Cuenta Plinio el Viejo en el libro XXXV de su Historia Natural que en torno al año 400 antes de Cristo se enfrentaron en un certamen pictórico Zeuxis de Heraclea y Parrasio de Éfeso, los dos pintores más célebres de la Grecia clásica. Zeuxis presentó unas uvas pintadas tan realista que los pájaros bajaron a picotearlas. Convencido de haber ganado, le pidió a Parrasio que descorriera la cortina que cubría su obra y entonces… ¡sorpresa! descubrió que esa cortina era el propio cuadro de Parrasio. Zeuxis reconoció la derrota con una frase que quedó para la posterioridad: él había engañado a los pájaros pero Parrasio lo había engañado a él. La anécdota se considera el inicio de un debate con dos mil quinientos años de discusión sobre la mimesis, sobre qué significa que una imagen sea convincente, sobre quién valida el engaño, si el ojo ingenuo o el ojo entrenado. Y planteó, sin saberlo, el problema exacto al que la pintura contemporánea ha vuelto a asomarse en los últimos tres o cuatro años, cuando las redes generativas empezaron a producir imágenes que ningún pájaro ni ningún pintor podía ya distinguir de las hechas por una mano humana. Zeuxis venció en lo conductual, los pájaros le dieron la razón. Parrasio venció en lo epistémico, engañó al ojo que sabía mirar. La inteligencia artificial generativa, por primera vez en la historia, juega en los dos tableros a la vez.
A esa cuestión, que es de las pocas verdaderamente urgentes en el debate artístico del presente, le dedica MARTE Castellón la charla inaugural de su decimotercera edición, Los límites de la IA en la creación artística, con Mario Pena, de Safe Creative, la plataforma líder en registro de propiedad intelectual, y Alsino Skowronnek, artista que lleva años generando su propia IA y trabajando con ella como otros trabajan con el óleo o el grabado. La conversación abre la feria del 22 al 24 de mayo en el Auditorio de Castelló y marca el tono de una edición que, sin renunciar a la pintura, a la cerámica, a la figuración, a la escultura, ha decidido sentar en la primera mesa de su programa al elefante que ronda toda discusión seria sobre el arte del presente. Cómo se registra una obra que nadie ha pintado. Cómo se distingue una imagen autoral de una imagen estadística. Qué queda del artista cuando la máquina ya sabe imitarlo, y qué responsabilidad tiene la cortina que se pinta delante del cuadro para que ni los pájaros ni los pintores acierten a decir dónde acaba la representación y dónde empieza la simulación.
Es coherente que esta conversación se celebre precisamente en MARTE y no en otro sitio. La feria de Castellón es la única dedicada al arte contemporáneo de la Comunitat Valenciana, y en un país con la densidad institucional del nuestro eso no es un dato menor. Castellón no es Madrid, no es Barcelona, no es siquiera Valencia, lo cual significa que la feria ha tenido que construirse desde fuera de los circuitos hegemónicos del mercado español del arte, sin la red de seguridad que ofrecen las grandes capitales y sus coleccionistas instalados. Lo ha conseguido apoyándose en una idea sencilla y exigente, ser un punto de encuentro real, con entrada libre y gratuita, donde más de veinte galerías procedentes de toda la geografía española y con presencia internacional consolidada conviven durante tres días con el público que decida acercarse. Madrid, Valencia, Barcelona, Zaragoza, Castellón, Granada, Mallorca, Turín y Lisboa están este año en el Auditorio. Una feria pequeña en una ciudad media que ha aprendido a invitar bien.
Joan Feliu e Ignacio Tomás, codirectores del proyecto, hablan de MARTE como de un canal de comunicación donde el arte permite expresar realidades sociales, culturales y hasta políticas, y donde generaciones distintas y procedencias diversas encuentran puntos de diálogo. La fórmula suena institucional, y sin embargo cualquiera que haya pasado por una feria pequeña sabe que ese tipo de afirmaciones se cumple o no se cumple en función de detalles muy concretos, del tipo de galerías que se invitan, del tiempo que se concede a las conversaciones laterales, de si los artistas pueden estar presentes o se quedan en sus estudios mientras sus obras viajan solas. MARTE pertenece al primer grupo, al de las ferias donde algo ocurre, no solamente al de las ferias donde algo se vende. Esto se nota en la programación, que cada año añade capas en lugar de repetirse.

La sección internacional se ha reforzado este año de manera especialmente visible. Desde Lisboa, Braço Perna 44 lleva a Castellón la obra de Jorge Lopes y Miguel Ângelo Marques, representantes de la escena portuguesa más activa en pintura e instalación. Desde Turín, A Pick Gallery presenta a Mila Dobrevska, artista de origen búlgaro cuya propuesta visual dialoga con la tradición pictórica europea desde una óptica completamente contemporánea. Son dos presencias que sitúan a MARTE en un mapa que excede lo nacional, que tienden puentes hacia el sur portugués y el norte italiano, y que recuerdan que el arte contemporáneo español, contra cierta tentación provinciana que aún sobrevive, lleva décadas inscrito en conversaciones europeas que no necesitan pasar por las capitales para tener sentido.
El programa expositivo se extiende más allá del Auditorio. El Convent Espai d’Art de Vila-real acoge una exposición de colecciones que han participado en MARTE en ediciones anteriores, una manera elegante de hacer memoria del propio recorrido y de mostrar que las ferias no son solo presente, son también el sedimento de lo que han ido depositando. El MACVAC de Vilafamés presenta Fashion Art, una exposición del artista y modisto Manu Fernández que conecta indumentaria y pintura desde el cruce de oficios. La sección de residencias artísticas se ha ampliado con la indispensable residencia cerámica de l’Alcora Ceramic Res, que muestra obras de los residentes de 2025, Leticia Martínez, Andrés Izquierdo y Silvana Hurtado Dianderas. EME Residencia presenta a Héctor Mar, Enate llega con Sánchez Alexis y Paula Rello, y La Neomudéjar trae a Denislaw, Rafael Blasco Ciscar, Jacqueline Bonacic Doric y Trini Enegici. El MIAU de Fanzara presenta este año a David Moreno Terrón con el proyecto Escultura y renovación fallera, una propuesta que conecta arte urbano y tradición valenciana. El domingo se celebra como cada año el taller infantil gratuito de la mano de Inclusive, recordatorio de que el arte contemporáneo solamente se sostiene si se educa la mirada desde temprano.
Volvamos a Zeuxis y a Parrasio, entonces, porque hace falta. Aquel certamen del siglo V antes de Cristo no se resolvió, en realidad, con la victoria de uno sobre otro. Se resolvió con la inauguración de un debate que sigue abierto, el de qué es exactamente lo que una imagen le hace al ojo que la mira, qué clase de pacto se establece entre el que pinta y el que ve. Hoy ese debate se ha vuelto súbitamente apremiante porque ha aparecido un tercer agente, una máquina que pinta sin haber visto, que copia sin haber copiado, que produce uvas y cortinas con la misma eficacia y sin distinguir entre unas y otras. La pregunta de MARTE este año, la pregunta que Pena y Skowronnek van a tratar de iluminar la primera mañana de la feria, es si todavía cabe un Parrasio en este escenario, alguien que pinte la cortina con tal conocimiento del oficio que engañe incluso a la máquina. La pintura contemporánea española, esa que en los próximos días estará colgada en el Auditorio de Castelló, lleva años respondiendo a esa pregunta con obras concretas, con bastidores, con pigmentos, con manos que todavía deciden dónde va cada trazo. Quien pueda, que vaya. Quien dude de que la pintura sigue viva, que vaya también.








