
Drama lésbico. Romance homosexual. Despertar lésbico. Mirada masculina/femenina (male/female gaze). Feminismo. Amor femenino. Deseo femenino. Solo mujeres. Mujeres solas.
Podríamos estar enumerando categorías de Wattpad, de webs pornográficas pensadas para aliviar a los clientes más sensibles y sensibilizados con los fastos del 8 de marzo y el 28 de junio o todo lo contrario. Podrían ser términos de la lista de palabras censuradas por y en el gobierno de Donald Trump, o las búsquedas recurrentes en Google de Hazte Oír y Abogados Cristianos para apretar los puñitos muy fuerte y pregonar el fin de las familias heteronormativas ultraconservadoras, esto es, el apocalipsis.
Y, bueno, vale, sí, puede que no poco de lo anterior sea cierto, pero también son las expresiones más repetidas en las críticas y reseñas internacionales de Retrato de una mujer en llamas, la película de 2019 dirigida y escrita por Céline Sciamma.
Es comprensible. Es fácil (y cómodo) responder a la fastidiosa pregunta «¿de qué va?» resaltando lo evidente. Sobre todo, si ello se va a canjear en clics: por remarcar temas que puedan generar morbo (aunque vaya frontalmente en contra de la representación del deseo en el largometraje); por conjurar esas palabras que, de tanto repetirlas, todos creemos saber qué dicen; para remarcar que es por la aparición de esos factores por lo que la película está, para ellos, mal. A veces es incluso preferible en comparación con otros resúmenes, como el de Oti Rodríguez Marchante en ABC: «Por ambición estética y por fondo de armario podría ser este Retrato… una versión sin erección de Call me by your name». Nulla dies sine hacer girar todo alrededor de los falos.
Frustraciones personales aparte, hablar de mujeres, de relaciones lésbicas y de mirada femenina está genial. Más aún cuando la misma Sciamma reconoce que «el filme puede verse como un manifiesto de la female gaze», que esta es la trama y el hilo conductor de cada escena y cada plano. Pero dice, también, que se trata de cine, además de política.
El peligro más obvio de enunciar estos temas como meros conceptos abstractos es que retroalimenta la idea de un producto de nicho («cine de mujeres», «cine LGTBIQ+», «cine feminista»), es decir, una obra incapaz de establecer diálogos con el resto de creaciones por no considerarse parte de «lo universal». Muy recomendado, por ilustrativo, el vídeo de la artista visual Rocío Quillahuaman subido a Instagram el 12 de marzo, en colaboración con Filmin, titulado «Cine de mujeres».
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Muy bueno el texto, y una maravilla de película que merece un segundo visionado.
Magnífico artículo para una gran película.