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Los periodistas mienten

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Raymond Vanker en Irún, 1936. Fotografía: Horace Abrahams / Getty.

Todo periodista que no sea demasiado estúpido o demasiado engreído para no advertir lo que entraña su actividad sabe que lo que hace es moralmente indefendible.

Janet Malcolm, El periodista y el asesino.

Los periodistas mienten, esto lo sabrá usted ya. Que no le tiente pensar que no es así solamente porque esto mismo lo diga el presidente de los Estados Unidos, a quien se le conocen tan pocas afirmaciones cabales. En eso acierta: los periodistas mienten. Mejor dicho: los periodistas mentimos. Con perdón por la primera persona, que es un tic muy feo, y con perdón por la paradoja; si un periodista dice «los periodistas mentimos» entonces él también está mintiendo, y por tanto los periodistas siempre dicen la verdad. No se líe, esto no es un acertijo. Los periodistas mentimos, punto.

Pongámonos un ejemplo. El periódico francés Paris-Soir, que llegó a ser el más distribuido de Europa, mintió durante la guerra civil española cuando publicó imágenes de Irún devastado por los bombardeos del bando sublevado. Ni eran fotos de Irún ni eran fotos de aquella guerra. Eran, por lo visto, de la ciudad belga de Ypres durante la I Guerra Mundial, un enclave tristemente recordado porque allí se lanzó por primera vez el gas mostaza (que por eso recibe también el nombre de gas iperita). Semejante fue la destrucción en Ypres que, veinte años más tarde, el París-Soar hizo pasar fácilmente las fotografías de aquella ciudad por imágenes tomadas en Irún el día anterior; nada quedaba en pie que delatase que ni era el mismo país ni era la misma década. Lo explica Raymond Vanker, un fotoperiodista francés que entonces trabajaba para aquel periódico y que precisamente pasó en Irún lo peor de la batalla. Sus fotos, las verdaderas, no las publicaron.

Mintió también Raymond Vanker para entrar en Irún. Engañó a su propio periódico, que había extendido una acreditación a su nombre, pero solo para cubrir el Tour de Francia, y engañó a la gendarmería francesa, que no permitía cruzar a España. Se presentó en la aduana de Hendaya como reportero de guerra, la más alta clase de reportero, pero no lo era; era reportero deportivo, la más baja clase de reportero. Su objetivo era un famoso futbolista español que andaba pegando tiros en alguna trinchera irunesa, o eso le habían contado. Un historión, como llaman los periodistas a esta clase de cosas. A eso, a su olfato con aquella historia y a su coraje para internarse por las ruinas de la ciudad, aduce los celos de sus compañeros y jefes en la redacción de París, y a esos celos aduce que sus fotos no salieran publicadas.

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2 comentarios

  1. »a los periodistas manufacturar la realidad »
    Describir la realidad que otros facturan y crean seria más mas correcto, ¿no?. ¿Cuales otros? Los propietarios del 90 % de lo existente
    »y negar que se están haciendo con las riendas del mundo».
    Si, cierto. Las tuvierón esas riendas, las perdieron ( 1.917) y las vuelven a retomar. Los avances y retrocesos en la propiedad de la riqueza, ahyy..

  2. Siento tener que leer este artículo donde se explican las manipulaciones de los medios de comunicación. Mucho ánimo a todos los periodistas que cuentan las cosas sin miedo a represalias de empresas o políticos sin escrúpulos.

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