
Antes me movía por donde quería, como el viento. Ahora me rindo y eso es todo.
Con estas melancólicas palabras reconoció su derrota final el legendario líder apache Gerónimo, uno de los principales protagonistas de la última gran guerra de resistencia india. La última y, siniestra realidad, perdida de antemano. Gerónimo y los suyos nunca pudieron y nunca iban a poder, aun a golpe de heroicidad, detener el cruel rodillo de la historia. Los apaches, como estaba escrito con sangre en la profecía ya cumplida para otras naciones indias, perdieron sus tierras y todo lo que habían tenido, incluyendo la opción de vivir a su manera sobre su propio suelo ancestral. Se desvanecieron bajo el constante acoso de dos nuevas repúblicas que crecían como la mala hierba, devorando tierras sin que nada pareciese saciar su hambre: los Estados Unidos y México.
Las mismas palabras de Gerónimo sirven para titular la última novela del escritor mexicano Álvaro Enrigue, Ahora me rindo y eso es todo, una crónica monumental, vivaz y absorbente de la desaparición de la apachería, aquel país que sabemos existió porque estuvo en los mapas, como cualquier otro país, y del que ya no queda sino el recuerdo. Del libro podría decirse que es una novela histórica, porque la narración novelada de aquel tiempo y aquellos sucesos domina buena parte del texto, además enriquecida con el detallismo erudito propio de un ensayo; Enrigue se documentó durante años sobre las guerras apaches y el esfuerzo se deja notar. De ese trabajo previo de preparación emergen decenas de deliciosos detalles y curiosidades históricas.
Pero también es una novela mestiza, en varios sentidos de la palabra; en ella encontramos la interpolación de fragmentos escritos en primera persona por el propio autor —o más bien, por una versión ficticia del autor— a modo de reflexión sobre lo escrito, y aún hay veces en las que diríamos estar leyendo un libro de viajes. Las páginas basculan entre épocas, entre la aventura y la crónica, entre el punto de vista del narrador impersonal y el de los personajes que forman parte de la propia trama. Esta estructura, ambiciosa sin duda, tiene vocación de epopeya porque el alcance de lo que relata es enorme, como visto desde el espacio, como contado por un demiurgo. Los personajes de Ahora me rindo y eso es todo forman parte de un retablo fatalista gobernado por el tiempo y para ellos todo ha de acabar como sabemos que acabó: con la desaparición de los apaches como nación soberana.
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He tenido la oportunidad de leer «Muerte Súbita» y me encantó, con algunas cosas no estuve muy conforme pero es más cuestión de estilo. Este me lo apunto, por supuesto.
Gracias por la información.