
Viene de la primera parte.
Quiso la casualidad que, mientras se producía el sitio de Wounded Knee —un grupo de nativos americanos cercados por la policía y el ejército—, se celebrara la 45 edición de los Premios Óscar. Marlon Brando había sido premiado por su papel de Vito Corleone en El Padrino. Una película, un actor y una actuación a los que se les han dedicado todos los superlativos habidos y por haber. Pero Brando no quiso recoger el premio en protesta por el tratamiento de los indios en la televisión y en el cine y de paso por el asedio de Wounded Knee. En su lugar había enviado a Sacheen Littlefeather, «Pequeña Pluma», de madre blanca y padre apache, una activista pro derechos de los indios y aspirante a actriz. Tenía delante a ochenta y cinco millones de espectadores viendo la gala por televisión.
En principio iba a leer un texto que le había dado Brando, pero el director de la gala, Howard W. Koch, le advirtió que su discurso no durara más de un minuto, o haría que la arrestasen. La activista salió al escenario y rechazó la estatuilla que le ofrecía un desconcertado Roger Moore, y pronunció unas palabras explicando que no podía leer el discurso de Brando porque no había tiempo, pero que el galardonado no se había presentado en protesta y para llamar la atención por el trato que recibían los indios en la industria cinematográfica.
A Littlefeather, cuyo nombre verdadero era María Cruz, todavía la odian. Recientemente, el locutor Dennis Miller, que viene del Saturday Night Live y es de derechas, se mofó de que la candidata demócrata al Senado Elizabeth Miller declarara que tenía ascendencia cherokee, diciendo: «Es tan india como la tía buena stripper que mandó Brando a recoger su Óscar por El Padrino».
Pequeña Pluma tampoco es que hiciera mucho para eludir los chistes a su costa, dos meses después de la gala de los Óscar apareció desnuda en Playboy. Una decisión de la que se arrepentiría, pero que ahí quedó para siempre. Como nota curiosa, dijo en una entrevista años después que tras el follón se había ido a Europa a ver «de dónde venía el hombre blanco», ya que «¿no hacen ellos turismo por nuestras reservas?». El viaje la llevó a Madrid, donde probó los buñuelos y, sorprendida, declaró: «El pan indio viene a ser exactamente lo mismo… lo tomamos de los españoles».
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Pingback: El papel, o papelón, de los indios en el cine ( y II): lavando la conciencia
Muy buen artículo. La historia se repite una y otra vez en el mundo: Mesoamérica, las tierras de África, todo con la bendición de un dios por cierto, muy parcial… El cine como posición política con sus banderas ha influído, muy claro, en la psiqué de los buenos americanos del Norte del continente, en este caso de tu texto.
Muchas gracias por el artículo.
He visto ese documental que mencionas, Reel Injun, 56 minutos recomendables. Supongo que cada bando cometió sus barbaridades como suele ocurrir en estos casos, pero es innegable que casi arrasan una cultura y su riqueza, aunque lo mismo me quedo corto con el casi.
Saludos
Lo que más mola es que luego la leyenda negra la tenemos los españoles…..
Más que los españoles, los castellanos, que conquistaron, entre otras tierras, lo que es el Pais Vasco-Navarro; históricamente cierto.
No sé si te han contado algo de que los primeros pobladores de Castilla eran vascos…
Y los castellanos que invadieron Navarra eran vascos (Ignacio de Loyola, por ejemplo) al servicio de la Corona de Castilla.
Y castellanos en América eran, sobre todo, andaluces y extremeños…
Vamos, que no te cuentes una película de buenos y malos (o de indios y vaqueros)
Dios tiene un sentido del humor de lo más curioso. Se le aparece a unos pocos de los humanos y deja a otros sin información de su divina presencia, a su suerte, como paganos, para que los primeros los sometan, aniquilen, expolien, evangelicen, o lo que se les ocurra en Su nombre. Y todavía hay gente que se cree los cuentos de la biblia….
Echo en falta, entre las películas nombradas, la de HOMBRE, protagonizada por Paul Newman… En los minutos finales de la misma, sí que se hace una auténtica autocrítica del tema indio, y hay una conversación de las de Oscar.
Parece mentira que se pueda encontrar a veces un trato más justo a los indígenas en subproductos que en películas de calidad.
Un ejemplo: en la sere de TV «Walker».
Sí, la de Chuck Norris. Independientemente de la calidad de la misma, los que hayáis visto los capítulos en los que el protagonista, mestizo de indio y blanca, nos muestra el modo de vida de sus parientes, están contados con un tacto y un respeto que aún me asombra viniendo de quien viene, oigan.
Me quedo con la autocrítica que hizo creo que fue Bruce Willis: el genocidio indio norteamericano fue mayor en número y más rápido que el de los judíos en la II Guerra Mundial.
Al hilo de la cinematografía del western.
Es evidente que cada quién tiene sus baremos en función de parámetros distintos. Por más que se quieran mirar objetivamente, siempre afloran cuestiones subjetivas. En mi caso, es cierto que me da pena, por un lado, el que las películas de corte histórico no reflejen mejor y fielmente la realidad del momento, en la medida que se pueda claro está, y es por eso que valoro más películas como Billy dos sombreros (a pesar del aparentemente ridículo título). Y es que una buena historia, no tiene que estar reñida con la realidad. Y además sería didáctica que buena falta nos hace. Entretener enseñando, es evidentemente mucho mejor, que el puro divertimento.
No digo que plásticamente por ejemplo no tengan momentos espléndidos. Cuantas veces los magníficos trabajadores de detrás de la cámara, han sacado adelante guiones infumables. La estampa de los jinetes en cualquiera de sus variantes crean por si solas momentos inolvidables.
Pero todo éso se pierde con una torpeza y pobretería tanto del guión, como de la puesta en escena, “noches americanas”, y todos los demás defectos que luego cito.
De otra parte me gusta el cine espectáculo, y por ello echo en falta el que no se aproveche la oportunidad de mostrar aspectos que a los viajeros de la época les impactaron, como por ejemplo el espectáculo nocturno de un Pohwow (reunión esporádica de campamentos de tribus nomadas confederadas, sioux, dakotas, lakotas, cheyennes, etc. ) debía ser maravilloso. La tienda cónica (tippi ó wingham) de piel decorada con anchas cenefas de coloristas dibujos, con la fogata interior, se comportaba como una enorme tulipa (pantalla) de piel, que proyectaba difusamente la luz a su través. Imagínense varios millares de ellas en la noche, en un asentamiento de la inmensa pradera. Alucinante¡¡¡.
O que decir de los asentamientos del norte, iroqueses, algonquinos, etc. Con sus tallados y pintados totems iconográficos, con sus maravillosos vestuarios de fiesta, sus variadisimos y espléndidos tocados, etc. Ó la celebración multitudinaria de una especie de partido de fútbol-hockey-rugby que duraba días. Ó la pesca de la ballena de las tribus del pacífico, con una especie de traineras de enormes troncos vaciados y maravillosamente tallados. Ó, ó, ó, ….
El molestarse por ejemplo, en recrear las técnicas de fabricación, de las canoas de corteza de abedul, de los arcos, de las flechas, los penachos, de los edificios comunitarios aislados térmicamente para aguantar los frios polares del norte (ya quisiéramos para nuestras viviendas actuales ése coeficiente de aislamiento). Esos planos de detalle incrustados de cuando en cuando, de momentos íntimos de la vida diaria (un silex curtiendo una piel, alguien decorandose la cara (no las estúpidas dos rayas hechas con los dedos) y el cuerpo, los maravillosos y efímeros dibujos con arenas coloreadas, etc. etc.) le aportarían realismo a la historia y acercarían al espectador hasta conseguir sumergirlo e integrarlo en la acción.
Por contra hasta en recreaciones de mucho presupuesto como «Bailando con lobos» sacan a cuatro pringaos en un somero campamento, que más parece una excursión de scouts sucios.
Y no hablemos:
Del racismo descarado que no permitía la mezcla racial (en las parejas mixtas del protagonista con la nativa, guapísima eso si, en las que indefectiblemente ella acababa muriendo de un modo u otro), eso de que perdurase la pareja, “anatema¡¡”.
De la tergiversación vomitiva de los hechos históricos.
Del intento de justificar los múltiples genocidios, acusando como mucho a un asesino paranoico y dejando impolutos al resto de todas las personas y estamentos implicados directísimamente en ellos (que bueno es el pueblo americano¡¡¡). Y no solamente con los nativos, sino con comunidades como la rusa por ejemplo, que por capricho de la Asociacion de ganaderos (el capital) encargan al ejército que lo acepta sin pestañear, que los masacren sin piedad. O en las represiones a sangre y fuego, seguimos con el ejército, de huelgistas de trabajadores del ferrocarril que sólo exigían unas miserables mejoras que les permitieran sobrevivir. Etc. etc. etc.
Y del paternalismo repugnante, en los films vistos supuestamente desde el lado indio. En las que era indefectiblemente un anglosajón el que les “sacaba las castañas del fuego” a los pobrecitos nativos (incluido “Bailando con lobos”). Eso sí, una vez semimasacrados y perdiendo todo lo que tenían, empezando por sus territorios.
Con razón ya desde niño, mis simpatías estaban con los “indios”, y con sus modos y valores de vida (hospitalidad, valor propio y reconocimiento del ajeno, ecologismo, espiritualidad, comunión con la naturaleza, estética y plástica, etc. etc.).
No obstante, con todo, atesoro el sueño que nos dejó; ése modo de vida natural, de unos y otros del espíritu de superación y supervivencia, del compañerismo, y de los inmensos paisajes (tan desaprovechados).
Espero que retomen el género, con los medios actuales, para filmar epopeyas (que material hay para “dar y regalar “). A ser posible en los territorios del centro norte. Como ya he dicho, dan mucho mas juego sus inmensos, bosques, praderas, lagos, enormes ríos, y montañas, vestuario y plástica.Y que los nativos sean éso, nativos.
Estamos un poco hartos de los “secarrales” de los alrededores de Holywood, y con nativos luciendo por todo tocado un trapo ceñido a la cabeza).
Y si las siguen haciendo por el suroeste. Que aprovechen de verdad tano los ricos elementos etnográficos que los hay, y la multitud de paisajes grandiosos originales y curiosos, que tambien los hay en abundancia. Y que no parezca que estamos en Almería.
Vale que se están haciendo algunas pelis dignas, pero en general son de tipo “intimista”, muy centradas en dramas lugareños, con tres o cuatro personajes a lo sumo. Y que no apotan la grandiosidad que la mayoría esperamos.
Como serían de máaalas y pobretonas en todos los sentidos (salvo las honrrosas excepciones), que hasta hicimos buenos, algunos de aquellos infumables “spagueti westerns”.