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Nadie conoce a nadie (y menos aún a sí mismo)

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Detalle de la cubierta de La cadena fácil, de Evan Dara, publicada por Pálido Fuego.

Una de las opiniones que Heinrich Böll puso en boca del payaso Hans Schnier fue que si nuestra edad merecía un nombre ese era el de «la edad de la prostitución». Para Schnier, hay formas de prostitución que pasan completamente desapercibidas y hacen que la auténtica prostitución parezca una profesión honrada. La cadena fácil, la última novela de Evan Dara publicada en España, ahonda en estas formas de prostitución más sutiles a las que solemos prestarnos casi sin darnos cuenta (es decir, la amplia «gama de engorrosas concesiones que hacemos para lograr la aprobación y la supervivencia social») y en los efectos que esto tiene en nuestras relaciones, tanto con los demás como con nosotros mismos. De cómo el capitalismo ha calado en nosotros hasta lo más hondo, moldeando nuestro lenguaje, nuestros deseos y nuestra identidad, trata esta novela que aspira a mostrar el malestar y las contradicciones de toda una época.

Si de su primera novela, El cuaderno perdido (publicada también en Pálido Fuego), se dijo que igualaba en ambición a V, de Thomas Pynchon, y alcanzaba en calidad a William Gaddis, con este libro Dara sube la apuesta (y el listón) todavía un poco más. La cadena fácil es, digámoslo desde ya, uno de esos «ochomiles» literarios que imponen respeto, no tanto por su extensión como por lo exigente de su lectura. El protagonista de la novela, Lincoln Selwyn, se propone llevar a cabo lo que él llama «una corrección editorial. Una necesaria enmienda a la trama en auge de su lugar y su tiempo», y algo parecido podría decirse del propio Dara. Frente a la idea de que «todo tiene explicación, siempre», Dara propone una novela llena de cabos sueltos. Aunque la trama en sí no es complicada (La cadena fácil podría leerse como una retorcida historia de superación personal: un europeo llega a Estados Unidos, supera una depresión, crea su propia marca, logra el sueño americano y de paso se acuesta con las mujeres más deseadas de la ciudad…), en lugar de una historia con planteamiento, nudo y desenlace, nos encontramos con un relato lleno de nudos. Además, en contraste con los personajes bien perfilados de las novelas más tradicionales, Lincoln se nos muestra como una cortina de humo andante. Le conocemos a través de las conversaciones informales de sus conocidos, y la imagen que nos vamos formando de él acaba estando tan pixelada como la de Edvard Munch en la portada del propio libro. 

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6 comentarios

  1. Agustín Serrano Serrano

    Recomendaciones en tiempos de «guerra».

    Gran artículo, como siempre por parte de esta autora.

    Felicidades.

  2. Una divulgación literaria que hace reflexionar. Si somos autosuficientes como lo creemos, quiere decir que es difícil conocer al otro o al mundo que por lógica también lo son. Ca’ uno es ca’ uno y cada cual es cada cual, decía un gallego entrañable con una simplicidad desarmante. Un dilema, pero sí, supongo que sabemos poco o nada de nosotros y de los demás, menos aún del mundo, y para eso está el arte, en este caso la literatura con su peculiar lenguaje. Curiosa esa mención “…es decir, la amplia «gama de engorrosas concesiones que hacemos para lograr la aprobación y la supervivencia social»… que reivindica un poco al pobre Sheldon Cooper.
    Son gestos que la costumbre
    les quita esa valencia de unicidad,
    pero bien podría, antes de abrir
    la puerta de la casa o de la heladera
    saber que quiero encontrar.
    No me hecho jamás esa pregunta.
    En la primera, creo, entro para escapar
    e interrogo a la otra sin hambre
    para volverla a cerrar porque, a veces,
    el mundo es una gran pregunta,
    Iluminada y fría.
    Algo semejante me pasa con vos
    cuando de atrás, mientras tu atención
    está en tus flores y en tus plantas,
    te abrazo, buscando un refugio momentáneo
    porque no sé pa’ dónde andar.

    Muy buena lectura. Gracias.

    • blunsburibarton

      Mire que le digo. Aunque esta tenga sus cositas, le digo que le he leído poesías mejores, como la que dejó hace unos días en no sé que otra entrada. Pero me alegro de encontrarlo por aquí. Siga mandándonos más, aunque no lo parezca, a alguien le aprovecha.

  3. Perdón. Se me escapó una coma. Son tan rebeldes estas pequeñeces!… saber qué quiero encontrar.

  4. Un acento, c…! Son como los virus estas convenciones necesarias, aparecen y desaparecen cuando ellos quieren. Lo siento.

  5. blunsburibarton

    Mire que le digo. Aunque esta tenga sus cositas, le digo que le he leído poesías mejores, como la que dejó hace unos días en no sé que otra entrada. Pero me alegro de encontrarlo por aquí. Siga mandándonos más, aunque no lo parezca, a alguien le aprovecha.

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