Arte y Letras Literatura

Poesía visionaria en The Velvet Wire, de Anne Waldman, la última poeta beat, y No Land, poeta y artista visual neoyorquina

Anne Waldman y No Land
No Land (Nueva York, 1991) a la izquierda. Anne Waldman (Nueva York, 1945) a la derecha. Foto de Joshua.

Anne Waldman (Nueva York, 1945) es una de las poetas norteamericanas más importantes de la segunda mitad del siglo XX. Galardonada con el American Book Award y el Shelley Memorial Award de la Poetry Society of America, ha publicado más de sesenta libros de poesía y ha sido asociada con la segunda ola de la generación beat. Activista cultural, editora, profesora, incansable performer y embajadora global de la poesía, Waldman fundó en 1974 la Jack Kerouac School of Disembodied Poetics junto con Allen Ginsberg en la Universidad de Naropa. En español ha sido antologada en Beat Attitude. Antología de mujeres poetas de la generación beat (Bartleby, 2015) y en Para ser estrella a medianoche (Arrebato, 2021).

Waldman fue una de las artistas invitadas en el Festival Poetas, celebrado en Madrid entre el 20 y el 22 de noviembre de 2025. Además de la lectura de sus poemas, en el marco del festival se estrenó en España Outrider, el documental producido por Martin Scorsese que la poeta y directora Alystyre Julian ha rodado sobre la poesía radicalmente comprometida y experimental de la autora.

No Land (Nueva York, 1991) es poeta, fotógrafa, performer y artista multidisciplinar, y su trabajo prolonga la tradición de la contracultura neoyorquina. Sus pinturas, dibujos, obras fotoperiodísticas, películas y actuaciones poéticas junto a músicos denotan una devoción por lo sagrado y lo misterioso. No Land bebe del arte callejero de Occupy Wall Street, la Tribes Gallery de Steve Cannon y la comunidad de poetas outrider de Anne Waldman, además de incontables artistas, activistas, poetas y mayores de su ciudad. Como poeta ha actuado en el Whitney Museum, el Bunker de William Burroughs (Giorno Poetry Systems) y The Poetry Project. Su arte visual ha sido expuesto en numerosos museos, entre los que destaca Fotografiska Museum.

En octubre de 2025 se inauguró en New York Poets House una exposición dedicada al libro The Velvet Wire. Se trata del centro cultural más importante de Nueva York dedicado a la poesía, una extensa biblioteca y un espacio vivo de encuentro para escritores y amantes de la palabra.

En 1970 Angus MacLise, batería de The Velvet Underground, e Ira Cohen, poeta y fotógrafo, comenzaron en Katmandú una aventura editorial llamada Bardo Matrix Press, en la que publicaron, sobre papel de arroz hecho a mano, a algunos de los referentes de la literatura norteamericana del momento. Diane di Prima, Paul Bowles o Charles Henri Ford fueron algunos de los autores incluidos en su catálogo.

En 1974, los editores publicaron Way Out: A Poem in Discord, de Gregory Corso, uno de los referentes menos conocidos de la generación beat. Solo se imprimieron quinientos ejemplares del libro, considerado uno de los más oscuros del autor neoyorquino. El poema había sido escrito a principios de los cincuenta y llegó a los editores en Katmandú a través de Alan Zion, que había conservado los textos durante veinte años después de que Corso se los entregara en París.

Cincuenta años después, las neoyorquinas Anne Waldman y No Land rindieron homenaje a aquella edición con la publicación de The Velvet Wire, un libro que mezcla poesía, fotografía y arte visual. Solo hay treinta y tres ejemplares a la venta de esta colaboración especialísima, cuyo precio de mercado es de dos mil dólares. También existe la posibilidad de hojear el libro en la Biblioteca Pública de Nueva York y en los archivos de algunas universidades del país. No Land ha hecho versiones más asequibles de un libro que es, en sí mismo, una verdadera reliquia. Oliver Ray, miembro de la banda musical de Patti Smith, afirma que «The Velvet Wire es sagrado porque no está a la venta».

En él, dos autoras de edades muy distintas —Waldman tiene ochenta años, mientras que No Land tiene treinta y pocos— perpetúan la tradición beat en su versión más visionaria y experimental. Ambas son activistas de la poesía y símbolos de la resistencia cultural frente a la gentrificación, la deshumanización y la capitalización del arte. Ambas residen en Nueva York y colaboran desde 2012 en una serie de manifestaciones artísticas atravesadas por el activismo político y poético.

Anne Waldman y No Land se conocieron en la calle en 2012 e intercambiaron una flor y unas pocas palabras. Durante la década siguiente, las dos poetas han creado más de cuarenta obras colaborativas, tejiendo sus sensibilidades compartidas en los ámbitos de la poesía, el arte, el cine, la performance y el activismo. The Velvet Wire (2024) es una especie de relicario que contiene muchas de esas colaboraciones.

En The Velvet Wire, Waldman y No Land se escriben mensajes y se ofrecen poemas. No Land fotografía a Waldman y su arte visual ilumina una comprensión de los escritos cinéticos, delicados y empáticos de la poeta. La pareja se comunica a través de textos devocionales, extractos de los diarios de sus viajes y reflexiones sobre la misión de quien se dice poeta. Aparecen los espíritus de antiguos poetas y artistas, como Gregory Corso, Giordano Bruno, Bob Dylan, Percy Bysshe Shelley, María Sabina y otros. Como si hubiera sido compuesto a través del ojo de un taxi cinematográfico que avanza zumbando por las calles de Ciudad de México, Colorado y Nueva York, donde las poetas han trabajado juntas, The Velvet Wire abarca más de una década de imágenes y poesía.

Desde aquel primer encuentro, las artistas neoyorquinas han tejido una historia de proyectos compartidos y socialmente comprometidos que abarcan el cine, la fotografía, la poesía y la edición, además de impartir talleres de poesía a mujeres en el sistema penitenciario mexicano. Su unión no es solo un lazo afectivo, sino un motor de creación y cambio.

Para rastrear la esencia de la tradición poética que vive en las páginas de este libro, al que describen como mágico y humilde, hablamos con ambas artistas.

Para Anne Waldman, el voto del poeta apunta hoy hacia su propia capacidad en el mundo: contribuir a mantenerlo a salvo para la poesía, seguir estudiando y ayudar a que el mundo se despierte a sí mismo. Es, dice, un voto pacifista, aunque feroz, que no causa daño. Quiere seguir nutriéndose, celebrando y aprendiendo de la labor sutil de la poesía en el mundo, comprender cómo enfermamos sin poesía, hacer surgir el poema de la guerra y el sufrimiento. El poema documental, investigativo. El poema aislado. La madre hacia su hijo. Un poema de amor. Un canto fúnebre. Vivimos tiempos extremos. La flora y los animales padecen. Hay niños atrapados en una red cruel que mueren. La sangre fluye y desborda la tierra. La poesía, para Waldman, es testigo del apocalipsis.

Su poesía ha habitado desde hace tiempo la encrucijada entre la resistencia y el ritual, y The Velvet Wire encarna esa fuerza de la poesía como acto de resistencia a través de la textura, el color, la visión, la biblioteca, la alquimia y la telepatía de la mente poética. Waldman lo define como un bello objet d’art, afinado con los sentidos. También como un espacio de performance, movimiento y gestos; un lenguaje que exige atención y presencia para ser escuchado plenamente. El gesto en tinta, en pintura, en fotografía, habla de posibilidades antiguas y actuales. La cualidad de lo hecho a mano —arte y poesía— es intemporal. Poiesis significa «hacer». La textura del papel, la tinta, el recorte. Las herramientas de la imaginación y del zapatero. La comadrona, la feminista enardecida.

La idea de una tribu poética —colaborativa, intergeneracional y resistente— atraviesa desde hace décadas la obra de Waldman. Para ella, crear dentro de una comunidad de voces, especialmente en tiempos de crisis, significa formar parte de una especie de sangha de la mente y dejar registro de esa conciencia en tiempos de conflicto bajo el capitaloceno. Los linajes de los beats, de Black Mountain y de la New York School siguen palpitando. Nos necesitamos los unos a los otros, dice. También necesitamos más mujeres, más gestos de identidad queer. The Poetry Project continúa con su «mente salvaje» experimental desde hace más de sesenta años. La Universidad de Naropa y la Escuela Jack Kerouac de Poéticas Desencarnadas fueron fundadas hace medio siglo. Waldman aún se siente ligada a esas generaciones de poesía, a esa zona autónoma temporal que ayudó a fundar. Aprendemos del archivo.

En No Land, tanto la obra visual como la escrita parecen guiadas por una percepción oracular del mundo. En The Velvet Wire, la imagen dialoga con lo invisible a partir de una intuición: el impulso de crear o de trabajar nace de la sensación de que algo está oculto, secreto, pidiendo salir a la luz. Palabras, versos o visiones que se transcriben en formas artísticas aparecen como si ya colgaran en el éter. Crear es arrancarlos del espacio. O, a veces, dejarlos allí, donde están.

En un mundo cada vez más inundado de ruido y espectáculo, No Land concibe la poesía, especialmente aquella que entrelaza con imágenes, como una forma silenciosa de rebelión, una manera de preservar el misterio y la verdad. La poesía puede preservar lo que se ha llamado «el tiempo lento»: un espacio donde los sueños se acumulan y se derriten en nuestra vigilia. Dentro de la conciencia capitalista, ubicua y devoradora, esta otra manera de habitar el mundo se convierte en un tesoro cada vez más raro, una forma de mente que uno busca entre confidentes. De ahí nace el deseo de estar en comunión con otros poetas que también buscan ese otro modo de ser.

El poeta, para No Land, tal vez perciba todos los tiempos sucediendo a la vez. Las noticias o los estudios de compasión de una época pueden afectarlo; sin embargo, lo que persigue es una sensación de intemporalidad: preservar el acceso a otra relación con el tiempo. Se rechaza la idea de que el poeta «sabe» y se desliza, poroso, hacia un estado perpetuo de búsqueda.

Su paso por espacios como Occupy Wall Street y la Galería Tribes, así como su experiencia docente en la Escuela Kerouac de Poéticas Desencarnadas de la Universidad de Naropa, ha forjado también la manera en que mira el mundo y lo canta. No Land entiende esas zonas autónomas y efímeras —sean santuarios de protesta, celdas de literatura o monasterios de silencio— como manantiales que nutren alternativas a ese único sendero que el mundo impone. Son lugares donde el aire mismo vibra con otras frecuencias, donde florecen comunidades y lazos que son el eco de las verdades del corazón humano y el anhelo de la imaginación, de esas cosas que la sociedad nos enseña a olvidar.

Quienes cultivan esos espacios son, para ella, jardineros de un mundo diferente, un mundo donde soñar es un acto sagrado y práctico. Sus obras por la justicia y la paz, tan poderosas, a menudo son vistas como peligrosas por la cultura dominante. Existen en un halo de fragilidad y precariedad, que es la forma misma de una lucha sagrada. No Land escribe desde un rincón más espiritual, pero no habría encontrado su camino sin la existencia de esos refugios. Crear lugares como la Escuela Kerouac, como hicieron Anne Waldman, Ginsberg, Diane di Prima y Chögyam Trungpa, es un acto de pura generosidad, una ofrenda a los poetas que aún no han llegado. Para que, cuando aterricen en la nave espacial Tierra, encuentren un puerto al cual arribar.

The Velvet Wire explora la profunda conexión artística y personal entre Anne Waldman y No Land. Las artistas no son solo maestra y discípula: a veces se muestran como madre e hija, o como hermanas. A través de un simbolismo de hilos, cables y tejidos, el libro representa esta conexión como un acto de activismo sutil que desafía el individualismo de la sociedad y extiende el legado de Waldman, sus coetáneos —algunos de ellos ya desaparecidos— y sus antecesores.

En esencia, la obra actúa como un «canal» y un «archivo» para la creación artística «mente a mente», y su mayor regalo es una enseñanza sobre la fuerza mutua, encapsulada en la idea de que la conexión humana es el acto de resistencia más poderoso.

El origen de The Velvet Wire está ligado, para Waldman, al momento en que ella y No Land se conocieron en una manifestación en Nueva York. No Land le ofreció una rosa roja. Después pasaron tiempo en una estupa budista y viajaron juntas por México. El trabajo de No Land se volvió más musical. Waldman llegó a ver sus imágenes en un sueño.

No Land sitúa otra chispa del proyecto en plena pandemia, cuando M. C. Kinniburgh, de Granary Books, se acercó a Anne Waldman y a ella con la esperanza de publicar un documento intergeneracional de sus colaboraciones y de su relación. El libro adoptó muchas formas distintas. Al principio era un relicario destinado a archivar cada una de sus más de cuarenta colaboraciones en performance, cine-poema, obras de arte y fotografía. Sin embargo, The Velvet Wire acabó transformándose en algo más cercano a un poema visual y a una serie de textos devocionales entre ambas. El libro destaca el momento inicial de su misterioso encuentro en la calle, cuando intercambiaron una flor que marcó el inicio de toda su obra colaborativa. No Land confía en el espíritu divino que las condujo a la una hacia la otra. Auspicioso y fatal.

Anne Waldman y No Land
Exposición de obra visual de No Land. Galería Off Paradise. Octubre-Noviembre 2024. Autor: G. P Selvaggio

Ese vínculo entre ambas se despliega en el libro como un diálogo poético a través del tiempo y el espacio. Para Waldman, la obra es cinematográfica y circular. Los objetos tienen conciencia. El trabajo celular intergeneracional es poderoso y transformador. No hay control de poder ni autoridad absoluta. Lleva consigo la lucha por la humanidad en tiempos oscuros y también la tangibilidad de aquellos a quienes celebran. Reconocen la ternura y la vulnerabilidad en la auditoría poética, en el trabajo generativo de la chamana Sabina. La juventud de Shelley es un toque de clarín. Bruno es un guía de investigación, un alquimista. El libro de Thel, de Blake, así como la visión del No-Nato a través de su libro Voice’s Daughter of a Heart Yet to Be Born, son una inspiración para las dos. Waldman lleva a Thel hacia la vida y la experiencia, pero ella también es maestra de los mundos sombríos de la inocencia.

No Land describe esa voz compartida como una mezcla en movimiento. Ambas hablan a la obra de la otra y la habitan, referencian poemas antiguos y nuevos en la misma frase. La obra sigue componiéndose como un collage, superponiéndose, volviéndose devocional. The Velvet Wire cubre un amplio rango de sus voces: poemas, cartas, rimas, correos nocturnos en los que Waldman anima a No Land a practicar su voto de bodhisattva y al día siguiente le pregunta si ya ha comido; también cantos y correspondencia poética en los que hablan en código y mediante telepatías. Es esa amplitud de modos lo que señala qué significa ser poeta en el Nueva York del siglo XXI, donde hay que sobrevivir a las realidades y, al mismo tiempo, preservar la propia identidad poética. Su relación se profundiza como colaboradoras cuanto más crean, y actualmente trabajan en una versión cinematográfica de The Velvet Wire.

En torno al libro flotan también los espíritus de sus ancestros poéticos: Corso, Sabina, Shelley, Bruno. Para Waldman, la experiencia es la manera en que miran hacia atrás. Pueden escribirse cartas. Están sostenidas por una editorial de poesía dedicada, Granary, con su trabajo artesanal. La telepatía señala la ubicación del corazón mientras miran al cielo. Ven la Vía Láctea y los senderos más hondos hacia la liberación. Se dejan atrapar en la visión outrider como si fuera una película, una continuidad. Realizan rituales nocturnos con sus amigos.

A No Land le gusta recordar que no somos espíritus aislados, confinados por los límites del cuerpo, sino seres tejidos por las respiraciones, trayectorias, linajes y visiones de otros. María Sabina, que inspiró el célebre Fast Speaking Woman, de Anne Waldman, es una de las ancestras a quienes rinden tributo. The Velvet Wire evoca su canto: «santo santo», mientras rezaba junto a la ventana. El verso de Waldman «flowers that clean as I go» recoge ese sentir de Sabina: que toda la creación nos guía. Los linajes poéticos son como ríos tributarios: descienden, bifurcándose, hasta alcanzar a poetas aún no nacidos. No Land piensa también en el diminuto libro Way Out, de Corso, editado por Bardo Matrix. Lo encontró, casi oculto, en un estante de la biblioteca del archivo de Oliver Ray. Era muy pequeño y, sin embargo, saltó hacia ella, la reclamó. Los misterios se manifiestan así.

Anne Waldman y No Land

se alza el sonido, hija de la voz de Dios, palabra
y emociones que dicen: aquí, estás aquí
laringe construyéndose
estáte por todo, hija que importuna a la noche
(Anne waldman)

poetas de una estirpe. En el cráneo florecen estos hilos tensados
por todo el planeta, tan repletos, que la perla saturada no podía aceptar
ni un solo poema más pero los neoyorquinos siguieron llegando, se alzaban desde el mar
y desde el cemento; se pasaban notas, llaves, el sonido de los pergaminos. Lanzamos
Llamada & Voto a poetas desaparecidos y presentes, plagios translúcidos
anotaciones de estos planos; el acto del parentesco un andar urbano, en el que unx
es llevadx por su propia voluntad hasta sus ancestros
(No Land)

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*