
Aprendemos tarde a valorar los placeres naturales del cuerpo. La simpleza de echarse en la cama, y hundirse de inmediato en el sueño por unas horas, parece la mejor de las dichas después de dos o tres noches de insomnio.
Quienes no padecen de temporadas de vigilia que se extienden durante días pueden creer que se trata de una exageración, pero no hay mejor forma de preservar la cordura que una noche de buen dormir. Conforme las horas pasan y el sol se acerca, el desvelado, si no tiene algo mejor que hacer, puede comenzar a indagar en las condiciones de su vida, un hábito que se hace nocivo si el insecto negro pica durante las noches siguientes. No es ningún secreto que la incapacidad de encontrar el sueño, si no se sabe cómo manejarla, puede derivar en complicaciones físicas y estados mentales en los que es mejor no indagar. No por nada, la privación del sueño es una de las técnicas cultivadas por místicos y cenobitas para bañarse en las fuentes de la iluminación y las experiencias psíquicas, muy para el detrimento de sus cuerpos marchitos.
El insomnio tiene su componente fisiológico, además de su precedente genético. Muchos de los afligidos con regularidad venimos de familias en las que un padre o abuelo, cuando no ambos padres y más de un abuelo, han tenido que enfrentarse toda su vida a noches frecuentes que no parecen tener fin.
Al ser una dolencia no del todo general en la población, pero tampoco exclusiva de unos cuantos desgraciados, pueden encontrarse insomnes célebres por donde uno los quiera buscar. Napoleón, Lincoln y Roosevelt se desvelaron toda la vida. Jimi Hendrix y Groucho Marx no se quedaron atrás. Kafka podía pasar días sufriendo despierto y Edison fomentó el hábito no solo en él mismo, sino en sus trabajadores. Podría existir la tentación de ligar esta falta de sueño con los logros y la producción intelectual, y cierto es que grandes cosas han salido de esas horas entre luz y luz, como En busca del tiempo perdido, que Proust escribió por las noches durante un periodo de enfermedad. Pero también es cierto que el sueño cumple su función creativa. Tanto Descartes, como Shelley y Louis Stevenson, obtuvieron inspiración de lo que encontraron bajo los ojos, y la lista de iluminados no termina con ellos. Tal vez, el sueño y su ausencia son igual de importantes en el crecimiento cultural y tecnológico de la especie.
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Tengo problemas con el sueño desde hace años y ya he decidido tratarlos. No quiero tomar medicinas y me han hecho todo tipo de pruebas, pero todas dan buenos resultados.
Lo próximo es que tengo que ir al laboratorio del sueño donde me van a llenar de cables la cabeza y seguramente me dirán que no pasa nada en mi cabeza, que todos los parámetros son normales.
Con lo que tendré que vivir el resto de mi vida con estos trastornos pasajeros pero muy molestos.
¡Gracias!