Editorial

Maurici Lucena gastó 376.000 euros en una fiesta en Barcelona favoreciendo desproporcionadamente a Cataluña frente a Canarias

genoves
Los recuerdos se ordenan de Juan Genovés pintado en 1994 y la primera obra adquirida tras la creación de la Fundación Aena en 1995

El verdadero documento fundacional del Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana no es la convocatoria publicada en febrero de 2026 ni el acta del jurado presidido por Rosa Montero, sino un pliego de prescripciones técnicas firmado el 23 de octubre de 2025 por la Dirección de Sostenibilidad de Aena, donde la página nueve, apartado 4.2.1, decreta que el acto central «se celebrará previsiblemente en Barcelona, durante la primera semana de abril de 2026» y aclara que solo «en caso de que el contrato se prorrogue a ejercicios posteriores» la sede podrá viajar a Madrid o a otra ciudad española. Cualquier productora del país que aspirara a organizar el galardón literario más caro lanzado nunca por una sociedad cotizada española estaba obligada por contrato a montar la gala inaugural en la capital catalana, exactamente una semana antes de Sant Jordi y ocho días antes de la junta de accionistas que iba a votar la reelección del presidente y consejero delegado de Aena, Maurici Lucena, exportavoz socialista en el Parlament y delfín cultural de Salvador Illa. El plan estaba en marcha.

El contrato, identificado como CCA-1/2025, se adjudicó por novecientos mil euros sin IVA, un millón ochenta y nueve mil con IVA incluido, a La Tropa Produce SLL, productora madrileña fundada en 2014 por tres periodistas culturales reconvertidos en organizadores de los Premios Feroz. El detalle relevante es que La Tropa Produce fue la única empresa que se presentó al concurso, y que ofertó exactamente el precio base sin aplicar ninguna baja competitiva. El anuncio de formalización lo recoge con sequedad notarial: «Ofertas recibidas: 1». El misterio de la falta de competencia se disipa al leer el Anexo I del pliego, donde el presupuesto se desglosa en cuatro partidas y se especifica que las tres primeras, dirección técnica con 150.000 euros, equipo de preselección con 130.000 y jurado con 144.000, suman 424.000 euros que «no serán objeto de baja o descuento, y se adjudicarán a la totalidad por un importe fijo». El cincuenta y ocho por ciento del contrato estaba blindado contra la competencia. Solo los 476.000 euros restantes, agrupados en la partida 4 bajo la rúbrica organización del evento, plan de comunicación, distribución de libros y estatuilla artística, admitían oferta a la baja, y sobre esa única partida competitiva La Tropa Produce decidió que tampoco hacía falta competir. Difícil ganar una licitación contra uno mismo.

La fiesta del Museu Marítim, en sentido estricto, costó 226.000 euros de organización más 150.000 de plan de comunicación (de los que nos ofrecieron 600 € y amablemente desistimos), total 376.000 euros para cuatrocientos invitados, cena de gala bajo las bóvedas de las Drassanes Reials, mesas bautizadas con nombres de aeropuertos de la red Aena, performances en directo basadas en cada uno de los cinco libros finalistas, traducción simultánea inglés-español, streaming en doble plataforma con redundancia geográfica, microbuses para el traslado del jurado, escenario de cuarenta metros cuadrados que el pliego exige inclinado para que se vea desde todas las mesas, e invitaciones que pedían a los asistentes «elegancia relajada». Los presentadores fueron Josep Cuní, periodista histórico de TV3 y 8tv, y Martina Klein, modelo y presentadora bilingüe catalanoargentina, ambos cumplidores escrupulosos del requisito del pliego según el cual el speaker debía «contar con un nivel alto de inglés». Cerró la velada Salvador Illa con un discurso sobre la cultura como cimiento ante las bombas, lo que dado el contexto sonó menos a metáfora bélica que a previsión presupuestaria.

Los otros 524.000 euros del contrato, esos que el pliego blindó por escrito, son la verdadera nómina cultural sostenida por Aena. La página siete del pliego añade el detalle más revelador: Aena se reserva «el derecho de solicitar ajustes o modificaciones» sobre los perfiles propuestos para integrar el jurado «en función de criterios técnicos, institucionales o de idoneidad». Es decir, los nombres del jurado, antes de aparecer en cualquier nota de prensa, debían pasar por la aceptación expresa de la Dirección de Sostenibilidad de Aena. Cuando Lucena anunció en febrero que «el premio debía guiarse exclusivamente por criterios de excelencia literaria», el pliego que su propia dirección había firmado cuatro meses antes ya reservaba a Aena la última palabra sobre quién definía esa excelencia. Pilar Adón, Luis Alberto de Cuenca, Jorge Fernández Díaz, José Carlos Llop, Élmer Mendoza, Leila Guerriero, Jordi Amat y Karina Sainz Borgo aparecieron en los medios después de pasar el filtro institucional. Independencia editorial con visto bueno de la empresa pagadora.

El pliego no detalla el reparto interno de los 274.000 euros que las partidas 2 y 3 destinan a los honorarios fijos de preseleccionadores y jurado. Cabe asumir que no es ecuánime, que la presidencia del jurado de Rosa Montero cobra más que el resto, que los perfiles internacionales tienen tarifas diferenciadas y que algunos scouts mediáticos están mejor pagados que otros. Lo que sí consta es la magnitud agregada y el dimensionamiento mínimo: veinticinco personas, casi once mil euros de media por cabeza, en una tarea que consiste en leer libros y firmar actas. La cifra ayuda a comprender por qué el sistema literario español acogió el Premio Aena con una unanimidad poco habitual en el gremio. Los mismos críticos que se desuellan en los suplementos por un adjetivo coincidieron de pronto en lo oportuno, lo necesario y lo refrescante del nuevo galardón. La oportunidad, la necesidad y el refresco vienen, según el Anexo I, con honorarios fijos garantizados antes de la adjudicación.

Mientras se diseñaba la fiesta del Museu Marítim, la misma Aena seguía aportando 22.719 euros al año al copago del seguro de las 445 obras de arte que la Fundación Enaire le presta gratuitamente para decorar sus treinta y ocho aeropuertos. La cifra figura en la respuesta del Gobierno a una pregunta escrita del senador Aniceto Javier Armas González, de Coalición Canaria, formulada el 29 de marzo de 2026 y respondida el 30 de abril. Esas 445 obras están tasadas en cuarenta y cuatro millones cuarenta y ocho mil setecientos ochenta euros, el ochenta y cinco coma cincuenta y tres por ciento del valor total de la Colección Enaire. La prima anual del seguro de arte es de 45.438 euros y Aena reintegra exactamente la mitad. Cualquier museo privado que cediera 445 piezas valoradas en cuarenta y cuatro millones a una sociedad cotizada para decorar sus instalaciones cobraría entre el dos y el seis por ciento anual del valor tasado, entre 880.000 euros y 2,6 millones. Aena paga 22.719. La diferencia entre lo que pagaría un canon de mercado y lo que efectivamente abona la sociedad cotizada al patrimonio artístico colectivo es, redondeando, el coste íntegro de una fiesta en Barcelona organizada por una productora sin competidores.

En los aeropuertos canarios, donde Aena opera ocho terminales, hay 51 obras de la Colección. El archipiélago alberga el tres coma ocho por ciento de las piezas pese a tener el dieciocho por ciento de los aeropuertos de la red. La sostenibilidad social de Aena, esa que sus informes ESG y los pliegos de su Dirección de Sostenibilidad explican durante decenas de páginas con el vocabulario habitual de cohesión, inclusión y desarrollo equitativo, parece ejercerse con criterios geográficos selectivos. 376.000 euros para una cena con vistas a las Drassanes Reials la víspera de Sant Jordi. 22.719 euros para preservar los cuadros que cuelgan en El Hierro, La Gomera, Lanzarote y Fuerteventura. La aritmética del mecenazgo cultural del PSC, ejecutado con presupuesto de una empresa pública del Estado, deja en cada eurocéntimo una huella política. El resto, la prosa de las bases legales, los discursos sobre Hispanoamérica, las cinco performances en directo, la estatuilla artística por veinte mil euros y la elegancia relajada del dress code, es escenografía. La decisión estaba firmada por escrito el 23 de octubre de 2025 en la calle Peonías número doce de Madrid, planta de la Dirección de Innovación, Sostenibilidad y Experiencia Cliente. Lo demás llegó después, según el guion.

Nota del autor: Mirando el cuadro de Genovés no puedo evitar ver en la pintura unos ojos asombrados ante la magnitud de la factura del catering tras reordenar los recuerdos de este avergonzante Premio Aena.

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