Libros

El País, la historia que no te contó Cercas

Francisco de Goya y Lucientes Duelo a garrotazos 1

El 4 de mayo de 1976, en una España que ensayaba la palabra «democracia» con una combinación de valentía y pudor salió a la calle el primer número de El País. Medio siglo más tarde, el diario celebra su cumpleaños con la pompa que merecen las grandes efemérides, tres jornadas en Matadero Madrid, decenas de actividades, una exposición fotográfica comisariada por Marisa Flórez y, como colofón editorial, un libro que reconstruye esos cincuenta años desde la mirada de uno de sus autores más ilustres. Javier Cercas ha titulado su obra El periódico de la democracia, la firma Random House y llegó a los quioscos el 3 de mayo, justo la víspera, para que nadie se perdiese la coreografía del aniversario. El autor la describe sin rodeos como una historia personal del diario, y reivindica que durante décadas ha escrito contra la línea de la casa con entera libertad. En su corazón late una idea hermosa que conviene tomarse muy en serio, la de que la verdad de los hechos existe y la misión del periodismo consiste en contarla.

Desde esta revista pequeña, cooperativa y obstinadamente viva, queremos sumarnos a la fiesta. Lo decimos sin sarcasmo, que es un lujo que solo se permiten quienes no necesitan demostrar nada. Hemos leído El País casi cada mañana de nuestra vida adulta, admiramos a un buen número de sus profesionales y le debemos parte de la educación sentimental que nos trajo hasta aquí. De modo que feliz medio siglo, de corazón. Y precisamente porque celebramos con afecto, nos sentimos con derecho a señalar la guinda más curiosa de todo el pastel. La guinda, para nosotros, ha consistido en asistir a un ejercicio tan minucioso como simpático, el de la demolición ordenada de una revista diminuta a manos de su propia vecindad ilustrada a partir de un libro de uno de sus redactores lleno de falsedades.

Tomamos a Cercas por la palabra. Si la verdad de los hechos existe y la misión del periodismo estriba en contarla, entonces toda historia, incluso la más sincera, se construye también con lo que decide dejar fuera del encuadre. Una historia personal de El País es, por definición, la suya, la de un lector agradecido y un autor orgulloso, y no tiene por qué ser otra cosa. El problema de las memorias oficiales no está en lo que cuentan, sino en la suavidad con que alisan las arrugas del relato hasta que la fotografía queda perfecta para el salón. Quinientas y pico páginas dan para mucho, y aun así nunca dan para todo. Siempre queda fuera del marco la anécdota que no encajaba, el episodio que despeinaba la épica, el nombre que ya nadie recuerda porque salió por la puerta de atrás durante un expediente de regulación de empleo. Esa es exactamente la materia que a nosotros nos interesa.

Por eso abrimos un espacio para la otra historia, la que no cabía en el álbum familiar. No la escribiremos solos, porque sería tan endogámico como aquello que criticamos. Queremos que la escriban ustedes. Convocamos a lectores veteranos, a antiguos redactores y becarios, a corresponsales que volvieron de lejos con la maleta llena de relatos, a tipógrafos, fotógrafos, conserjes y telefonistas, a cualquiera que guarde en la memoria una escena de El País que no aparezca en el libro de Cercas. No buscamos rencor ni ajuste de cuentas, que de eso ya va sobrado el oficio. Buscamos lo contrario, la verdad menuda y verificable, la que sostiene los grandes relatos por debajo y que casi nunca llega a las efemérides porque no luce en el escenario de Matadero.

Las reglas son sencillas y las enunciamos sin letra pequeña. Aceptamos textos de entre dos mil y tres mil palabras, escritos con nombre y apellidos o, si las circunstancias lo aconsejan, con la firma que cada cual prefiera, siempre que la historia sea cierta y se sostenga sobre hechos comprobables. Nos interesa la anécdota documentada, la escena vivida, el episodio que el autor pueda defender ante quien se lo discuta. No nos sirve la difamación gratuita ni el folclore de barra de bar, que es precisamente el material con el que suelen levantarse los relatos ajenos que tanto nos han dolido. Y abonaremos trescientos euros por cada colaboración publicada.

Subrayamos esa última cifra con cierta delectación, lo confesamos. Trescientos euros por texto, pagados religiosamente, mediante factura y transferencia, a cualquiera que quiera contarnos su retazo de la historia que no contó Cercas. Lo decimos por si la noticia llega hasta cierto estudio de radio donde todavía se repite, con musiquita de fondo y mucho retintín, que en esta revista nunca cobró nadie. Pueden ustedes acercarse a la ventanilla cuando gusten. La caja está abierta y, contra el pronóstico de quienes nos enterraron, sigue teniendo fondos.

Hacemos esta invitación con el mejor de los ánimos y sin perder de vista lo que celebramos. El País ha sido, durante medio siglo, un actor decisivo de la vida española, y lo seguirá siendo cuando esta polémica se haya disuelto en el olvido al que la condena su propia pequeñez. Justamente por eso queremos el álbum completo y no solo las fotos que sobrevivieron al corte de Marisa Flórez. Las grandes cabeceras se honran mejor con la verdad entera que con la hagiografía, y un diario que cree de veras en que los hechos existen no debería temer las páginas que su cronista oficial dejó en blanco. Nosotros tampoco las tememos. Las pagamos.

Queda dicho, por tanto. Brindamos por los cincuenta años de El País con sincera admiración y con la única deslealtad de la que somos capaces, la de creernos aquello que el propio diario predica. Que la verdad de los hechos existe. Que contarla es el oficio. Y que, para sorpresa de quienes preguntan entre risitas si todavía existimos, aquí seguimos, dispuestos a escuchar la otra mitad del cuento y a pagar a quien tenga el valor de contárnosla.

Esperamos sus propuestas.

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13 comentarios

  1. Os mando propuesta.

    Gracias por la inciativa.

  2. Todas las alegres mañanas preuniversitarias, me hojeaba el pais en la cafetería donde simulaba ser adulto. Pronto descubrí un curioso patrón y lo convertí en un juego. En menos de 5 minutos era capaz, cada día, de encontrar la palabra Franco, o cualquiera de sus derivados, en alguna de las páginas de El País. No hubo excepción hasta que salí de la universidad, 1996. Eso es, digo yo, cerca de medio millar de veces sin excepción. Las teorías y discusiones de todo tipo que emanaban de mi descubrimiento particular cuando era compartido sí fueron variando con los años. Pero Franco siempre seguió ahí, consustancial a El País. Hace años que no hojeo periódicos sistemáticamente, pero si alguna vez cae uno en mis manos, no puedo evitar recorrer las páginas en diagonal buscando fantasmas. He debido perder perspicacia, porque a veces los fantasmas ya no aparecen. O al menos yo no los encuentro. Pero tantos años sin excepción son un prejuicio difícil de extirpar.

  3. A mí como me gustan los libros, raro que es uno, os recuerdo la anécdota de cuando cortaron la cabeza al crítico Ignacio Echevarría, luego albacea literario de Roberto Bolaño, por poner a parir en Babelia, El hijo del acordeonista de Bernado Atxaga, publicada a la sazón en Alfaguara. Seguro que alguien sabe más que yo del caso. Luego, ya del tema político, el romance entre Prisa y Albert Rivera, cortado de raíz con el regreso de Pedro a la secretaría del PSOE, seguro que también tiene alguna historia interesante.

  4. Qué pereza que haya tantísimo contenido del beef contra Verdú y todo lo derivado. Cuando alguien miente, se le desmiente de la mejor manera posible y a volar. Insistir por activa y por pasiva con lo mismo me suena muchísimo a pataleta con la que, aprovechando la magnitud de El País (el cual no leo salvo a un par de autores), tener un impulso mediático y/o económico. Al margen de que esto último pueda ser o no acertado, creo que tanto yo como otros tantos asiduos venimos buscando otro contenido, al margen de que nos interese individualmente o no.

    • Es comprensible lo que dices y nos hacemos cargo. Te animamos a que te saltes estos artículos que no dejan de ser una gota en el océano de artículos publicados y leas los que interesen.

      • Estoy en desacuerdo contigo (¡qué novedad!). Temas como este que tratas —tus antipatías, tus cuentas pendientes— constituyen en la revista lo que en Cataluña llamamos «el pal de paller». Este es un poste enterrado en la tierra hasta su tercera parte, en el que, circundándolo, se apoyan las gavillas de paja. El palo, el eje, suele ser rematado por una cacerola vieja que, cubriendo el extremo, impide su pudrición.
        Te diré que hace mucho que no leo El País; dejé de hacerlo, más o menos, cuando murió Alberto Schommer y comprendí que ya nunca me haría una foto para la portada de El Dominical. No es que este fuera mi sueño, ni mucho menos; solo que me hacía ilusión. Vengo a decir que saber mesurar cuando toca, es un símbolo de madurez. Ahora veo que te has puesto a imprimir carteles de «se busca», ofreces recompensas por trapos sucios de un competidor.
        Sinceramente: hay maneras mejores de fundirse el patrimonio —o de relanzar y mantener este panfleto que tanto amamos; igual un día te las comento—; hoy solo decirte que acaricio la posibilidad de imprimir un par de miles de pegatinas, no creo que necesite más. En ellas pondría algo por el estilo de: «Yo ya leía Jot Down antes de que el dire perdiera la cabeza». Letras blancas sobre fondo negro, la misma rotulación que la cabecera. La duda es la bola… no sé dónde ponerla, ¿a la derecha o a la izquierda?
        Saludos

  5. La primera grieta de mi fe El Pais (así, sin acento, como estuvo durante lustros) se produjo en abril de 1983. Llegué a Barcelona el mismo día que se publicó la primera edición impresa en la ciudad, el 6 de octubre. Desde entonces, lo leí cada día durante 7 u 8 años.
    Y en abril de 1983, Volver a empezar, de José Luis Garci, ganó el Óscar a las mejor película en lengua no inglesa. El titular del editorial fue: Un premio menor, para una película menor, de un director menor. El editorial, no la crítica de cine.
    No discutiré la calificación de la película o del director. Y supongo que el premio fue ganando en prestigio con los años, de manera que, cuando nominaron a Pedro Almodóvar en 1989, ya era algo más serio. No digamos en 2003, cuando Peeeedro y Penélope se incorporaron a nuestra memoria
    Pero nunca olvidaré lo que aquel editorial hizo que me preguntara.

  6. MacNaughton

    Cercas es el gran escritor de un regimen – si existe mejor palabra, que me lo digan – cuyos dos ex presidentes dicen que, a) las joyas que poseen tienen un valor de 30,000 cuando valen 1.3 millones, y b) otro que dice «el que pueda, que haga…»… este ultimo comentario, facilmente interpretable como llamada por un golpe de Estado…

    Estamos hablando de dos ex-presidentes de España y mira que son dos señores frivolos, tontos y despreciables…

    Hay un tercero cuyo nombre queda apuntado al lado de una monte de 6 cifras en una contabilidad ilegal, y un cuarto que se le dice «el hombre X» en referencia a los crimenes del GAL..

    Y sin embargo, los escritores de El Pais no parecen molestarse en serio, siguen diciendo lo mismo, que Franco era mucho peor…

    Ya sabemos que el Franquismo era un sistema brutal, violento, corrupto, y cruel, uno de los peores regimenes de la historia de Europa, pero no obstante, cuando alzamos la voz para protestar en contra la corrupcion sistematica del PP/PSOE – establishment español, dicen que somos unos podemitos o que seguimos ordenes de Caracas…

    Que los escritores de El Pais forman parte del sistema de corrupcion sistematica y repetida a lo largo de 40 años esta fuera de cualquier duda…

    Cercas es uno de los peores casos, de hecho, probablemente el peor…

  7. Samuel García

    A través de la radio supe de la historia del nacimiento de Jot Down. Me pareció fascinante cómo se gestó y también el perfil de la mujer que lo consiguió.
    En cuanto pude adquirí La bola. No me arrepiento de ello pero creo que se debió respetar la voluntad de la familia.
    Hay cierta parcialidad en la obra de Verdú o eso me parece aunque eso es sólo mi opinión.
    Me pareció muy acertado vuestro editorial y con todo el derecho, además. Estupendo el artículo sobre el cincuentenario de El País y el olvido de Cercas.
    En todo caso espero que Jot Down perdure mucho tiempo.

    Soy lector de El País desde 1976 y también de Cercas de quien poseo varias obras magníficas.
    También guardo con cariño mis ejemplares de vuestra revista de 2020

    Un abrazo.

    • Samuel, no es solo respetar a la familia. Es contar la verdad con fuentes primarias. El libro sobre como actuaba la fundadora no tiene ni un solo testimonio masculino que lo refrende. ¿No es un poco raro? Por no hablar que no puede ni defenderse.

  8. Samuel García

    Estoy de acuerdo. No hay nada más que añadir. Si acaso que de aquélla entrevista y posteriormente de la lectura del libro surgió mi apetencia por conocer la verdad…, contrastada.

  9. OpiniónSincronizada

    No entiendo la animadversión contra El País, si uno se olvida de catalogarlo como periódico y lo lee como si de un panfleto se tratase, cada ejemplar es una verdadera obra de arte.

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