
En las oficinas de la DEA (la Administración para el Control de Drogas) de Detroit empezaron a ponerse nerviosos al repasar por enésima vez la contabilidad garabateada a mano que habían requisado a diversos narcotraficantes importantes. Y la culpa de tantas preocupaciones la tenían las imposibilidades logísticas presentes entre aquellos datos que amasaban los agentes: según el papeleo interceptado, en febrero de 2010 una operación clandestina había logrado colar doscientos cincuenta kilos de cocaína en las calles de Detroit. Lo llamativo en este caso no era tanto el volumen del alijo como el número de implicados, porque todo apuntaba a que aquella cantidad de droga había sido introducida en la ciudad por una única persona. Pero lo realmente sorprendente es que se trataba de la misma persona que también se las había apañado para volver a colar en la urbe otros doscientos cincuenta kilos de coca durante el mes de marzo de 2010. Y otro cuarto de tonelada a lo largo del abril de ese mismo año. Y doscientos kilos más durante mayo, a los que siguieron otros doscientos a lo largo de junio. En algún lugar del país se escondía un fulano con el superpoder de pasar completamente desapercibido que llevaba una década dedicándose a regar Detroit con cordilleras de farlopa.
Lirios de día
La familia Hemerocallis es una estirpe de plantas que destaca por lucir flores tan llamativas como efímeras por culpa de unos pétalos que gustan de abrirse al amanecer pero pierden el interés por seguir vivos a la altura del atardecer. Una secuencia que se repite diariamente durante los meses de floración gracias a la envidiable capacidad de la propia especie para reemplazar las corolas marchitas por nuevas flores a la mañana siguiente. Aquellos pétalos de las Hemerocalis se convirtieron en los principales responsables de la popularidad de la que gozaría este tipo de planta, por un lado porque su naturaleza de vida escasa propició que el pueblo llano las rebautizase con el menos científico pero más poético nombre de «lirios de día». Y por otra parte porque lo hermoso de su flor, unido a lo sencillo que resultaba crear artificialmente nuevas variedades, las convertía en un campo de pruebas perfecto para los horticultores que gustaban de jugar a ser Dios fabricándose sus propios ejemplares originales.
En la actualidad, el género Hemerocallis da cobijo a una quincena de especies naturales de las tierras asiáticas y a varios miles de variantes elaboradas por jardineros aficionados a hibridar flores y ver qué se obtiene removiendo ADN vegetal. Floricultores que por norma general aprovechaban para bautizar con su propio nombre a las creaciones engendradas. En 1986, una nueva Hemerocallis con pétalos teñidos en tonalidades lavanda, una zona ocular de gradación gris ahumada y una garganta verdosa, entraba a formar parte oficialmente de la enorme lista de lirios de día reconocidos. Aquella planta se llamaba Siolam Leo Sharp en honor al jardinero que se había encargado de elaborarla, un afable sexagenario veterano de la Segunda Guerra Mundial que tras servir a su país había decidido meterse en otros jardines y enfilar la flora.
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Con 87 tacos y pasó por lo menos 1200 Kg de farlopa de una punta a otra del país (!). Ya sé que es delito, pero no puedo menos que aplaudir.
Por lo visto jamás le faltaron emociones. Una libre elección de vida con todas las de la ley. Estos tipos me fascinan y una peli sería muy buena idea. Excelente divulgación.
Imaginar a Clint en ese papel es todo un gustazo. Dios quiera pueda realizarla.
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