
El explorador Abbadie levantó un castillo tintinesco en la costa de Hendaya, repleto de tesoros africanos y mensajes enigmáticos en los catorce idiomas que hablaba. Un hueco atraviesa las paredes del castillo y la biografía entera de Abbadie, un hueco acompañado por un lema: «No vi nada, no aprendí nada».
El porteador Bitawligne subía la montaña canturreando lamentos: ¡Ay, pobre de mí! ¡Mi patrón camina hacia las nubes! ¡Ay, madre mía, acaso me pariste para que yo caminara hacia las nubes!
Era el 13 de mayo de 1848 y los demás porteadores se habían plantado unas horas antes, asustados por la nieve, en el borde de los precipicios de esa montaña altísima a la que nadie subía jamás: era el territorio de los espíritus. En la cima se adquirían conocimientos poderosos pero el acceso estaba prohibido a los humanos. Bitawgline seguía, qué remedio, al Abba Diya, al padre del caballo blanco, hombre sabio, brujo europeo. Al Abba lo recibían en las cortes abisinias, le pedían bendiciones y trucos de magia, le pedían que adivinara el futuro, que hiciera de embajador para llevar a las hijas de los reyes a casarse con los hijos de reyes enemigos, le regalaban esclavos para sus expediciones misteriosas por el país.
El Abba Diya era Antoine d’Abbadie, explorador, cartógrafo, físico, astrónomo, etnógrafo, lingüista, nacido en Dublín en 1810, de madre irlandesa y padre vascofrancés. Y sí: perseguía un conocimiento que solo podía obtenerse en la cumbre del monte Bwahit.
Pero ese conocimiento le fue prohibido. Las nubes le impedían ver nada, ningún otro punto en las montañas, ningún horizonte para hacer sus triangulaciones y seguir cartografiando la cordillera etíope del Simen. Con una bruma tan espesa, el sextante y el teodolito que había acarreado Bitawgline hasta la cumbre no servían de nada. Abbadie le ordenó que encendiera un fuego y pusiera un cazo de agua a calentar. Luego sacó el hipsómetro de su estuche: un termómetro especial para sumergirlo en agua hirviente. El agua hirvió a 85,5 grados, así que Abbadie dedujo que la cima del Bwahit alcanzaba los 4 600 metros. En realidad mide 4 437 metros y es la tercera montaña más alta de Etiopía. Dos días después Abbadie escaló el techo del país: el pico Ras Dejen, a 4 553 metros. Se entusiasmó. No por ningún afán deportivo: simplemente, en el monte más alto de Etiopía, esa tarde, no había tantas nubes. Pudo medir un tour d’horizon casi completo, una panorámica en la que determinó varios puntos lejanos con sus alturas.
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Muy interesante artículo, no conocía al personaje en cuestión. Trae a la memoria otros tiempos de expediciones sin tomtom ni tripadvisors :) ¿Sabes si están disponibles esos mapas de Abisinia que trazó?
No conocía a este hombre. Muy interesante artículo y personaje.
Excelente artículo, me ha encantado. Muchísimas gracias. El pasado curso escolar tuve ocasión de conocer el que en su día fue el hogar de Monsieur Abbadie. La visita, condicionada por la correcta guía, tan obligada por la veintena de chiquillos, como por los tiempos establecidos a cada grupo. No impidió a ninguno de los adultos allí presentes, hacerse una idea de la vida e inquietudes que pudieron rodear a este personaje. Recomendable para aquellos que vayan a visitar el Chateaux de L’Abaddie, acompañarse de su artículo, que les ayudará a comprender, disfrutar y hacerse una mejor idea de lo que allí van a ver. Son extraordinarias las vistas al mar Cantábrico, al acantilado, y las noches de verano por el manto de estrellas que cubren al castillo.
El primer europeo que conoció las fuentes del Nilo azul fuel el manchego Pedro Páez en el siglo XVII. Ahí lo pone: https://es.m.wikipedia.org/wiki/Río_Nilo_Azul#Exploraci.C3.B3n_europea
https://es.m.wikipedia.org/wiki/Pedro_Páez
Estoy totalmente de acuerdo con las opiniones de Abbadie acerca de la determinación del origen de un río (sobre todo cuando está muy ramificado en su cabecera), así como acerca de los British.
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¿»…monjes protestantes…»?
Siempre me sorprendes Ande Izagirre. Fascinante personaje y fascinante relato.
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Para visitar «le Chateau», me hacía falta tu extraordinario relato y ahora ya lo tengo.
Merci beaucoup
Interesantísimo artículo. Muchas gracias. Aquí otra traducción para el comienzo del poema de Schiller «Sprüche des Konfuzius» (Proverbios o dichos de Confucio): Triple es el paso del tiempo: / vacilando se acerca el futuro, / veloz como una flecha huye el presente, / inmóvil para siempre permanece el pasado.
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