
Es difícil señalar con exactitud en qué momento el personaje de John Barleycorn se coló en el folclore británico, aunque existe constancia escrita de que en el siglo XVI su nombre ya era protagonista de cantares populares que relataban sus desventuras. Lo extraordinario de todo esto es que John Barleycorn no es un ser humano, sino algo mucho más rebuscado: la personificación popular de la cebada, el ingrediente principal para fabricar bebidas alcohólicas como el whisky o la cerveza. Y de ese modo, todas aquellas baladas inglesas entonadas en los bares, y centradas en las penurias que sufría a menudo el propio Barleycorn, eran en realidad canciones dedicadas al cultivo del cereal. En 1913, Jack London publicó una novela autobiográfica titulada John Barleycorn: las memorias alcohólicas donde aquella folclórica personificación del alcohol se convertía en compañera de un autor muy aficionado a vaciar botellas. El libro contenía una zoopsia (alucinación con animales) muy concreta que se convertiría en clásico de las borracheras: los elefantes rosas, paquidermos que London utilizaba para definir a una clase de bebedor: «Existe un tipo de hombre conocido por todos que es estúpido, sin imaginación, cuyo cerebro ha sido mordido hasta el aturdimiento por gusanos entumecidos. Alguien que camina generosamente con las piernas extendidas y vacilantes, se cae frecuentemente en la cuneta y contempla, en el punto más alto de su éxtasis, ratones azules y elefantes rosas. Ese es el tipo que protagoniza los chistes de borrachos».
En 1941, Dumbo y Timoteo bebían agua de un cubo donde se había vertido champán por accidente y aquel botellón accidental propiciaba que ambos personajes presenciasen un surrealista desfile de elefantes rosas. Un número musical, conocido como «Pink Elephants on Parade», que tiene el honor de haber aterrado a varios millones de niños. «Pink Elephants on Parade» era un segmento extraño y fantasmagórico dentro de la película Dumbo: dibujaba paquidermos de colores chillones sobre un fondo oscuro y tenebroso. Unas criaturas que nacían de burbujas de alcohol y atravesaban trompetas reventadas, se aplastaban y troceaban entre ellos, bailaban, esquiaban, electrificaban y se multiplicaban durante una cabalgata musical donde una voz en off cantaba «Los elefantes en technicolor son demasiado para mí». Cinco minutos de alucinaciones que no tenían justificación alguna dentro de la película y no servían para hacer avanzar la trama, pero que acabaron convertidos en una de las escenas más icónicas del film. Disney no acostumbraba a permitir desmadres de ese tipo en sus películas convencionales (Fantasía, un año antes, era la excepción al nacer como un musical experimental) pero andaba más permisiva en aquel entonces como consecuencia de estar viviendo una época complicada.
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Muy buen artículo, por favor echa un ojo a Trols y la rave que montan. Y el doble sentido de comerse un trol. Por añadir un ejemplo más.
Y Mary Poppins y el gas de la risa? https://youtu.be/qWzq33CRPsw
Hay que decir al revés supercalifragilisticoespialidoso
¿Y Heidi? «Abuelito dime tú qué sonidos son los que oigo yo / abuelito dime tú por qué yo en la nube voy / […] dime por qué yo soy tan feliz / […] abuelito dime tú lo que dice el viento en su canción.»
Excelente artículo, la mejor escena de este tipo es la de dumbo, quien no ha pasado por una igual…
Como siempre muy interesante el articulo!