
Esta entrevistase encuentra disponible en papel en nuestra trimestral nº33 especial Argentina.
Silvia Gold es doctora en bioquímica y presidenta de la Fundación Mundo Sano, una organización que se dedica a luchar contra las enfermedades tropicales desatendidas. Nació y estudió en Argentina, pero, en 1976, tras el golpe de la Junta militar, se fue a Barcelona. Allí, ella y su marido fundaron un pequeño emprendimiento farmacéutico familiar que, con el tiempo, se ha convertido en uno de los grupos empresariales más importantes de América Latina. Charlamos sobre su vida y su carrera.
Usted y su marido Hugo toman un vuelo y se van a Barcelona tras el golpe de la Junta. Tenían hijos muy pequeños. ¿Cómo fue aquella decisión?
Yo me casé muy jovencita, con veintiún años, mientras estudiaba bioquímica. Estaba en el tercer año. Tuve mi primer hijo cursando quinto año, y me recibí en diciembre del 72, poco después de que naciese el segundo.
Eran años muy tumultuosos en Argentina. Perón volvió del exilio en el 72, sucedió el tiroteo en el aeropuerto de Ezeiza cuando aterrizó y cerraron la facultad un mes. En octubre, cuando nació mi hijo Mariano, cerraron la universidad y dieron el curso por terminado. Y es lo que más le agradezco a Perón, porque aprobé la cursada y me regalaron un mes de licencia por maternidad y me recibí en diciembre. Empecé a trabajar en la empresa familiar. Mis padres, los dos farmacéuticos, tenían un laboratorio. Yo trabajaba con ellos y al mismo tiempo hacía el doctorado en la cátedra de farmacognosia, trabajando mucho, porque además tenía dos bebés.
Eran años muy difíciles en la Argentina, las persecuciones de la Triple A… Veníamos acostumbrados a que hubiera golpes militares en nuestro país. Pero, a decir verdad, se veía que el del 76 iba a ser un golpe muy duro.
Mi papá nos convenció para que nos fuéramos. Yo me daba cuenta de que él hacia lo posible por sacarnos del país, porque todo era peligroso para una pareja joven en la Argentina. Hugo era psiquiatra, trabajaba en un hospital muy avanzado que buscaba introducir la psiquiatría en los centros sanitarios y no encerrar a la gente en los manicomios. Y yo tenía un nene de tres años, un nene de cinco, y mi papá trataba de convencernos: «¿Por qué no van a Brasil? ¿Por qué no van a México?». Y un día nos dijo: «¿Por qué no van a Barcelona?», y… ¡clic!, eso sonó lindo.
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«Argentina no ha acabado de despegar en estos últimos cuarenta años…» . Bonito eufemismo del entrevistador.
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