Ciencias

¿Es posible el ajedrez perfecto?

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Garri Kasparov contra Deep Junior, 2003. Fotografía: Cordon.

Todavía estoy intentando decidir si fue una maldición o una bendición que cuando conseguí el título de campeón mundial las computadoras de ajedrez fuesen flojas, cosa de risa, y cuando me retiré en el 2005 fuesen ya imbatibles. (…) Es interesante que las más grandes mentes de la ciencia de las computadoras, los padres fundadores —como Alan Turing, Claude Shannon y Norbert Wiener—, vieron el ajedrez como un test definitivo. Pensaron: «Oh, si una máquina consiguiese jugar al ajedrez y ganar a jugadores fuertes, no digamos ya a un campeón mundial, eso sería el signo del amarecer de la era de la Inteligencia Artificial». Con todo el debido respeto, estaban equivocados. (Garri Kaspárov, entrevista en Business Insider, 2017).

En 1997, año en que la computadora Deep Blue venció al campeón mundial de ajedrez Garri Kaspárov, una oleada de asombro recorrió el mundo, materializada en sensacionales titulares de prensa. Era un hito, sin duda. Hasta no muchos años antes habían abundado los escépticos con respecto a las posibilidades de victoria de una máquina frente a un Gran Maestro humano. Aquel escepticismo no era irrazonable, pues nadie imaginaba cuán rápido sería el progreso en la capacidad de cálculo y se sabía que las máquinas no sabían pensar, y siguen sin saber. Pueden calcular, pero sus análisis dependen de lo bien que las hayan programado sus creadores. Sin embargo, conforme mejoraba la tecnología, y también la habilidad y conocimiento de los programadores que enseñan a las máquinas cómo tomar decisiones, se alcanzó el punto crítico en que el mejor ajedrecista del planeta ya no estaba hecho de carne y hueso.

Hoy ya no sorprende a nadie que las computadoras puedan vencer al mejor de los ajedrecistas humanos. De hecho, visto en perspectiva, lo asombroso es que Kaspárov plantase cara con tanta dignidad a un ordenador que nunca se cansa, ni sufre la presión, ni es consciente de que las cámaras de todo el planeta están mirando, ni siente miedo a perder o ansia por ganar. Ahora tenemos «motores» de ajedrez lo bastante potentes como para que no podamos ni soñar con vencerlos. Eso sí, mucha gente podría albergar la equivocada noción de que las máquinas ya saben jugar ajedrez a la perfección, y lo cierto es que no es así. Las máquinas de ajedrez también se equivocan, incluso las mejores, aunque sus errores no sean tan obvios como los que cometemos los humanos. A día de hoy el ajedrez perfecto está fuera del alcance de los ordenadores más potentes que existen sobre la faz de la Tierra, y todos juegan cometiendo imprecisiones, por pequeñas que nos parezcan. El principal motivo de esto es la complejidad propia del juego, que escapa a toda capacidad de procesamiento de la tecnología actual. Lo interesante es que, pese a todo, se ha empezado a caminar en esa dirección, y ese camino pone de manifiesto la enorme diferencia que todavía existe entre el cerebro humano y las máquinas a la hora de procesar información y tomar decisiones. Las máquinas pueden calcular de manera asombrosa, pero nosotros, los humanos —incluidos aquellos que jamás han jugado al ajedrez—, poseemos armas de las que ellas, por ahora, no disponen.

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21 comentarios

  1. Yo no descarto que en el futuro podamos ver ( si no nosotros, los seres que entonces pueblen la tierra) ajedrez perfecto, la tecnología que tenemos ahora ni siquiera sueña con eso, pero tampoco soñaba la de hace 100 años cosas que ahroa damos por básicas.

    Y una puntualización más, es cierto que lo más probable, es victoria blanca o tablas pero tampoco es descartable al 100% que la posición inicial de las negras sea ganadora, lo cual seria gracioso por 2 motivos. Primero, la desventaja de no realizar el primer movimiento de las negras, seria en realidad una ventaja. Y segundo la posición de salida de las blancas sería en realidad un Zugzwang.

  2. ¡Muy interesante! Totalmente de acuerdo con la conclusión. Me he acordado de aquella frase de Dalí en una entrevista «Entre una fotografía, así sea la mejor, y un cuadro ultrafigurativo y verdaderamente pedestre como «El esclavo» de Velázquez, hay sin embargo una diferencia de 31 millones de francos».
    Pues eso.

  3. Aunque el fondo del artículo es correcta (las máquinas no han encontrado aún el ajedrez perfecto), la explicación del «proceso mental» de las máquinas es incorrecta. En particular cuando el autor dice:

    «Por fortuna, no es necesario conocer todas esas ramificaciones para jugar al ajedrez entre humanos con un nivel aceptable. Aunque, como veremos, este número sí es un obstáculo por ahora insalvable para que las máquinas puedan alcanzar la perfección.»

    Una de las técnicas básicas en algorítica e inteligencia artificial son los conceptos de peso de las ramas del árbol y el camino más prometedor en grafos, técnicas gracias a las cuales se descartan ramas enteras por ser ineficientes de antemano. Usted de lo que está hablando es de una limitación de capacidad de cálculo de las máquinas si se limitasen a utilizar la fuerza bruta.

    Le voy a poner un ejemplo sencillo. Supongamos que hay que diseñar un algoritmo para ir de Madrid a Teruel por carretera. Podríamos ir por la A2 y tomar la nacional a mitad de camino, podríamos ir por Cuenca y tomar la nacional, ir por la A2 hasta Zaragoza y luego bajar.

    Un programador avezado que tenga que diseñar ese algoritmo hará que empiece a evaluar las rutas que a priori parecen más optimas. En este caso, las carreteras y autopistas que parten de Madrid hacia el este. Si se hace así en las primeras iteraciones del algoritmo se dará con las soluciones más prometedoras. DE modo que (me lo estoy inventando) el algoritmo ya sabe que para llegar a Teruel se puede hacer en un camino de 358 km, otro en 387 y otro en 423. Por lo tanto, cuando el algoritmo llegue a evaluar el resto de ramas posibles las descarta antes de ser exploradas por ser menos eficientes. Siguiendo con el ejemplo, cuando el algoritmo tenga que evaluar la A6 y vea que la distancia entre Madrid y Coruña es mayor que la distancia a Teruel, esa rama se ignorará completamente. Es decir, no solo el algoritmo no procesará la ruta Madrid-Coruña-Teruel, tampoco procesará Madrid-Coruña-Santiago-Teruel ni Madrid-Coruña-Santiago-Ferrol-Teruel ni Madrid-Coruña-Santiago-Ferrol-Oviedo-Teruel, y así las cientos de miles de combinaciones que pueden surgir de la rama que se origina a partir de la ruta Madrid-Coruña.

    Por contra, lo que el autor dice en su artículo es que nuestra máquina está limitada por la capacidad de cálculo de TODAS las combinaciones posibles, asumiendo incorrectamente que nuestra máquina no dará jamás con la ruta más óptima entre Madrid y Teruel porque resulta que se «entretiene» en calcular la ruta Madrid-Vladivostok-Ougadougou-Teruel.

    Ahora, si queremos darle mas complejidad al algoritmo tendríamos en cuenta la calidad de las vías, el número de carriles, la hora de salida, el tráfico estimado, la velocidad máxima permitida, etc. Y ahí es donde está el reto de la inteligencia artificial

  4. Extraordinario esfuerzo de divulgación en este artículo. Lo empecé a leer con cierto escepticismo y me terminó gustando mucho. Creo sin embargo que es una errata atribuir un valor por defecto de 2 al caballo o alfil y 5 a la torre. Un caballo o un alfil sería un 3 en esa comparación. No se me ocurre una posición en que una torre valga tanto como un caballo+alfil+peón, que es lo que se propone en el artículo. Más allá de eso, felicitaciones.

    • E. J. Rodríguez

      Hola, Rafa:

      Un error tonto al teclear (como verás, ¡soy humano!). Evidentemente, como cualquier persona que juega al ajedrez sabe, el valor de alfiles y caballos es 3. Lo corrijo, gracias por hacerlo notar. Algún día, ¡las máquinas escribirán mejores artículos que nosotros!

      Un cordial saludo.

  5. Excelente texto, E.J.

  6. Genial artículo!! Muy bien redactado, muy humilde, muy humano

    Gracias por estas piezas que alegran el día

  7. Lareon Falken

    Para el anecdotario. En Person of Interest se incide en varias ocasiones cómo emplean el ajedrez para enseñar a pensar a la I.A. (la maquina). Y su mejor demostracion es en el capítulo “If-Then-Else”

  8. Carlos delgado

    Muy buen articulo aunque hay algunos errores que se han comentado antes. Para profundizar en el ajedrez yo suelo leer los artículos de thezugzwangblog.com un saludo

  9. Un artículo «perfecto». Redacción fácil y planteamiento excelente. Un saludo

  10. Kasparov perdió la partida con deep blúe no porque el era mal jugador y la máquina mejor,sencillamente porque los humanos tenemos algo que los robot no tienen ‘cansancio, fatiga, mal día etc etc.las máquina no improvisan crean
    o tienen una jugada magistral.juegan por fuerza bruta y jamas podrá superar a la especie humana.

    En un tiempo fui ajedrecista y he ganado a las maquinas.pd:el que vive sin diciplina muere sin honor.

    • A las máquinas de ahora no les gana nadie. Y nadie que haya sido ajedrecista deja de serlo jamás. Otra cosa es que, como a mí, te gustase ser un acaricia trebejos y le ganarás al programa de ajedrez de tu commodore 64.

    • El estilo de Kaspárov nunca fue el ideal para confrontar a una máquina, porque en el juego de GK siempre había unos componentes de especulación, riesgo y fantasía que no son los más recomendables para enfrentarse a la mirada imperturbable del ordenador. Un Fischer o un Capablanca, o un Carlsen habrían sido rivales más apropiados para una máquina.

      Sobre todo, Kaspárov perdió aquel match porque lo enfocó desastrosamente desde el punto de vista psicológico: Gary eludió su punto fuerte (las aperturas) por miedo a la máquina, buscando esquemas que apenas había jugado para evitar la memoria gigantesca de Deep Blue. En el match disputado en 2003 contra un programa más fuerte que el de seis años antes, un Kaspárov en decadencia empató el encuentro ante un ordenador mucho mejor que la famosa versión ’97 de Deep Blue. Un Kaspárov en forma y sin complejos habría vencido claramente a aquella máquina en 1997.

  11. Lee See Dol

    weiki (weichi), babuk, Alpha (go)

  12. Faithnomore

    Qué gustazo de artículo! Lástima que sea gratis.

    • Miguel Arvizu

      Curioso comentario. Pero en el internet realmente nada es gratis, hay mucho dinero en publicidad y tu pagas a una compañía para tener acceso a internet de manera directa o indirecta. Y yo espero que a nuestro amigo E.J. le pague JotDown por sus articulos aunque en la calidad de sus escritos (si bien imperfectos como ya se ha observado) se puede notar la pasion de un bohemio. Yo me lo imagino como un tio que usa los mismos jeans toda la semana y odiado por l@s meser@s por dar propinas de mierda cuando va a un cafe…pero igual me equivoco.

  13. Muy buen articulo, he disfrutado leyéndolo.

  14. Gracias por el artículo. Para mi el mejor partido es con otra persona emocionandose y compartiendo,de eso se trata.Lo otro es cientificamente interesante pero no es ajedrez.

  15. Es curioso cómo nos equivocamos los seres humanos con los vaticinios. Había quienes a principios de los 90 veían con terror la llegada de las máquinas, como elementos que destruirían el juego y, sin embargo, en palabras de Anand nunca como ahora el ajedrez había sido tan interesante. Los Grandes Maestros de élite han tenido que progresar por caminos absolutamente inexplorados en la teoría de aperturas, ya buscando esquemas no jugados anteriormente (perfectamente descifrados por un ordenador), ya recuperando viejas aperturas o defensas medio olvidadas que, tras analizar previamente con la máquina, resulta que no eran tan malas o problemáticas como se pensaba. De ahí el actual auge de aperturas como la Italiana, nuevas búsquedas en la Najdor con 6.g3 o 6.h3, y otras muchas ideas de apertura.

    Y aun así, puede ocurrir que la máquina encuentre ciertos esquemas como jugables, mientras que para un ser humano el mismo tipo de posición puede ser una tortura. Y eso es algo que lo cambia todo desde el punto de vista competitivo, naturalmente.

    Por otra parte, y sin dejar de felicitar a E.J. Rodríguez por su fenomenal artículo, habría que precisar que en 2005 las máquinas aún no eran invencibles. En el torneo de Wijk aan Zee de 2006, por ejemplo, Anand jugó con negras una famosa partida contra Karjakin y encontró una asombrosa idea con doble sacrificio de pieza que la máquina (Fritz 8 o 9, en la época) no había ni concebido. Y no era una posición cerrada o de juego lento, sino una Najdorf absolutamente dinámica. Si el ordenador hubiese entrado en esa línea habría sido devastado por las negras como lo fue un jovencísimo Karjakin…

    Otra anécdota curiosa es el análisis de la décima partida del match entre Lasker y Schlechter (Berlín, 1910) que hizo Kaspárov en su libro «Mis geniales predecesores». Dedica diez páginas a analizar una partida complicadísima y, en un momento dado, dice: «la recomendación de Capablanca, e5, conduce a una posición de locura donde cualquier resultado es posible». Es curioso que todavía hay posiciones que, incluso para un ordenador, son casi imposibles de descifrar, como ocurre con esa mítica partida…

    Sí creo que la invencibilidad de los ordenadores comienza realmente en 2010, con Houdini. Y no es casual que coincida con el inicio del reinado de Carlsen, un ajedrecista de precisión maquinal que asombra por encontrar siempre jugadas inesperadas que un ordenador difícilmente recomendaría como las mejores.

    El match entre Krámnik y Kaspárov en 2000 tiene una dimensión histórica no apreciada hasta ahora, porque supuso el cambio de tendencia hacia el ajedrez que se ha impuesto en torneos de élite: huida de variantes forzadas de apertura, esquemas más o menos jugables con ambos colores y planes a largo plazo, mayor importancia del final, etc. Y vale la pena recordar que la preparación de Kaspárov se enfocó muchísimo en el trabajo con ordenadores, mientras que Krámnik fue más allá, acertando al salirse de los caminos trillados por la máquina.

  16. Hace no muchos años nos juntamos en la Ciudad Universitaria un grupo de «frikis» para celebrar el primer campeonato de programas de ajedrez. La mayoría eran ingenieros o informáticos. Alguien me preguntó que hace un médico como tú en sitio como este. Aprender le contesté. En ese primer campeonato costaba trabajo que los programas terminaran una partida sin colgarse o cometer ilegalidades. Creo recordar que ganó el programa Betsabé. Al año siguiente (1995) en la segunda edición ganó mi programa Zeus 2.0 y unos meses más tarde participé en el Octavo campeonato del mundo de computadoras en Hong Kong, donde por cierto participó la precursora de Deep Blue, aunque el ganador fue el programa alemán Fritz. ¡Qué tiempos aquéllos!

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