
Wall Street es una de las zonas más conocidas de la ciudad de Nueva York, por albergar el edificio de la bolsa y porque evoca la figura del magnate de las finanzas. Entre el común de los mortales, este personaje, habitualmente masculino y sobrepasado de testosterona, debe siempre elegir entre la moral y la riqueza. Es un conflicto magistralmente representado en la película Wall Street de Oliver Stone (1987), donde Charlie Sheen y Michael Douglas encarnan el bien y el mal, aplicados, con todos sus matices, a las operaciones de bolsa. Más dura, objetiva y brutal es El lobo de Wall Street de Martin Scorsese (2013), donde DiCaprio encarna a Jordan Belfort, un bróker que olvidó cualquier consideración ética, dedicándose al blanqueo de dinero, manipulación del mercado de valores y otras operaciones ilícitas con las que ganó más de diez millones de dólares e hizo perder doscientos a sus clientes. Fue procesado, condenado y multado, y hoy es un hombre libre y rico que vive de los derechos de sus obras y de dar charlas motivacionales.
Pero aunque Belfort haya podido volver a hacerse rico gracias a sus libros y conferencias, el prototipo del magnate financiero es para nuestra sociedad un villano. Quizá puede llegar a parecernos simpático encarnado por DiCaprio, o ingenuo como Sheen haciendo de hijo de obrero ascendido a tipo importante. Son humanos con defectos, no monstruos, y eso lo saben bien las firmas de inversión y empresas que gestionan las bolsas. Su poder en la sombra es percibido como algo mucho más negativo que el de sus directivos, pues al fin y al cabo desata crisis económicas como la que vivimos. Las instituciones financieras lo saben bien, y procuran lavar su imagen con todo tipo de acciones destinadas a influir en la opinión pública. La más reciente y significativa es La chica sin miedo, una estatua de bronce en Wall Street que representa a una niña que afronta, decidida, el embiste de un toro brutal.
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Excelente artículo. Enhorabuena.
Pingback: La chica sin miedo – Jot Down Cultural Magazine | METAMORFASE
Muy buen artículo, da gusto leer la narración, el análisis y la comparación histórica con la capilla sixtina. Una característica del arte es precisamente la diversidad de interpretaciones y en este momento de dictadora de la corrección política ¿quién osará atacar la presencia de esta pequeña desafiante?. Ahora si cambiamos el toro de posición y lo situamos detrás de la niña…
Bravo!
Me ha gustado muchísimo leer este artículo.
Felicidades.
Muy interesante el artículo… y sin embargo:
un mercado alcista (bull market) es aquel que le gusta a los financieros, con todo el mundo comprando y las acciones subiendo sin parar. El mercado bajista (bear market), es el contrario, con todo el mundo vendiendo.
Esto se representa delante de la bolsa de Frankfurt, por ejemplo.
En Wall Street solo tenían al toro… curioso.
De esta forma, la niña es ahora la buena de la película…
Gran artículo, si señor, enhorabuena.
Un artículo muy interesante.
Como apunte, en el texto se menciona que la estatua de la chica se instaló en 2007 en lugar de 2017, por si queréis corregirlo.
¿y si ponen a la niña detrás del toro, como si éste fuera la fuerza que la niña dirige, en contra de la avaricia rampante y aniquiladora? ¿Y si la niña fuera el símbolo de la inteligencia del pueblo, y el toro de su fuerza?
Creo que la niña debería estar detrás del toro, y no delante. El mensaje como está ahora es terrible.
Una niña nunca debe ser símbolo de codicia. El símbolo siempre fue la decrepitud.
Parece que esto no está acabado…
http://www.bbc.com/news/world-us-canada-40095102
Excelente de principio a fin. No había contemplado ese ángulo que deja al descubierto este combate de significados.