
Contaba Walter Benjamin que «hubo un autómata construido en tal forma que habría replicado a cada jugada de un ajedrecista con una contraria que le aseguraba ganar la partida(…) Con un sistema de espejos se provocaba la ilusión de que esta mesa era por todos lados transparente. Pero, en verdad, allí dentro había sentado un enano corcovado que era un maestro en el juego del ajedrez y guiaba por medio de unos hilos la mano del muñeco. Puede imaginarse un equivalente de este aparato en filosofía».
Dentro del carnaval —y del flamenco de Cádiz— se esconde un afrodescendiente —y la gitanería, claro—, que nadie ve, pero que maneja magistralmente la partida y siempre gana. La herencia y verdad de los «sonidos negros» de las que hablaba, y en las que creía, el cantaor jerezano Manuel Torre no pueden ser más claras cuando hablamos de Cádiz y del carnaval.
La Compañía Gaditana de Negros se funda en 1765 por emprendedores gaditanos blancos. Un acontecimiento comercial que realiza su primer y terrible viaje en la fragata Venganza. Se trae a doscientos cincuenta seres humanos. ¿Qué sonidos negros tendría la fragata al llegar al muelle?
El historiador Arturo Morgado en sus estudiosos sobre la esclavitud en la Baja Andalucía asegura que «en el período comprendido entre 1660 y el final de la centuria, los esclavos superan holgadamente el 10 % del total de bautizados, y entre 1670 y 1684 son incluso más del 15 %». Pero ni siquiera los muertos están a salvo de los vencedores, que escribía Benjamin. Sus rastros están borrados. Son inmateriales. O fantasmagóricos.
De la fecha de fundación de la cofradía del Rosario no tenemos constancia pero se sabe que estuvo en el hospital de la Misericordia hasta 1593. Y que fue fundada por esclavos y libertos negros. También se conocen los villancicos de las comparsas de negros de la catedral de Cádiz, ya citados, que fueron impresos en 1660 y tuvieron muchas ediciones posteriores. Y que en Cádiz aún existe el callejón de los Negros, en el que, con seguridad, estaba el almacén de la Compañía.
El callejón de los Negros
les quiere representar
a los esclavos cubanos
que vinieron de ultramar, (…)
cómo nacieron los tangos
al fundirse en el compás
de aquellos ritmos cubanos
y el sabor del Carnaval…
(El callejón de los Negros, 1985)
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.





