
El rock se divide por décadas porque los números son muy resultones, pero deberíamos hablar de etapas. De la creación, de la explosión, de los años dorados, de la máxima comercialización y de lo que sea en lo que estamos ahora, que bien podría ser la lenta agonía de un anciano que no termina de morirse. Aunque es cierto que ese anciano ha sufrido achaques de todo tipo a lo largo de su vida, le han dado por muerto ya media docena de veces y de todos los avatares salió liándolas pardas.
En uno de esos momentos bajunos tuvo que surgir un género tan difícil de clasificar como el power pop. Cuando Badfiger vino a actualizar y desarrollar la esencia de los Beatles en el propio sello que ellos crearon, Apple, el ejercicio de estilo tenía ya algo de revival. De retorno a lo auténtico, las canciones buenas, sencillas, que destaquen solo porque son bonitas. Los amantes del virtuosismo instrumental le dirán que lo más difícil es tocar dos guitarras a la vez mientras se sopla la armónica y se hacen escalas en las teclas de un piano con la punta de la polla, pero no hagan ni caso. Lo más difícil es juntar tres notas y que mole. Siempre ha sido así. Valga como prueba el reguero de millonarios que ha dejado acertar con una composición, que no siempre han sido los autores, pero esa es otra.
Antes de que el denominado power pop estallara en subgéneros, algunos de notable éxito, los pioneros no llegaron a reinar a lo megalómano y otros tuvieron trayectorias modestas o directamente erráticas. De Badfinger, como se contó aquí en su día, se ahorcaron dos miembros. Crabby Appleton engrosaron esa nómina con Big Star, Blue, Artful Dodger, Raspberries, Blue Ash y otros tantos que se resistían a abandonar el legado melódico de los sesenta y las armonías vocales.
Llegaron a entrar en las listas, pero sin mucha fanfarria. Sacaron solo dos LP y tras el segundo chaparon el negocio. Podría ser una trayectoria que ahora solo interesase a fanáticos, pero «Go back», a día de hoy, tiene mimbres de eso que eso que podemos denominar como canción perfecta.
El origen de los Crabby está en el circuito californiano, cuando en Los Ángeles la revolución del rock de los sesenta había llenado la ciudad de grupos y no paraban de llegar músicos en busca de su oportunidad. Un bajista, Hank Harvey, había formado a los Stonehenge, que tras diversas entradas y salidas de la formación de músicos variopintos —John Weider, de los Animals, estuvo con ellos antes de volver a Inglaterra a ingresar en Family— se asentó con la llegada desde Iowa de Casey Foutz, teclado, y el batería Phil Jones, y más adelante con la del percusionista cubano Felix «Flaco» Falcon. Este procedía de Miami y había escapado de la isla de Fidel Castro en 1961. Stonehenge llegaron a fichar por Elektra, pero con la condición, impuesta por el A&R David Anderle, de que cambiaran de cantante.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.






Pingback: «Go Back» de Crabby Appleton: en busca de la canción perfecta – Jot Down Cultural Magazine | METAMORFASE
Hola
Estupendo articulo de un grupo que tenía fuera de radar. Yo pondría como influencia la parte mas «rockera» -que la tienen- de The Lovin’Spoonful, las voces, la melodía y la percusión me los han recordado.
Un saludo.
El artículo muy bueno, el grupo… yo que sé. Se nota un acompañamiento interesante, pero la voz y la melodía la verdad que no me dicen nada. Más allá de «quiero vender mucho » Livianito, livianito.