El hombre es un ser social. Consustancial a su propia existencia, la necesidad de organización de las poblaciones humanas ha llevado forzosamente a la interactuación de los individuos que las integran, a la inevitable relación entre sus miembros y, en consecuencia, a la satisfacción de la exigencia de los seres humanos de poder comunicarse entre sí. Dicha comunicación, eminentemente oral y gestual en las sociedades más primitivas, evolucionó notablemente —tanto en su aspecto semántico como sintáctico— con la aparición de la escritura que, a su vez, implicó el desarrollo de los propios mecanismos sociales, que requerían un medio más estable y eficaz para el intercambio y almacenamiento de información. Con la escritura ideográfica y, fundamentalmente, con la cuneiforme, nuestra capacidad cognitiva aumentó de forma ostensible, dotando a nuestro pensamiento de estructuras y procedimientos que superaban las limitaciones inherentes a la naturaleza efímera de la comunicación oral. Avanzando en el tiempo, la escritura alfabética ha hecho posible el perfeccionamiento del pensamiento occidental, la especialización tecnológica y, en definitiva, el cumplimiento preciso de la función primordial de la comunicación, que no es otra que la transmisión de ideas. El impulso y progreso de la sociedad se han producido de forma paralela a la continua evolución de los sistemas de comunicación, hasta el punto de que la civilización actual sería inviable en un estadio previo de ese proceso. Siendo así, ¿tendría sentido que el ser humano acudiese voluntariamente a un modelo menos depurado de sus recursos comunicativos? Obviamente, y salvo en el caso de algunos programas de televisión, la respuesta es no.
Directamente relacionada con la comunicación del hombre se encuentra la exteriorización de lo hallado, creado o desarrollado a través de su intelecto —como la ciencia, el lenguaje o la religión—, siendo la expresión artística una de las formas esenciales de esta manifestación cultural. Siguiendo un razonamiento análogo al del párrafo anterior, ¿sería comprensible que el hombre perpetuase vías arcaicas de expresión artística y rechazase así todo el potencial que la técnica actual pone a su disposición? En coherencia con lo ya expuesto, sería una auténtica estupidez… Y sin embargo, lo hacemos. Los seres humanos seguimos acudiendo a la anciana y obsoleta literatura cada vez que creemos tener alguna historia que contar. Del mismo modo que sucede en lo estático con la pintura y la fotografía, es inútil que los siglos nos hayan brindado por fin un instrumento que permite el reflejo fiel y dinámico del universo, ya que todavía hay quien prefiere acudir a la narrativa, a la poesía o al ensayo y despreciar así al más completo vehículo de expresión artística que jamás haya existido: el cine.
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Me gusta leer y ver adaptaciones cinematográficas de mis libros favoritos. A veces me sucede al contrario, ver una película y salir precipitadamente a comprar el libro. Son dos mundos diferentes; la literatura y el cine que pueden coexistir y de hecho funcionan.
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El cine hace uso del lenguaje oral, el más prehistórico de todos, y ha generado gran cantidad de obras musicales, que son más del diez por ciento de las obras maestras de la historia, según ningún compositor. El avenzo que sopuso el lenguaje escrito no hizo peor el lenguage oral, que sigue teniendo el poder expresivo de la voz. De la misma forma, el arte cinematográfico no hace peor la literatura, que cuenta con mucha más libertad, ni la música, que requiere a menudo una atención única y prolongada. Recomendaría leer el libro si es mejor, ver la película si es mejor, o las dos cosas. Si la gente no tiene tiempo para el arte «arcaico», porque se ha propuesto ver 7400 películas y no le salen los cálculos, mejor que no lea nunca. Tampoco tendría que escuchar nunca una sinfonía (el inútil término no debería enseñarse en los colegios) si tiene canciones de tres minutos en el móvil.
jajajaja
¡Ten cuidado, que la gente te va a tomar en serio! ;)
Esto va a ser como lo de Matrix.
Jajaja, si, acabo de leer lo de Matrix y esto va en la misma vía pero aquí se nota mejor la ironía.