
La mitomanía que todo seguidor de arte profesa —del arte que sea, pero yo les hablaré de escritura como acostumbro— provoca que cuando nos encontremos delante de una obra de gran perfección nuestra mente transporte dicha sensación de exquisitez al autor de la pieza, como artífice de esa maravilla. Hasta hace relativamente poco, y para que la sensación de la lectura fuera más intensa, la dimensión tradicional de la historia de la literatura no solamente no frenaba ese impulso involuntario del lector sino que alimentaba el culto a la personalidad del literato, que en algunos casos prácticamente rozaba la hagiografía. De esta forma, los grandes escritores de todos los tiempos (Dante, Cervantes, Shakespeare) componían una especie de santoral para lectores, con unas figuras idolatradas y engrandecidas hasta el gigantismo. Los clásicos eran considerados una especie de caballeros templarios preñados de virtudes, y unos ciudadanos ejemplares que (además) habían ofrecido al mundo creaciones artísticas inolvidables.
Pero llegó el siglo XX y, como para casi todo, la cuestión se tuerce. La fábrica de santos mártires literarios se detiene, y en universidad y periodismo comienza a fomentarse exactamente lo contrario: la nueva moda no es pensar que Cervantes fue un prohombre, capaz a un tiempo de batallar, escribir como un dios y servir a una nación, sino que la crítica pone todo su empeño en derribar el mito, hurgar en la biografía buscando miserias, encontrando debilidades, revelando lados oscuros y aireando bajezas. Así, no hay temporada en la que no contemos con un estudio que, lejos de engrandecer la figura de un gran escritor, intente desmitificar y rebajar su biografía. Cervantes ya ha pasado por esa máquina trituradora de mitos, como también lo ha hecho Shakespeare, en un proceso imparable que solamente se detiene cuando se alcanza la dimensión cero de la literatura, que es cuando llegamos a la conclusión (también una moda editorial, no crean) de que Cervantes no fue Cervantes ni Shakespeare fue Shakespeare.
Aunque algunos defiendan la tendencia desmitificadora como una especie de justicia histórica, la cuestión en realidad responde a una moda que afecta de manera general a nuestra relación con los mitos. Freud llevaba razón cuando afirmaba que el deseo es el único y verdadero motor del ser humano. El ciudadano contemporáneo, que aspira a ser un ídolo él mismo (especialmente desde que las redes sociales le aúpan y animan en su loca carrera de seguidores), necesita que los grandes mitos se encuentren a ras de suelo, cuando no por debajo del pueblo. Algo así como si un señor bajito, deseoso de ser más alto, solamente tuviera que encontrar un barrio en el que todos fueran más bajos que él y mudarse inmediatamente al lugar. El consumidor de cultura contemporáneo necesita que los ídolos sean pedestres, débiles, que tengan sus bajezas, problemas y tentaciones, porque de este modo se encuentran más cerca de él mismo.
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Sobre este tema más en extenso, puede interesar:
http://despuesnohaynada.blogspot.lt/2017/02/crimen-y-castigo.html
porque no solo está el tema de la atracción por el nazismo de grandes pensadores, es que está la atracción por el nazismo de grandes científicos, y luego la atracción por el fascismo italiano, o por el antisemitismo en líneas generales de muchos artistas y pensadores importantes.
«El odio a los judíos de panfletos vergonzantes como Bagatelas para una masacre…»
Supongo que ha querido decir ‘vergonzosos’, esto es; que los panfletos producen vergüenza. Si son ‘vergonzantes’, significa que se avergüenzan ellos (los panfletos).
Lo de ser nazi viene muy bien para los que se creen lo mejorcito de la huerta. No es difícil caer en el supremacismo si eres un genio del pensamiento, de la ciencia o del arte, teniendo en cuenta la falta de humildad que nos caracteriza.
Cualquier bruto se piensa mejor que los demás sin más bagaje que el mero hecho de ser alemán, británico, inglés, hutu, español, catalán, japonés o católico, evangélico, sunní o budista zen; así que si eres un portento en algo, la tentación es grande.
Quizá nuestra mejor condición sea la de rústicos ilustrados.
En el caso de Heidegger, no era un racista biologico nazi , ni social darwinista , era mas bien cultural , como la propia metafisica cristiana incluido Kant y Hegel
la metafisica occidental era cristiana y lo judio y el judaismo estaba excluido de pertenecer a ella….recordemas además los feroces panfletos antisemitas de lutero
Desde luego el talento no tiene nada q ver con la bondad de una persona. Recientemente leí un libro d baltasar garzón (a quien admiro) y otro d Mario conde (quien da vergüenza) y puedo asegurar q el banquero es muy superior escribiendo que el juez.
El tema es interesante, me temo que casi ningún personaje relevante resistiría un repaso exigente de su vida. En realidad todo depende del dolor con el q uno mire. A botepronto se me ocurren casos de personajes históricos q admiro por su obra y que tenían enormes defectos, cuando no conductas delictivas y repugnantes. Desde ideas políticas controvertidas como los cineastas John Ford, Clint Eastwood, Reinchsfiestal, el pintor Dali, actos sobre menores de edad vomitivos como Polansky, Gandhi, woody Allen, Chaplin, Michael Jackson, acosadores como Hitchcock, mal padre como Einstein (no cuidó a su hija con discapacidad) , delatores como Elia Kazan… la lista de genios con biografía incomprensible es infinita. Lo ideal es quedarse únicamente con la obra, sin embargo ¿no es importante también conocer si sus ideas, pensamientos y obras para saber si fueron coherentes a las mismas y no unos hipócritas?.
Esos artistas sólo me dan lástima. Exactamente como Kevin Spacey, y, por lo visto ultimamente Woody Allen, pero no por esto dejaré de leer o ver sus trabajos. Han tenido el castigo merecido, en vida o póstumo. Cuando me enteré de la revelación de Gunter Grass, volví a leer El tambor de lata, y continuaba ahí, a regalarme las mismas emociones. Habría que leer todas sus obras. y especialmente aquellas que tienen que ver con el antisemitismo, porque, si es lícito decir que algo de bueno han hecho esas doctrinas infames, es que nos han mostrado como el mal absoluto puede contagiar a espiritus privilegiados. En el fondo, contra sus convicciones, nos han hecho un favor. Como siempre muy buen artículo.
Respecto al antisemitismo: no es lo mismo serlo antes del Holocausto, que después. Antes era una ideología más o menos aceptable, después no. Del mismo modo que si el anticatalanismo que se da actualmente en España acaba con un genocidio de catalanes será visto como una cosa diabólica y si no, como una cosa desagradable para los catalanes y poco más. Pero es que además Heidegger no era antisemita. En una entrevista a Der Spiegel reconoce que apoyó el nazismo brevemente porque no veía otra solución para Alemania, pero niega tajantamente, y lo demuestra con datos, que fuera antisemita (al menos en su comportamiento público). No tengo por qué no creerle.
En el caso de Céline, si uno lee Viaje al fin de la noche, se dará cuenta de que no hay ni rastro de nacionalismo, ni belicismo, ni racismo, ni antisemitismo, sino más bien todo lo contrario. Céline era pacifista y cuando se enteró del Holocausto quedó horrorizado.
El tema daría mucho de sí, pero yo en esto soy socrático: no creo que nadie haga el mal a sabiendas. El mal procede de la ignorancia o de la estupidez.
Tiene razón con el comentario socrático. Sólo desde la ignorancia se puede hacer el comentario del anticatalanismo español. Que no…, que ya sé que no es ignorante, lo que es es un supremacista catalán, a quien le gusta blanquear el supremacismo a un Heidegger o a un Céline, dos genios, pero dos cabrones también. No me extraña nada, sabiendo que no le gusta Clint Eastwood.
En primer lugar, si hay españoles anti-catalanes (que los hay), que se lo hagan mirar, pues estarán practicando una variante de auto-odio hispanofóbico: si odias tu mano u odias tu corazón, te estás, en definitiva, odiando a ti mismo.
Dicho esto, si en España hay algo llamativo a 29 de enero de 2018 es la situación de nacionalismo volkisch que existe en Cataluña, donde una patulea de defensores de corruptos pujolianos, de oligarcas barceloneses, de anarco-neocarlistas rurales y de progres pseudo-cosmopolitas, con su afán de superioridad étnica (los catalanes olemos mejor), están haciendo el ridículo y destrozándose social y económicamente, actuando como si fueran una colonia africana o asíática de los sesenta del pasado siglo.
Ojo, que el antisemitismo posterior a la II GM tampoco es que haya estado tan mal visto. Desde luego si en los paises occidentales, por lo.menos el antisemitismo mas «grosero», pero no en los paises del este, ni mucho menos en lis musulmanes.
el reptil asesino en carno en abraham lincoln y luego en adolf hitler luego este mis mo se guardo en sudamerica y nunca mas volvio para alla al norte pero la caca quedo hasta hoy en norteamerica odio racial por la guerra de secesion y en europa por el terrible nazismo.
Quizás el problema sea emitir juicios morales sin ahondar en las causas humanas del origen de lo ‘malvado’. Lo ‘malvado’ como tal no existe, existe el temor a ver reflejado aquello que pensamos que está mal en nosotros mismos en otras personas. Por eso deberíamos disfrutar de las obras de estos grandes talentos independientemente de sus biografías, y disfrutar de sus biografías para ver sus obras desde una perspectiva de necesidad expresiva vital. Sin dejar de lado las obras filosóficas, que en vez de ser vistas como obras adoctrinadoras e intelectualizantes deberían ser vistas como juegos y goces del pensamiento.
No dejaré de probar el rico pastel de la abuela porque azotaba con una vara a los cachorros. El hambre es el hambre. La literatura de Kafka ha sido, por ejemplo, permanentemente contaminada por la vida de Kafka, por su conducta fuera de la escritura, cuando era precisamente ahí donde Kafka surfeaba comi un dios. Un àpice de criterio y lecturas nos permitirá leer despejando bien lo que haya que despejar.
La verdad es que su comentario no hay por donde cogerlo, pero bueno, aclaro por si alguien ha interpretado mal mi escrito. He dicho que el anticatalanismo español podría llevar genocidio, pero podría haber dicho lo mismo del antiespañolismo catalán. Lo que pasa es que es algo mucho más improbable, por una simple cuestión numérica, no porque los catalanes sean mejores.
Pues anda que lo suyo…
Por la regla de tres que usa, ETA no hubiera existido, cuestión numérica.
El ejemplito de genocidio a partir del anticatalanismo español es una tontería o es desafortunado o ambas cosas a la vez.
Y le recuerdo, sí, Heidegger era un nazi cabron y Céline, otro. Eso sí, para leer con provecho me quedo con el francés.