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Binnie Willie Mae Thornton (Alabama, 1926), más conocida como Big Mama, ladeaba la cara y la boca al cantar como un lobo que desgarra con los colmillos la carne de su presa. Estiraba las palabras hasta arrancarlas de cuajo y engullirlas. Big Mama no componía, improvisaba. Por eso, sus letras, sexualmente explícitas, abrasaban como si acabara de retirarlas del fuego —«Me llaman Big Mama porque peso ciento cuarenta kilos, los puedo mover y los puedo menear, y puedo darte lo tuyo, alegrarte por la mañana si me llevas a casa contigo», recitaba en «They Call Me Big Mama»—. Ahora se la considera una de las grandes figuras del blues y la sitúan a la altura de la también cantante americana Bessie Smith, aunque jamás llegó a alcanzar la fama de esta. Murió de un ataque al corazón, sola, arruinada y borracha, en su apartamento de Los Ángeles en 1984. No sin antes dejar uno de los legados más importantes para la historia de la música: «Hound Dog», escrita para ella en 1953, y que cantaría Elvis Presley en 1956 con las piernas sueltas como dos cordones desatados de una zapatilla, y «Ball and Chain» (1967), el tema que Janis Joplin versionó y que la encumbró como artista.
La sociedad americana que la vio nacer estaba marcada por una fuerte depresión económica y por el racismo —el Ku Klux Klan era especialmente poderoso en esta época—. Thornton vino al mundo en la pequeña localidad de Ariton, aunque años más tarde diría que fue en Montgomery, un lugar más conocido para aquellos que no eran de Alabama. El sur de Estados Unidos de aquel momento era rural, sucio y mísero. Así lo describía el periodista James Agee en Elogiemos ahora a hombres famosos (1941), el relato de las vidas de tres familias de campesinos blancos pobres de una aldea de Alabama en los años treinta. La voz de Big Mama no desentonaba con aquella comunidad en la que creció, era áspera como un estropajo de aluminio: «Demasiado para la gente del norte», decía Bessie Smith. Además de ruda y obesa, su piel era «de aquel negro de hollín que ninguna luz puede hacer brillar», como retrataba Agee a los campesinos negros en su libro, «y con el que los dientes son azules y los globos de los ojos dorados».
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Debo decir que la lectura me ha parecido tan corta… En verdad que gran voz de Big Mama, nítida y clara, que no tiene nada que ver con la profundidad de las letras que interpretaba, que gran presencia en el escenario. Es una pena que no goce de cabal reconocimiento. Gracias Nohemi por esta gran historia.
Gracias por el documentado artículo. Me encanta la delicada y deliciosa manera que tienes de escribir.
Por eso de “Darle al Cesar lo que es del Cesar…” permíteme que te comente que, Ethel Waters no fue la autora de “Am I Blue?”, sino, Harry Akst, un compositor que no es demasiado conocido – como tu protagonista – pero posee un ramillete de buenos temas que nunca han dejado de interpretarse y de escucharse, como “Dinah”. La letra la escribió, Grant Clarke.
Hola, Luis
Gracias por el apunte sobre Harry Akst, lo desconocía, la verdad. Con autora me refería más a intérprete que a compositora.
Muchísimas gracias por leer; escucharé canciones de Akst :)
Que armónica por Dios!!!
Que en vez de dedicarse al Gospel, se inclinara por el Blues, teniéndo los orígenes que tenía siempre será un regalo; con todo mi respeto para el Gospel por supuesto; porque escucharla es alucinante…el embrujo del Blues…
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Me ha encantado este artículo, está exquisitamente redactado. Gracias Noemí por recordar a esta gran mujer y artísta con mayúsculas.
Enorme artículo… Mil gracias!
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