de la actualidad son posteriores a esa época. Todos con dioses o figuras masculinas y todos basados en costumbres patriarcales. Son todas las religiones e ideologías vigentes en la actualidad, las cuales dirigen, como grupos sociales organizados, todas las creencias, costumbres, ideas y conocimientos de las distintas culturas y civilizaciones que pueblan, hoy, el planeta Tierra.
Creado solo por la cultura helena, con su máximo representante, Aristóteles de Estagira (murió en el 322 AC.), surgió el análisis riguroso y contrastado de nuestro entorno y de nosotros mismos en relación con él, lo desarrollaron los romanos, al que dieron nombre (con el verbo scio), y fijado por la Ilustración, ya aceptamos que hay un conocimiento posterior a los brujos y chamanes, y a su visión literaria y mágica de la vida, es a la que denominamos ciencia, conocimientos científicos.
Estos conocimientos científicos ya se han extendido y han sido aceptados en todos los lugares geográficos del planeta y en todas las culturas y civilizaciones existentes, y han sido aplicados a casi todas las actividades humanas: obtención y conservación de alimentos, transportes, comunicaciones lejanas, medicina, construcción, y un largo etcétera. Pero a lo que aún no hemos sido capaces de aplicarlos es a la organización de los «grupos sociales organizados». Estos aún se siguen rigiendo por aquellas concepciones del mundo (léase a Wilhelm Dilthey, y su libro La concepción del mundo), que inventaron los distintos brujos y chamanes, con sus espíritus, dioses, leyendas y mitos.
A tenor de los razonamientos basados en los conocimientos anteriores, ya podemos estar cerca de dar una respuesta técnica, científica, a la pregunta inicial acerca de ¿cuál es el estado actual de la humanidad? Podría ser más o menos la siguiente:
La fase en la que se encuentra la humanidad, es en la que aún se siguen rigiendo los grupos sociales organizados —estados, naciones sin estado, etnias, agrupaciones de estados, grandes corporaciones y familias— por los viejos mitos, cada uno los suyos. Construimos la visión del mundo con ancestros mágicos, literarios costumbristas. Pugnando por defender e imponer cada uno el suyo. Aunque duden unos miembros más que otros de su vigencia o posibilidad de aplicación. Pero aún no hemos dado el salto a, igual que se hace en la agricultura, medicina o construcción, aplicar criterios técnicos y científicos para organizar la convivencia humana. Seguimos viviendo en nuestras cabezas con las antiguas tradiciones, costumbres, creencias, dioses y mitos. No utilizamos conocimientos técnicos contrastados para organizar nuestras sociedades, y convivir en equilibrio.
De estos conocimientos y razonamientos surge mi propuesta de respuesta por si alguien quiere firmar esa posible conclusión conmigo: ese es el estado en el que estamos en la actualidad todos los seres humanos hasta que comencemos a organizar nuestra vida social en común basados en conocimiento… Conocimiento, y más… Conocimiento…







