
«Los chistes que cuenta son malísimos, pero nadie sería capaz de contarlos tan bien como él», sentenció el periodista Rafael Torres al intentar resumir el terremoto que supuso para la comedia patria la aparición, a mediados de los noventa, de un nuevo tipo de humorista. Uno encarnado en un ser que se desplazaba entre espasmos, vestía camisas con más colores de los que puede procesar el cerebro humano y hablaba un idioma marciano. Alguien que, aunque pudiese parecer lo contrario, había nacido(1) en este planeta, concretamente en Málaga durante el año 1932. Se llamaba Gregorio Esteban Sánchez Fernández, aunque muy pocos en el país lo reconocerían por ese nombre, acostumbrados como nos tenía a mentarlo por su nombre artístico: Chiquito de la Calzada. En cuestión de días, el cómico se convirtió en celebridad a imitar. En unas semanas se había convertido en snack y también en juguete para amenizar recreos. Tras unos meses, su verborrea invadió uno de los videojuegos más influyentes de la historia. En 2006, el humorista ejerció oficialmente de taxista para Catwoman. En 2019, su imagen invadió incluso los casinos de leovegas.
Todo comenzó en el verano de 1994, cuando un programa titulado Genio y figura se aposentó en la parrilla televisiva estival para rellenar huecos con una propuesta que daba la impresión de nacer anticuada: contar chistes en televisión. Lo que nadie se esperaba era que entre los cómicos se encontrase Chiquito de la Calzada, sexagenario, cantaor de flamenco y usuario de un vocabulario propio que disparaba entre sacudidas extrañas. Algo tan fuera de lugar, y tan capaz de provocar la risa en los espectadores, como para convertirse en un acontecimiento inexplicable. Luis Antonio de Villena lo definió como «Una mezcla de sacristán y vendedora de garbanzos, un cruce entre un obispo exclaustrado y una madame con ingenio», Francisco Umbral agradeció a «aquel andaluz de parla fina» que «nos hubiese distraído a los nacionales de tanta corrupción, tanto narco y tanto muerto» y Javier Villán lamentó quejumbroso que «Un país que se empeña en imitar a Chiquito es un país inquietante». Los intelectuales no acababan de concretar si aquella persona tenía más de figura o de genio, pero todos estaban de acuerdo en algo: lo que hacía era tan contagioso como para convertirse en fenómeno social.
Tras las emisiones de Genio y figura, la gente comenzó a imitar a Chiquito en la vida diaria. Y poco después su efigie se estampó en los lugares y productos más inverosímiles. En semanas aquel malagueño obtuvo su aperitivo propio, un honor al que muy pocos pueden optar, en forma de Fistros comestibles. Un snack de cortezas de trigo que a su vez contenía en cada bolsa un juguete adicional: los Chiqui-tazos, la edición estampada con la cara del cómico de los tazos, pequeñas fichas de plástico que la chavalada de la época apilaba en columnas y trataba de voltear a golpes con otros tazos. Poco después, un Chiquito de la Calzada con cuerpo de culturista se convirtió en portada del disco Bolero Mix 11 mientras en el interior del álbum sus frases se remezclaban con los temas dance del momento. Aquel cedé se rindió tanto a la verborrea insólita del humorista como para incluir una pista compuesta exclusivamente por las frases utilizadas en el remix.
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Aquellos doblajes de Lucas Grijanderlll…
https://www.youtube.com/watch?v=Y-KY2xk9xLs
Imprescindible don Gregorio
No quiero parecer un exaltado, pero el tiempo y la perspectiva que da el mismo lo hace más y más grande.
Inventó palabras, consiguió que la gente caminara dando saltitos…puto amo
Siempre me hizo mucha gracia. Era verle y empezar a reír. Creó lenguaje (todavía me sorprendo soltando y oyendo por ahí algunas de sus expresiones). Y encima parecía (los que lo conocieron juran que lo era) buena gente. No sé qué más se puede pedir.
Mi hijo se llama Lucas, no te digo más ;)
Pues a mí este señor nunca me hizo la menor gracia. Se me ocurren muchos humoristas que me hicieron reir y mucho pero Chiquito desde luego no era uno de ellos.
No te angusties. Hay gente pa tó..
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