
El doctor Dee llevaba tiempo avisando: existen ángeles bondadosos enviados para hablar con la humanidad. Bastan un médium y un espejo de obsidiana para comunicarse con ellos. Cientos de documentos escritos a finales del siglo XVI dan fe de aquel diálogo conducido en la mismísima lengua de Adán. También es la de Dios.
No era para tomárselo a broma porque John Dee (1527-1609) distaba de ser un advenedizo más en busca de notoriedad. Siempre hubo muchos de esos. La iluminación le llegó ya a sus cincuenta y cuatro años, y tras una vida dedicada al estudio más profundo de las matemáticas y la astronomía, entre otras ramas de la ciencia. Por si fuera poco, era consejero y confidente de la reina Isabel I: si alguien como él aseguraba haber tenido tales revelaciones, la Corona no escatimaría en medios. Edward Kelley, un colega médium, recibiría los mensajes a través de unas superficies reflectantes. Dee se encargaría de transcribirlo todo con la fidelidad que se le suponía a alguien de su posición y su trayectoria.
El ritual empezaba con plegarias a Dios, a ángeles y a arcángeles a los que invitaba a manifestarse. En sesiones que duraban entre quince minutos y una hora, a la pareja se le dijo desde el otro mundo que, además de otorgar poderes sobrehumanos a sus practicantes, la magia también cambiaría la estructura política de Europa y anunciaría la llegada del Apocalipsis. Pero más que una cantinela cacareada por iluminados de todas las épocas nos interesa su vehículo transmisor: los cientos de manuscritos y los libros que Dee y Kelley legaron a la posteridad están escritos en una lengua con un alfabeto propio a la que llamaron «adánico» o «angélico», y que se acabó bautizando como «enoquiano». Dee insistía en que el último en hablarla había sido el patriarca bíblico Enoc. Milenios después de su muerte —fue padre de Matusalén y bisabuelo de Noé—, llama la atención que haya dos versiones alfabéticas de la lengua que Dee le adjudicaba, aunque probablemente se trate de variaciones que obedecen al pulso de sus dos autores. La primera versión la encontramos en los primeros cinco «Libros de los misterios» escritos por Dee, mientras que la segunda, la más aceptada, está en el Liber Loagaeth del propio Kelley. Fue este último quien, en 1584, escribió en su diario una serie de diecinueve encantamientos mágicos con claves que comprenden cuarenta y ocho versos poéticos y que articulan gran parte del sistema de magia enoquiano.
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Ha olvidado, o quizás ni siquiera se ha molestado en conocer a Fulcanelli y su célebre frase (en ciertos círculos) sobre «la lengua de los pájaros, madre y decana de todas las demás.»
¿Podría reformular su opinión sin presuponer ignorancia o manipulación en el autor? Gracias de antemano.
No presupongo manipulación. Sé que poca gente recuerda hoy a Fulcanelli. Y el ocultismo nunca ha sido popular en estas páginas como no sea para presuponerle manipulación e ignorancia.
Reconozco que me has descubierto. Soros me paga por escribir contra el pedófilo de Fulcanelli para asegurarse la hegemonía mundial (previa purga de todos los pájaros).
No va de pájaros, tío listo. Va de alquimia.
«La lengua de los pájaros, madre y decana de todas las demás.». He leído mal.
Lo que no ha leído es «El misterio de las catedrales», el libro de Fulcanelli del cual está extraída la cita. Es una simple referencia en la que el autor no profundiza cuando habla del lenguaje y su magia.
Está muy claro que el hombre está olvidado :(
Me ha gustado mucho el artículo, Dee era poseedor de mucha sabiduría, pero el lenguaje angélico carece de importancia si queremos comunicarnos con Dios, somos muy preciados para Él. Con predisposición de espíritu y mucho amor, Dios siempre escucha. Saludos.
Eso es cierto. Pero hay varias formas de acercarse a Él.
Excelente lectura y divulgación. Gracias.
(Mirna dri cuampi saine – osheldiu – nufg trof quin – plaique tura – plaiqueut miniennaffi, su, ag, lev ulvus fresmiret).
No sería para nada confortable
saber
que mi primer padre gorgojeaba en
busca
de mi madre primigenia,
solo una oportunidad perdida,
una inocencia sin mayores
pretensiones
por la urgencia del sujeto,su verbo,
y sus declinaciones
de quien lo pronunció por primera vez,
tirano ávido que de frente a lo despojado y
despejado del mundo se proclamó rey.
La frase iniciática es aquella sobre la cual los participantes (pocos) de la Scuola per la Fratellanza Silenziosa estamos trabajando. Dentro de sus condiciones para poder participar y dar inicio a las clases, la escuela se arroga el derecho de elegir los futuros participantes para formar un grupo heterogéno. Se espera hasta obtener una cantidad de parlantes de distintos idiomas más o menos pareja. Es evidente que los italianos son aquellos que deben esperar más tiempo. Siendo yo de madre lengua argentina al igual que otra (deliciosa ella) pudimos acceder junto a asiáticos, árabes, rumanos,albaneses, rusos y africanos. El trabajo sobre aquella consiste en dar un libre significado en cada idioma, si es posible poesia y con rima.Como no se nos ocurría nada y la reflexión de más arriba no fue aceptada por demasiada larga, mi compañera, que toca la guitarra, propuso solo ponerle música ya que suena muy bien. Lo aceptaron. Con ella damos inicio y fin a las clases sin tener que estrujar nuestra fantasía.
Gracias también por los comentarios.
– «una lengua con un alfabeto propio a la que llamaron «adánico» o «angélico»»
No debería ser:
¿una lengua con un alfabeto propio al que llamaron «adánico» o «angélico»?
¿una lengua con un alfabeto propio a la que llamaron «adánica» o «angélica»?
– «Hablaríamos de ahora del protoindoeuropeo,»
¿Hablaríamos ahora del protoindoeuropeo.?