Fotografía: Alberto Gamazo

Hubo un hispanista que dijo tras la Transición que España se había vuelto aburrida. Actualmente, por suerte para hispanistas y para desgracia de los locales, hemos vuelto a dar titulares. Con el objetivo de cubrir la crisis económica iniciada en 2008, Raphael Minder llegó a España dos años después como corresponsal de The New York Times y al final ha acabado escribiendo sobre la mayor crisis política dentro de las fronteras europeas después de la griega y el Brexit. Acaba de escribir un libro, Struggle for Catalonia: Rebel Politics in Spain, en el que ha reunido testimonios a favor y en contra del procés. A cuatro días del día clave, el 1-O, nos reunimos con él en el centro de Barcelona.
Ahora mismo da igual ya quién tiene razón o no. ¿Coincide conmigo en que la noticia está en cómo gestiona el Estado la movilización no violenta de, más o menos, dos millones de personas?
¿De dos millones?
O más.
O menos. Hay una incertidumbre total. Escribir hoy sobre lo que va a pasar mañana me parece muy arriesgado. La situación se puede convertir en algo fuera de control, como puede parecerse a lo que vivimos el 9 de noviembre de 2014. Lo que veo es que hay una gran diferencia entre movilizar y actuar. Me doy cuenta de que el Estado español está preocupado, y tiene que estarlo, pero no he visto aún su actuación; no sé si lo del miércoles pasado fue el principio de mucho más. No podemos saberlo. Tener a la policía en barcos no es lo mismo que tenerla en las calles.
En esta situación ¿qué le reprocha al Gobierno?
Le reprocho no haber utilizado el tiempo que tenía para solucionarlo, para hablar, para abrir nuevas vías, para tener un frente común bien definido. Y en lo que respecta a partidos políticos les reprocho pensar que lo que estaba pasando en Cataluña iba a desaparecer por sí solo, que solo era un tema de aguantar el chaparrón.
¿Y al Govern?
Creo que el Govern se ha otorgado el derecho de hablar en nombre del pueblo catalán cuando tiene una situación de división profunda en Cataluña. Tiene un mandato parlamentario, pero no un mandato de la mayoría de votantes. Y se ha permitido el lujo de buscar alternativas bastante cuestionables, tuviera otras o no. Haber hecho de unas legislativas unas plebiscitarias es quitar a la gente la posibilidad de votar pensando en otros asuntos que no sean la independencia. La gente tiene derecho a ir a votar a unas autonómicas buscando mejorar las escuelas de sus hijos o los hospitales para sus padres y no tener que pensar en si Cataluña tiene que ser un nuevo Estado o no.
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Madre mía, ¿Qué tipo de pregunta es: «Ahora mismo da igual ya quién tiene razón o no. ¿Coincide conmigo en que la noticia está en cómo gestiona el Estado la movilización no violenta de, más o menos, dos millones de personas»?
Primero, eliminamos lo mas importante, la razón, porque ya sabemos todos que Puigdemont y tal dicen solo mentiras, lo sabemos los que no estamos de acuerdo, y lo mas grave es que lo sabe él, y los partidarios del «si», que seguro se mondan de risa cuando el hombre suelta unas trolas gigantescas, y nadie le desmiente.
Luego, salga la cosa como salga, damos por hecho que los que se van a movilizar son DOS MILLONES, salgan a la calle los que salgan, por Decreto hay que decir que han sido DOS MILLONES.
Para terminar, el Estado central, que no ha hecho nada, es el que carga con toda la responsabilidad del desbarajuste, como si la Generalidad, per se, o mediante sus organizaciones satélites, no hubiera sido la que ha montado el referéndum, las movilizaciones, la propaganda mediática 24 horas los 7 días de la semana.
Ya digo, vaya tela con el punto de partida. ¿Como va a ser uno equidistante, si los dos puntos extremos que proponen los independentistas, son el mismo?
Quizás la anécdota mas chorra sea esa típica pelea entre los de «TV3 debería ser bilingue» versus «RTVE debería respetar todas las lenguas co-oficiales del Estado y doblar/subtitular toda su programación con ellas». Dijo chorra, porqué al final todo se reduce a un argumento utópico que se exige al rival, pero que uno no piensa en aplicar ni harto de vino. Llegó la TDT y la posibilidad de utilizar varios canales de audio/subtítulos y nadie hizo nada. Y nadie lo hace, porqué en el fondo, el primero que lo haga será visto como un puto panoli. El puto gilipollas que se creyó el discurso que exige cosas a los demás.
España, como país, como cosa que se organiza a base de varios niveles de funcionarios, quizás sea un poco así. No hay salida, porqué la única posible pasa por aceptar las cosas que se hicieron mal en el pasado. Y querer cambiar. Y juzgar a los franquistas. Y cerra el Valle de los Caídos. Y la fundación Franco. Y una multitud de cosas, que en realidad, no queremos hacer porqué nos da puta pereza. Así, que quizás, antes de mejorar, todo tiene que empeorar y todo tiene que irse a la mierda.
Esperando que este domingo no pase nada grave, sin sangre por favor, con ganas de votar. Y esperando que lo que venga pueda ser mejor, que tengamos capacidad, fuerza y tenacidad para hacerlo bien, para no rendirnos como hicimos durante la transición.
p.d: Me parece muy interesante lo que cuenta sobre el Franquismo/España y lo que se/nos enseña a los catalanes. Pero también me parece cierto que España (esa idea de país, de gobierno, etc…) siempre le ha sudado mucho la polla lo que piensa Catalunya. Esa Catalunya que habla, canta y escribe en catalán. Esa Catalunya mas allá de los «artistas patrocinados por el grupo Prisa». Esa Catalunya, que igual que ese País Vasco o Galicia o Comunidad Valenciana, nunca tiene cabida en esta España. Porqué hablamos, cantamos, escribimos raro. Y eso, en verdad, tampoco creo que vaya a cambiar nunca. No desde la perspectiva española. Y quizás por eso, el domingo también sea importante votar.
p.d2: Yo voy a una cena con Ramón de España y tampoco hago puto caso de lo que diga/cuente/me explique ese señor. Que el hombre está mas pa’allà que pa’aca y es un poco/mucho polla_herida y marichulo jodido nivel over 90000.
p.d3: A todo esto, seguimos sin hablar de la extrema derecha que vive agazapada, escondida en España. «Infiltrada» mas o menos en diversos puntos y que también participa en la creación de discursos chungos. Casi nadie habla de lo jodido que puede haber dentro de Societat Civil Catalana, su relación con el diario El Periodico, el cambió de rumbo de este mismo diario, su pelea con los mossos por el tema atentados y C&A, etc… Ahí también hay una bola de mierda bien gorda que no nos atrevemos a mirar directamente. Lo mismo que venimos haciendo los últimos 40 años. Estamos en shock y a la vez pasamos olímpicamente de cualquier síntoma. La hostia va a ser gloriosa. Y todos, TODOS vamos a tener la culpa.
Buenas noches punpun.
«Pero también me parece cierto que España (esa idea de país, de gobierno, etc…) siempre le ha sudado mucho la polla lo que piensa Catalunya»
A mí me la suda tanto lo que piensa Cataluña, como a un catalán se la suda lo que piensa un riojano, andaluz, navarro, valenciano, gallego, castellano-manchego, aragonés, vasco, extremeño, balear, madrileño, cántabro, murciano, asturiano o vasco.
O sea, todo ese resto de españoles que nunca sale en los periódicos, cuyos intereses y necesidades no importan a nadie, y que para un catalán forman una masa amorfa, indistinguible y sin interés, y que debe por tanto tener menos privilegios y derechos.
Que aún hay clases, oiga.
Puigdemont está más acá que pallá que Ramón de España ¿no cree usted, ponderado catalanista? Si hasta su ignaro presidente va echando un asombroso (?) parecido a Jerry Lewis en El Profesor Chiflado!
¿Y no hay extrema derecha en Cataluña? Amos anda, todo el independentismo es conceptualmente extrema derecha: identidad, patria, nación, lengua. Solo les falta un Valle de los Caídos, aunque seguro que la Madre Superiora, la Sagrada Familia y El profesor Chiflado están ya en ello.
Madrid era el objetivo clave para los golpistas. Si hubiera caído, el golpe de Estado habría triunfado y no hubiera desembocado en una guerra, pero Madrid resistió. Afortunadamente no he dado con ningún catalán así, pero negar el papel de Madrid o la brutal represión que sufrió toda España acabaría definitivamente con mi paciencia. Como capital de la República y objetivo vital, Madrid fue una de las ciudades más castigadas. La dictadura franquista y sus consecuencias las padecieron (y aún las padecemos) todos los españoles, salvo esos que ahora juegan a ser «demócratas de toda la vida».
Los alemanes perdieron la guerra y se les impuso la «desnazificación». Aquí los vencedores también impusieron su versión y, como no tienen ni el más mínimo sentido de la vergüenza ni de la decencia, siguen imponiéndola con su constante revisionismo histórico. Lo único positivo es que su relato es impuesto de puertas hacia dentro. De puertas para fuera andan callados y el franquismo tiene el lugar en la historia que le corresponde, junto a los Hitler, los Mussolini y los Salazar.
Si, si, mucho Franco y tal, pero los que usan las armas de Goebbels son los independentistas.
Luego lees estas cosas y te reconcilias con la humanidad:
https://www.elespanol.com/reportajes/grandes-historias/20170927/249975973_0.html
Gracias a este grupo de vecinos de un barrio madrileño por hacer realidad una novela de Kurt Vonnegut.
Y a este grupo de entrañables mujeres.
https://twitter.com/FuncioDerivable/status/913497092177481728
Hombre, este es uno de esos corresponsales anglosajones que van vendiendo por el mundo la imagen de la España de charanga y pandereta, de tricornios y procesiones, y hacen así de altavoces involuntarios (o no tanto) de los promotores de «la Dinamarca del sur». Estaría bien que el entrevistador hubiera sido más incisivo con él en ese punto.
Entre tanto, para quitarnos los complejos de inferioridad, estaría bien leer esto:
https://medium.com/@JorgeSMiguel/la-españa-de-charanga-y-pandereta-95403fedb304
Quitémonos los complejos de una vez. España tiene problemas, pero no más graves ni distintos de los del resto de países occidentales. No va a ser precisamente un corresponsal del país de Donald Trump quien venga a darnos lecciones de democracia…
No soy catalán, soy español, y tengo residencia fiscal en Cataluña (aunque no vivo mucho aquí sino en el extranjero). No soy independentista. ¿Que se puede negociar esa opción?. Pues sí. Pero hay que caminar mucho para eso.
MI impresión de lo que pasa en Cataluña es un proceso: los catalanes (nacionalistas) han actuado bajo el «fait accompli», o «hecho consumado» desde al menos principios de los 90, en el sentido que han incumplido sentencias judiciales porque eran difíciles de implementar y estaba en riesgo intereses políticos sobre todo para Madrid que aceptaba el mirar para otro lado. Y cuando no, la cosa terminaba con tribunales inhibiéndose (creo que en la creación de TV3 ya empezó por ahí).
Eso ha sido una constante, el hacer, por parte de los nacionalistas lo que les da la gana sin que nadie haya tenido la fuerza ni las ganas de enfrentarse. Los del PP porque los tachaban de fachas (y normalmente estaban en situación de debilidad en Madrid, no te digo en Cataluña) y los del PSOE porque nunca les interesó enfrentarse a los nacionalistas porque siempre han tenido cierta afinidad (al menos el PSC). Al final eso ha generado un caldo de cultivo en el que no se discute que «Cataluña es de los catalanes», ergo, eso trae implícito el «derecho de decidir». Como todos sabemos esto no está montado así.
Pero a fuerza de los «hechos consumados» el discurso ya se hace inverosímilmente indiscutible. Se empieza llamando Guardiola «este país», se sigue con la invención del relato de la guerra civil y de la historia oficial de Cataluña, y se termina diciendo que «Cataluña es nuestra»….y ojo el que dice que eso no es así: se aplica aquello que decía Arzallus «ojito con decir que aquí no hay libertad de expresión, ojito porque se las verá conmigo».
La entrevista no me ha entusiasmado pero la he leído completa, Que eso, para mí, ya es positivo, que a partir de cierta edad se pierde paciencia.
Lo de «este país» referido al País Vasco y Cataluña, y en menor medida Galicia, lo llevo oyendo 25 años por lo menos. Cuando un político trufa su discurso con ese sintagma está inoculando pacientemente la idea de país en sus conciudadanos. La mayor perversión empieza con el lenguaje y la complicidad complementaria de los que han mirado a otro lado. Tenemos lo que nos merecemos. Ni más ni menos.
Ganas nunca han faltado para enfrentarse a los nacionalistas catalanes – o incluso a los catalanes no nacionalistas. Fuerzas, sí, pero eso es tanto mérito de los catalanes como fracaso de los demás.
Lo que tú dices sobre Cataluña ha pasado exactamente igual, pero al revés aquí abajo, en Valencia, con casi treinta años de gobiernos peperos consecutivos.
Un suizo que lleva 7 años en España con una opinión. Y como es periodista, el entrevistador le da más importancia que a un psicólogo argentino o a un fontanero polaco que llevaran 20 años aquí.
Pues bueno. Pues molt bé. Pues adeu.
El NYT ya tuvo que rectificar su cobertura del caso de las armas de destrucción masiva en Irak, de las posibilidades de que ganase Trump, y ahora debían rectificar su portada sobre lo sucedido el 1-O.
Conozco pocos medios prestigiosos que estén perdiendo credibilidad a este ritmo.
Tengo cuarenta y cinco años y soy de Valencia, y llevo escuchando lo de «este país» desde hace muchos. Era parte de la sección nacional del Cambio 16 que compraba mi padre en los últimos setenta y primeros ochenta.
Hará unos diez años, en Barcelona, ya la cosa cambia un poco. Me encontraba en una conversación con un amigo y, charlando de algo sobre arte y economía, llegué a decir «porque en este país…» Inmediatamente un amigo presente me corrigió, cortando: «voldràs dir l´estat/querrás decir el estado»
Lo mismo pasa en Euskadi, Euskal Herria o País Vasco, como mejor nos aclaremos.La diferencia para alguien de Baleares o la Comunidad Valenciana es que, sin tanto esfuerzo, entendemos otra lengua, y ahí debería quedarse, como sucede en las conversaciones que se puedan tener en la calle. Muchas veces, si uno conoce a alguien hablando en valenciano, en ese idioma continúas, ídem con el castellano. O cambias, según con quién estés hablando, de dónde proceda, etc. Cap problema.
Por ese motivo, al mismo tiempo, me fastidian muchas opiniones, muy frecuentes por desgracia, donde se denigra a cualquier lengua que no sea la capitalina (gallego, euskera, catalán, etc.)
Por desgracia, a su vez, este tipo de actitud paternalista, más o menos intolerante, y que no oculta un sentimiento de superioridad, también se da en la Comunitat Valenciana, Illes Balears o Catalunya. Todos pierden, y la banca gana.