
Son algo más de las ocho de la mañana en Port Lligat, Girona. Tres coraleros deciden dónde ir a faenar en un día cualquiera del periodo legal de extracción del coral rojo (Corallium rubrum) en esta zona del Mediterráneo. Es una decisión difícil, porque las mejores zonas del lugar en el que están (el Parque Natural de Cap de Creus) son escasas y expuestas a los cambios de humor del tiempo: vientos de tramontana, giros borrascosos impredecibles… Han de arriesgarse. Parece que la tramontana, el temido viento del norte que barre la costa y azota esa zona con especial intensidad, no va a entrar hasta la tarde, por lo que deciden ir al lado de Farallons, un lugar expuesto. Ya situados, no bajarán mucho, la piedra donde se halla el preciado animal está entre treinta y cinco y cincuenta metros de profundidad. Aunque algunos coraleros bajen entre ochenta y ciento sesenta metros, la mayor parte no suelen bajar a más de sesenta metros en este lugar. Puedo dar fe de que en esta zona hay coral a partir de los quince metros. Los coraleros de la Costa Brava saben que, si nadie ha faenado durante los últimos cuatro años en esa piedra de Farallons (cosa cada vez menos probable debido a la feroz competencia entre legales e ilegales por explotar las «manchas» de coral) no hará falta bajar más para poder extraer lo suficiente y hacer rentable su incursión hacia el fondo.
En otro lugar, las costas del Alghero al norte de Cerdeña, la visión es un tanto diferente. Tres coraleros se preparan para bajar, pero aquí el coral no se pesca legalmente a menos de ochenta metros de profundidad. Es la norma, la ley impone unos rangos batimétricos muy superiores a los de la Costa Brava y otros lugares del Mediterráneo «Aquí el coral rojo se encuentra en abundancia entre los noventa y ciento diez metros de profundidad» dicen Massimo Scarpati y Massimo Ciliberto, profesionales con la espalda muy curtida en la recolección de coral en las costas de su región. Las poblaciones de este animal ahí, cerca de Capo Caccia y en la zona de las Bocas de Bonifacio son bastante distintas a las encontradas en el Cap de Creus. El coral es algo más disperso, pero las piezas son de tamaño muy superior. Sin embargo, en todos y cada uno de los lugares donde se hace o se ha hecho coral el sentimiento es el mismo: «La fiebre del coral, del oro rojo, no cesa, al revés, aumenta a medida que conoces más la profesión» comenta un coralero que toda la vida ha buscado coral a lo largo y ancho del Mediterráneo. Es como un picor, como algo que se transforma en necesidad, en ansia. Encontrar la rama más grande, la rama perfecta, de bella forma que permita hacer ese collar, estatua o adorno para un joyero que tanto ansían los que lo tratan. Un negocio rentable, en el que se mueven a nivel mundial contando todos los tipos de coral precioso, unos quinientos millones de euros cada año.
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Pingback: ¿A quién le importa el coral rojo?
Pues a nadie, ya lo está usted viendo…
Solo quería decir que me parece muy interesante, a la vez que sumamente alarmante
A todos debería de importarles, también son seres vivientes e indefensos, hagamos conciencia de lo que estamos haciendo. Cada quien esta en este mundo con algún propósito comencemos con cuidar este planeta en cuidar su flora y su fauna. Esto incluye a todos a nosotros con no arrojar basura en estos paisajes tan bellos y también en no seguir molestando a estas y muchas otras criaturas. También esto va para las grandes empresas que siguen en construir y construir sin importantes destruir el hábitat natural de estos seres vivos. Detengámonos a pensar que sera de la vida de nuestros hijos y nietos si nosotros como seres humanos seguimos así…
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A mí me importa, me fascina y me encanta el coral. Creo que se debe proteger, que se deben dejar reposar los caladeros y que se deben organizar las capturas para que no desaparezca, mientras tanto, debemos reciclar y reutilizar el que ya está fuera del mar.
Busco y encuentro coral en ferias, mercadillos y ventas en línea.
No quiero que pase como con el marfil y que prohíban su venta. Los elefantes se mueren de viejos o en las capturas de cacerías autorizadas, y es estúpido no aprovechar sus colmillos. Castigar el furtivismo sí, pero no poder vender objetos que ya están en uso no es lógico.
Gracias por el artículo.