
El viaje del papa Francisco a Egipto a finales de abril puede aportar algunas claves originales para comprender el futuro no solo de ese país y del Oriente Medio en su conjunto, sino, más en general, para favorecer la convivencia entre mundo occidental y mundo islámico en el siglo que estamos empezando.
Abundan los indicios de que esa convivencia es muy frágil, cuando no se ve envuelta en un conflicto permanente. Por citar solo algunos episodios, recordemos que el intento de Donald Trump, a finales de enero, de aprobar un decreto presidencial por el que prohibir o limitar la entrada en Estados Unidos a los ciudadanos de varios países árabes no ha sido un hecho aislado. En su campaña electoral para las elecciones presidenciales francesas, Marine Le Pen tildó la influencia islámica de «insoportable» y ha descrito a Francia como a un país abocado a una «elección de civilización». Y no es la única en Europa. Otros líderes políticos han hablado abiertamente en contra del islam. Los recelos y la desconfianza son muy profundos, alimentados por el terrorismo islamista indiscriminado y por las sospechas generalizadas que acompañan a los procesos masivos de inmigración hacia Europa y América originados en las guerras de Irak y Siria.
La cuestión es delicada porque no queda claro si se están comparando culturas y civilizaciones en general, o se alude a una problemática específicamente intrarreligiosa. De entrada parece más bien que los protagonistas de los episodios citados perciben la religión en sus inevitables implicaciones para la vida social y política. Por eso, para afrontar la cuestión con alguna esperanza de éxito, hará falta un diálogo a muchas voces, contando con los actores seculares y los religiosos. Entre las voces seculares, Jürgen Habermas se ha convertido en un defensor de la necesidad de emprenderlo, pero también Peter Sloterdijk y otros lo están intentando.
Hasta no hace muchos años los occidentales nos habíamos acostumbrado a pensar que las «perturbaciones» que la religión producía en la vida pública eran los estertores de un mundo antiguo que moría para dejar sitio definitivamente al mundo moderno, secularizado. En palabras de Ulrich Beck, era la «idea de que con el avance de la modernización lo religioso se autoliquidaría». Sin embargo, la realidad nos indica que las cosas no han sido exactamente así. Por mencionar solo el último informe del Pew Research Center sobre la evolución de la religión en el mundo, la suma de cristianismo e islam, sin contar otras religiones, representará casi el 63 % de la población mundial en el año 2060. Ante datos empíricos de este tenor, figuras muy importantes de la sociología de la religión nos vienen advirtiendo de que la tesis de un proceso secularizador universal e imparable ya no se sostiene. Por eso hay quien reclama un papel público de las religiones en el mundo moderno (José Casanova), o deja constancia de los numerosos altares de la modernidad (Peter Berger) o alude a una segunda modernidad con diferentes tipos de secularización (Ulrich Beck). A nivel mundial la religión no desaparece sino que conserva mucho vigor y se expande. En Occidente se oyen no pocas voces que previenen frente a la ambivalencia de esa difusión social de la religión. La mayor vitalidad de la religión se puede traducir en una contribución eficaz a la paz o, por el contrario, en una multiplicación de la violencia. La cuestión en sí misma es sumamente compleja y no podemos tratarla ahora. Nos limitamos a proponer unos apuntes que favorezcan —así lo esperamos— ese diálogo.
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Pingback: Cristianos y musulmanes en el mundo del siglo XXI: ¿se pueden tender puentes? – Jot Down Cultural Magazine | METAMORFASE
Condenados al no entendimiento. Las religiónes monoteistas suelen emputecerlo todo. Solo tenemos que mirar atras y en nuestro alrededor. ¿Solución? Facil pero muy violenta.
Por supuesto que se pueden -y Deben- construir puentes. Este no es un conflicto religioso, y el terrorismo no es un terrorismo religioso, aunque aquellos a quienes le han comido el coco con ideas falsas piensen que sí.
Del mismo modo que el conflicto en Irlanda del Norte nunca fue un conflicto religioso, sino post-colonial.
Muchos o casi todos los problemas geopolíticos de hoy en día tienen sus causas como bien dices en las resoluciones mal hechas o mal repartidas, en el caso, de las colonias
Pero el problema del terrorismo no me parece que vaya por esa parte, y si no es un conflicto religioso, ¿qué es? Cultural diría yo. Que a fin de cuentas, recae sobre lo mismo: la supina ignorancia de la gente… creyente.
Ignorancia de la gente… Pues sí, claro. Pero hay otros factores sociológicos, históricos, culturales, e incluso sociológicos, que -creo- influyen mucho más que esa «ignorancia».
El entramado de causas políticas, geoestratégicas, económicas, sociales y culturales que desembocan en el auge del terrorismo islámico en Oriente Medio (y su exportación) es tan complejo, y es tan difícil calcular el peso específico de cada factor, que lo más sensato es cuidarse de decir que es un conflicto religioso
Fe de erratas: «e incluso psicológicos» es lo que quise decir.
Se puede y se debe. Este deberia ser el ejemplo, el otro, Trump y su visita y pleitesia a Arabia Saudi. ¿cual escogemos?
El conflicto no es tanto religioso como social, cultural y demográfico. Para el que le interese, la serie de artículos de Jean Palette Cazajus en el blog Salmonetes ya no nos quedan alumbra mucho sobre el asunto.
El Ateo con Razón debería leer a Alain de Botton (ateo con razón) antes de hacer ese tipo de comentarios tan altaneros.
Para poder tender puentes lo primero es decidir qué dios existe: el musulmán o el cristiano. Porque son mutuamente excluyentes.
Una vez que lo sepamos podrá haber paz y entendimiento.
Eso es fácil. No hay evidencia alguna de la existencia de ningún Dios, pagano o monoteísta, como tampoco la hay de los duendes o los pitufos. Mientras esto no lo entiendanlos creyentes, o al menos que aunque lo crean, no lo impongan al resto de la sociedad, seguiremos igual.
¿Son mutuamente excluyentes? Hay cierto debate al respecto, pero la postura mayoritaria a ambos lados es que son el mismo. Lo que cambia es el profeta
Pues va a ser que no, resultan ser el mismo Dios, cosa asumida por todos. De hecho si lees el corán, que es un coñacete importante, verás las menciones a Jesús. De hecho y algo en bruto, el corán es esencialmente un resumen del cristianismo y el judaísmo para cabreros del desierto con los añadidos de Mahoma. Los musulmanes consideran a Jesús un profeta principal, a la altura de Moisés o Abraham, pero no a la altura de Mahoma y desde luego no como hijo de Dios… Eso sí, un profeta del mismo Dios. Lo difícil es casar entre sí lo que cada profeta «dijo», pero eso mismo pasa en la biblia cristiana o en los distintos libros del nuevo testamento, donde muchas veces hay contradicciones sobre Dios y el propio Jesús. Más difícil es convencernos a los agnósticos/ateos de la existencia de Dios que a judíos, musulmanes y cristianos de que su Dios es el mismo.
El Papa representa a la mitad de los cristianos. Y pertenece a una religion jeraquizada que acepta su primacia en ciertas custiones doctrinales. El islam no es una religión jerarquizada, los clerigos con loa q se reúne podran tener influencia y / o prestigio. Nada mas.
No existe ese pretendido diálogo religioso, existe la mitad de los cristianos reuniondose con gente que no se sabe muy bien a cuantos musulmanes representan.
Es como pretender reunirse con el capitalismo a hablar de redistribución.
(Sigo q se me ha cortado) es como pretender reunirse con «el.capitalismo» a hablar de redistribución, no te puedes reunir con nadie con el.q llegar a acuerdos concretos. A lo mas q puedes aspirar es al postureo mediático.
Dentro de la Umma (comunidad de creyentes) existe un antagonismo insalvable entre suníes y chiíes. Su ancestral oposición se observa en muchos conflictos actuales.
No, no se pueden tender puentes y nunca a lo largo de la historia han existido esos puentes. ¿Cómo va a existir entendimiento entre el Cristianismo -y el Judaísmo- y el islam cuando son los musulmanes quienes están enfrentados a muerte entre ellos mismos?