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Caravaggio, la basílica de San Pedro y la batalla de Lepanto

892px Caravaggio 1571 1610 De roeping van Matteüs 1599 1600 Rome San Luigi dei Francesi 10 01 2011 12 07 56
La vocación de San Mateo, 1601.

«Se ha recibido noticia de la muerte de Michelangelo da Caravaggio, pintor famoso, eminente en el arte del color y la pintura del natural, de resultas de enfermedad en Porto Ercole». Con este escueto avviso se informaba el 28 de julio de 1610 de su fallecimiento, lo que le valió al pintor Giovanni Baglione para zanjar que «murió miserablemente, tal como había vivido». Era un admirador despechado, que pasó de imitar su estilo a odiarlo furiosamente, igual que la Orden de Malta lo había admitido primero en su seno y más adelante lo expulsó bajo la acusación de «putridum et foetidum». Stravagante era una expresión habitual para referirse a alguien que estaba «siempre en busca de peleas o discusiones, de modo que es imposible llevarse bien con él». Mientras que otro testimonio que nos ha llegado de su época le concedió a regañadientes ser «un pintor que conoce su oficio» antes de añadir el inevitable «pero» con el que desquitarse: «pero de espíritu oscurecido, alejado desde hace tiempo de Dios, de su adoración, de todo buen pensamiento», cuya obra se caracterizaba por la «vulgaridad, sacrilegio, impiedad y mal gusto».

Un odio tan depurado como el que obtuvo de tantos coetáneos no podía ser fruto simplemente del temperamento arrogante y pendenciero que le atribuían, nadie se posiciona con tanta vehemencia ante una medianía: es necesaria también una dosis de talento lo suficientemente generosa para despertar envidias y resultar amenazadora. De esa combinación de carácter y talento surgió un artista capaz de nadar a contracorriente, de desafiar los cánones establecidos de tal forma que mucho después sería reconocido como el primer pintor moderno. Un creador genial que en los menos de cuarenta años que vivió pudo abrir nuevos caminos, de quien el historiador del arte Roberto Longhi afirmó que sin él no habría habido un Ribera, un Vermeer, un La Tour ni un Rembrandt, y Delacroix, Courbet y Manet habrían pintado de otra manera. Incluso cineastas contemporáneos como Martin Scorsese han expresado la deuda que sienten con su obra. Aunque su trayectoria le causó innumerables enemigos y enfrentamientos, no fueron pocos quienes ya en su tiempo supieron reconocer su valía: «Hay un hombre llamado Michelangelo que hace cosas maravillosas en Roma… ya es famoso… no respeta en absoluto la obra de ningún maestro, aunque tampoco elogia en público la propia… dice que todo son trivialidades y juegos de niños, cualquier cosa y que quienquiera la haya pintado, si no ha sido a partir de la vida».

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7 comentarios

  1. y..ya está?

  2. Colonna era el comandante de la flota pontificia, Sebatian Veniero el de la veneciana y Don Juan de Austria era el Almirante en Jefe.
    Por lo demás, excelente artículo, aunque a mí también me ha sabido a poco.
    Recomiendo la parte que dedica a Caravaggio el doctor Vallejo Nájera en «Locos Egregios»

  3. Es que, en mi opinión y sin acritud, se parece más una introducción que a un artículo completo.
    El titular, además, no lo entiendo: la relación entre Caravaggio y la Batalla de Lepanto me parece bastante irrelevante.

    En cuanto al rechazo de la Virgen de los Palafreneros, entraron en juego otros factores, a parte que la Madonna lleva la cara de su amiga y modelo Lena, cara muy conocida en Roma…
    En el cuadro es el Niño Jesús a pisar la cabeza de la serpiente, mientras que la lectura católica obviamente prefería que fuera la Virgen, en tiempos de contrarreforma (otro cuadro con el mismo tema de otro autor se rechazó por esta razón).

    • No es el niño quien pisa la serpiente. Su pie está encima del pie de la Virgen, simbolizando el papel de María como intermediaria frente al ninguneo de su figura en el protestantismo.Está por lo tanto perfectamente dentro de los cánones de la propaganda contrarreformista.

    • Estoy de acuerdo: cuando parecía que el artículo entraba de verdad en el tema se termina. Parece una introducción.

  4. Se me había cortado, perdón:
    además es la figura de Santa Ana a ser problematica.
    Caravaggio la pinta como una vieja distante y poco participe, icono clásico de la meditación, mientras que aquí tendría que tener un papel activo, siendo la figura que lleva la Gracia.

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