Ciencias

El dulce abandono de matarse

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Woman committing suicide by jumping off of a bridge, de George Cruikshank, 1848. Imagen: National Library of Medicine.

«No se trataba de rabia ni resentimiento, mucho menos de odio; lo mío era una cuestión de decepción por andar siempre esperando lo que yo estaría dispuesto a dar». Esta frase, fotografiada del libro de Edwin Vergara Cartas sin destino, fue lo último que supe de mi amiga Cris. Momentos después de haber cambiado su estado en las redes sociales por esta foto, se suicidó. En los días siguientes descubrí en quienes la habían conocido, y en la sociedad que nos rodea, la poca predisposición a intentar comprender al suicida.

El familiar o el amigo de quien se ha matado puede darnos un relato lógico, con final previsible. Pero, si reunimos las circunstancias vitales de esa persona en su conjunto, llegaremos a una misma conclusión. Con parecido nivel de sufrimiento, otras personas ponen un apasionado empeño en vivir. ¿Por qué los suicidas no? La ciencia, que puede proporcionarnos la cura, no ha sido aún capaz de responder de manera definitiva a esta pregunta.

El noventa por ciento de los suicidas padece depresión en el momento de su muerte. Una enfermedad a la que les predispone su genética, y que podría identificar a los potenciales suicidas, una vez identificados los genes exactos. Pero tener estos genes no significa desarrollar la enfermedad, y tampoco los factores ambientales necesariamente la desencadenan en la vida adulta. Algo que fue demostrado por el Palawan Suicide Project.

La etnia palawan, habitante de las islas de La Paragua, en Filipinas, fue escogida como objeto de estudio por dos razones. Una, que parte de su comunidad tiene una tasa de suicidio de 186 por cada 100.000 habitantes, cuando la media habitual en sociedades humanas está entre 10 y 15. Dos, que sus condiciones de vida carecen de los factores de riesgo que disparan los suicidios.

Los palawan viven de la agricultura y la ganadería, bajo una organización tribal que cuida de cada miembro de la comunidad, evitando que carezca de comida o vivienda. El maltrato infantil o de pareja no se da entre ellos, tampoco consumen alcohol ni drogas. Su cultura ensalza, además, la solución pacífica de los conflictos. Precisamente eligen a sus líderes tribales entre aquellos con más capacidad para dirimir disputas sin violencia.

Antropólogos y psiquiatras de varios países coordinaron la investigación para determinar qué motivaba tan elevado índice de suicidio, prolongándola durante diez años. Sus conclusiones fueron que entre los palawan con alta ratio de suicidio prevalece un patrón genético que les hace muy poco tolerantes al estrés, aumenta su percepción del dolor vital y les predispone a los pensamientos negativos. Al vivir en comunidades aisladas, su alta tasa de endogamia ha facilitado la presencia masiva de esos genes en su ADN. Tienen por tanto personalidades que no toleran los problemas, lo que hace el factor ambiental irrelevante, o, al menos, no determinante. En los palawan que no viven aislados, y sin esa genética endogámica, la tasa de suicidio es menor a 3.

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10 comentarios

  1. Juan Purroy

    Como lector agradezco la importancia otorgada en el texto al enfoque científico, herramienta imprescindible para la comprensión de cualquier aspecto del comportamiento humano. Sin embargo, no he podido evitar terminar la lectura con la sensación de que los conocimientos adquiridos gracias a dichas exploraciones estaban siendo arbitrariamente utilizados para apoyar el discurso de la parte que conserva y defiende una visión maniquea del suicidio y, en particular, con aquella que asegura con fervor su «maldad».
    Creo que, en este sentido, el mejor indicador es la última frase del texto, donde se explicitan las consecuencias negativas que el suicidio de una persona tiene sobre su círculo cercano. Existe en nuestra sociedad una resistencia a abdicar de las emociones que un hecho nos provoca a la hora de analizarlo, y ello supone una limitación en cuanto a las conclusiones que estamos dispuestos a aceptar. En este caso, la asunción del suicidio como proceso nosológico que debe resolverse impide explorar el asunto con la profundidad que merece.
    A pesar de esta discrepancia he disfrutado enormemente su lectura, y os animo a continuar explorando en el futuro el que es, como suele decirse, el único problema filosófico realmente serio.
    Un saludo.

  2. He disfrutado muchísimo leyendo, con los detalles y con la delicadeza y el cariño con el que el tema ha sido tratado.
    Gracias y un saludo.

  3. El título del artículo es bastante desafortunado

  4. Interesante contenido.
    Quisiera indicar que la palabra «suicida» infiere y describe a las personas que se han suicidado como alguien que ha cometido un delito, lo pone al mismo nivel que «homicida» y similar. Igualmente se suele utilizar la frase «ha cometido suicidio».
    Estas circunstancias agravan una realidad dolorosa, triste y muy preocupante por lo que tiene de estigma y enigma.
    Son personas ante todo que han sufrido tanto que no han sabido querido encontrado….no sé….otra salida, pero Personas… No podemos ni debemos sustantivar lo adjetivable.
    Gracias.

  5. Fernando Garcia

    De acuerdo básicamente con Juan Purroy. El enfoque del artículo resulta tan bienintencionado como maniqueo. Rebosante de ese buenísimo que pone los pelos de punta a cualquier espíritu “sensible”. Utilizó aposta este concepto tan cursi porque es el que el autor utiliza para delimitar el ámbito de sensibilidad que, según él, latiría tras la existencia de “todo” suicida. No me congratulo de ver publicado una ideología así en un periódico de tirada masiva, porque las palabras y las ideas distan de ser inocuas. Parafraseando a Rothko, “silence, is so accurate…”

  6. A mí, el título me parece apropiado porque no está dirigido a nosotros, afortunados poseedores del gen del optimismo a toda costa, que hace que veamos con desapego los horrores de la existencia: llegamos haciendo mal a una que nos deseó con pasión, nos vamos de viejos causando un cierto dolor que tendría que ser humillante porque tus deudos, en el fondo, no ven la hora de que te vayas. Ni hablar de las muertes de inocentes jóvenes. El hambre, las injusticias, las guerras, la avaricia, la crueldad hacia los animales, comprobar que estamos encima de un esfera rocosa que puede saltar por los aires en cualquier momento o por dos locos, que como decía Serrat se desafían para ver quién la tiene más grande. Es todo horrendo, sin embargo, hoy será un día hermoso. Lo presiento. Muy buena y desazonante lectura.

  7. Me ha molado artículo, desmitifica lo del suicidio y la depresión. El aura d no sé q movida especial nos pone. Donde hay dolor y enfermedad nos empeñamos en ver una sensibilidad fuera de lo común dotada de no sé q luminosidad, dentro de la negritud, q d algún modo la hace atrayente. Dejemos de regodearnos. Un vecino q mucho apreciaba d repente un día ya no estuvo. Me dolió mucho. A él la vida le había dolido más. Muchos años después piensas q la gran putada fue la ausencia d camino. Lo recuerdas a veces y en muchas ocasiones te reconoces suertuda por no haberte ido tu también. No, el sufrimiento no es luminoso…es una putada…
    (No somos sino seres d este mundo, aunque nos gusten las historias de seres extraordinarios, para eso están los relatos fantásticos y la ciencia ficción…)

  8. Buen artículo, quizá no tan afortunado el título… Una nota a pie de página, nada: hasta donde yo sé, la incidencia del suicidio -y no digamos de la depresión, eso es una epidemia- entre las gentes del occidente de Asturias y la montaña lucense es muy elevada también, así lo reflejan las estadísticas. Supongo que los vaqueiros por su mayor endogamia se prestan mejor al estudio, pero esa endogamia sospecho que no sea mucho mayor que en el resto de la población de la zona, debido al aislamiento que impone la orografía y la propia cultura. Sospecho, por lo que conozco personalmente, que la depresión (y secundariamente el suicidio) sigue siendo muy elevada entre aquellos que emigraron al centro de Asturias y sus hijos, pero de esto sí que no puedo basarme en estadística alguna que haya podido leer, es por lo que he observado en mi entorno -y qué narices, incluso en mi mismo-. Como los aborígenes australianos, y probablemente por las mismas razones, no somos capaces de adaptarnos al mundo moderno, que nos supera.

  9. Pingback: El dulce abandono de matarse | Web para la prevención del Suicidio

  10. Manny Manuel

    Me ha encantado, muchas gracias por compartir.

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