Arte y Letras Lengua

The ‘mañana’ culture

microphone boy scream singing
CC0

La lengua materna, o la que hablemos desde la infancia, condicionará nuestras vidas. Esto, dicho así, parece algo exagerado; no pocos señalarán que se trata de una afirmación sujeta a varias matizaciones. Sin embargo, lo que nos están demostrando los últimos estudios científicos es que el lenguaje que nos define lo hace de manera mucho más potente de lo que cabría imaginarse: no solo configura nuestra personalidad, la manera en que percibimos y nos perciben, sino que influye incluso en las decisiones que afectan a la economía de nuestro país en el corto y medio plazo.

Los estereotipos nacionales son tan antiguos como la historia de las civilizaciones y sus imperios. Cuanto mayor es el contacto entre ellas, más se afianzan. Para los españoles, los alemanes son cabezas cuadradas y los ingleses, unos borrachos (lo que no deja de ser llamativo, porque para los ingleses los borrachos son sus vecinos irlandeses). Las guerras también contribuyen a fijar imágenes y percepciones peyorativas del otro. Los ingleses tienen un buen catálogo de desprecios hacia los alemanes, algo que nos amarga la vida a los traductores, que tantas veces nos las vemos y nos las deseamos cuando nos toca verter al español esos nombres. Al final, después de muchas vueltas, la mayor parte de las veces acabamos por dejarlos en inglés y recurrir a la nota a pie de página. En estos casos, al contrario de lo que afirmaba Georges Mounin, la nota no es la vergüenza del traductor, sino la constatación de una realidad lingüística: el contacto geopolítico lo es todo en el devenir de una lengua o, como decía uno de mis profesores, la palabra siempre viaja adonde viaja el objeto.

El contacto con los españoles hizo que, ya en 1845, el diccionario Merriam-Webster registrara la palabra española mañana, no con su significado literal, sino con el de «en algún tiempo indefinido en el futuro». Por la percepción que tienen de nosotros viajó la palabra y hasta se nos atribuye un dicho que hoy se imprime en tazas y en camisetas en Estados Unidos: «Why do today what can be done tomorrow?» (‘¿Para qué hacer hoy lo que se puede dejar para mañana?’). A esta manera de entender la vida se la conoce ahora como the mañana culture y se nos responsabiliza de sus orígenes y sus consecuencias a quienes hablamos español. Muchos de ustedes habrán arqueado la boca o las cejas en señal de asombro. Lo entiendo, pues yo crecí oyendo lo contrario, «no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy», así que es algo que me sigue dejando perpleja (es el mismo tipo de perplejidad que siento cuando me dicen que trabajo mucho para ser andaluza). En el fondo, no hay nada como un buen estereotipo: una vez que echa a rodar colina abajo, es imposible pararlo y machaca a quien se ponga en medio e intente detenerlo.

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10 comentarios

  1. Muy interesante el artículo, pero quería comentar que se asocian comportamientos al lenguaje materno y también a la nacionalidad, porque normalmente coincide nacionalidad con idioma materno. En nuestro caso cuando se habla de que los españoles son de cierta manera, ¿de quién estamos hablando? ¿de los de lengua materna castellana, catalana, euskera, gallega? Una cosa es el comportamiento o percepción de las cosas en función de tu lengua materna y a veces los esteorotipos por nacionalidad. Un saludo.

  2. Yolanda Morató

    Hola, Isaac:

    Muchas gracias por tu comentario. En el artículo hay distintos ángulos y temas, que son principalmente dos: la lingüística y las percepciones estereotipadas sobre las lenguas y sus hablantes. En la parte en la que cito experimentos que se han hecho con neonatos (los de Kathleen Wermke), no se habla de nacionalidades, sino de la lengua nativa de la madre (https://www.cell.com/current-biology/comments/S0960-9822(09)01824-7). De lo contrario, los resultados no serían fiables. Lo podría haber matizado más y, en lugar de decir, «bebés alemanes», podría haber precisado con una fórmula como «bebés cuya lengua materna es la alemana», pero sinteticé por no alargar más el artículo. En la parte sobre los estereotipos, la imagen que los demás forman de nosotros es superficial y, por tanto, no abunda en detalles o matices; ni siquiera se tiene en cuenta la lengua que hablamos en casa. Ese es precisamente el mayor mal del estereotipo: borrarte la identidad para convertirte en una categoría en la que rara vez encaja alguien.

    Mil gracias por la atenta lectura.

  3. Lelé Terol

    Hola y mil gracias por este artículo.

    Mi novio es sueco y tiene el remedio universal contra la ansiedad de cuando uno llega cansado de trabajar y no quiere hacer ni el webo.

    Contra las fórmulas peyorativas del castellano que hacen referencia a eso, los suecos cuentan con la fantástica palabra «mys» (sustantivo) o «mysa» (verbo), que viene a significar algo parecido a «cosy» en inglés y es deporte nacional en las tardes de los días laborables. «Mysa» es algo así como el placer de sentarse a escuchar música calentito y abrazado a la parienta. Y está completamente generalizado, hasta tal punto que llevándolo al concepto justificaría que esté mal visto salir de cervezas entre semana.

    Otra palabra-concepto es «fika», que es el ritual del café al rollo cosy, entendiéndose como descansito en el trabajo o el momento de café en compañía con un pastelillo u otra parafernalia. Este momento de placer del café, fika, es de hecho tan importante que está implementado en los horarios de los puestos de trabajo.

    En conclusión, gracias de nuevo por este fantástico artículo del que tanto hay para hablar.

  4. Qué lujo de artículo…
    Me ha movido algo dentro la frase «el que sabe dos lenguas tiene dos almas», he pensado mucho en ello todos estos años. Viví «en italiano» cuatro años y me sentía con una personalidad distinta a causa de la inmersión psicológica en una lengua que, aunque tan cercana, en algunos aspectos notaba que me moldeaba el carácter haciéndome más flexible, menos cínico, más sensible, más propenso a la belleza. No sé si era la mayor presencia del subjuntivo (mayor sensación de incertidumbre pero también de que se podía adaptar uno a todo), un uso de diminutivos sin rastro de orgullo, el empleo más frecuente y menos sobrio de adjetivos relativos a la belleza, la constante presencia de fonemas sibilantes (/s/, /z/)… Quizá es solo una apreciación personal, pero durante mucho tiempo me sentí partido en dos: cambiaba de lengua y cambiaba de personalidad.
    Gracias por el artículo!

  5. Vaya qué buen artículo!, de esos que surgen y resurgen durante el día. Comparto casi en su totalidad el comentario de Fernando con respecto a las dos realidades lengüisticas. Excelente y gracias.
    El Futuro Indicativo es como un vendedor callejero que por motivos de levedad y desapego no logra convencer a ningún cliente: ¿Qué seré?, ¿dónde estaré?, ¿qué haré? grita el desgraciado como una voz en el desierto. En cambio, el Presente es un rudo y estropeado ex campeón de box, peso pesado envilecido e incoherente que babea mientras mastica a boca abierta cacahuetes, en tanto observan a una anciana aristocrática en decadencia que los ignora con soberbia mostrando su Perfecto emblema de Pretérito continuando a acomodar todas nuestras cosas, siempre esas, siempre ahí, siempre ayer.

  6. Carlos Chirivella

    ¡Genial!

  7. En el español rioplatense (como en inglés) nadie usa el futuro en el uso coloquial. Siempre es «ir a». «El fin de semana voy a ir al cine con amigos» «Cuando me jubile, voy a dormir todos los días hasta tarde». Debe ser por eso que las economías de los argentinos y los angloparlantes se parecen. Voy a meditarlo.

    • Elpeondelbien

      «Debe ser por eso que las economías de los argentinos y los angloparlantes se parecen…»
      Excelente comentario!

      Y excelente el artículo! Qué placer haber llegado a él!

  8. … Me iré por esos pagos que la memoria asfixia, haré de la rastreo una cuestión de estirpe identitaria sin otra brújula sonora que los latidos del corazón de mi mama, los mismos que heredé con ritmo de zamba, milonga y de tango después. Soy argentino, de los mejores, modestia aparte y sana, a pesar de que soy hijo de un gallego y de una tana… (Milonga del nativo rioplatense, de autor vernáculo desconocido y muerto sin duda)

  9. Pingback: The Mañana Culture pone su primera piedra con ‘Bravado’

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