
Hace casi quince años, el 24 de febrero de 2007, sonó el «God Save the Queen» en Croke Park. Esto, así puesto, no dice nada. Pero fue un momento histórico. Y lo sigue siendo ahora que ha pasado más de una década, porque muchos creen que aquel fue el instante en el que de verdad empezaron a curarse las heridas de las relaciones entre Inglaterra e Irlanda. Croke Park es el estadio icónico de Dublín donde se celebran los encuentros más importantes de los Juegos Gaélicos, unos deportes típicamente irlandeses —el fútbol mezcla de fútbol y rugby, el hurling que parece hockey…— con siglos de historia y de mitos construidos políticamente detrás. Croke Park es también el primer sitio donde Irlanda tuvo un Domingo Sangriento, en 1920, cuando en pleno proceso de independencia el ejército británico irrumpió en el estadio lleno, abrió fuego y mató a catorce irlandeses. Croke Park es además un recinto centenario en el que nunca se había permitido que se jugara a «juegos extranjeros», que es como llaman los irlandeses al fútbol y al rugby inglés. Así que cuando se supo que Irlanda e Inglaterra disputarían un encuentro de rugby en Croke Park, cuando se supo que el himno inglés sonaría en el estadio dublinés, en esa catedral de la religión gaélica, de lo irlandés puro, de la historia, todos se echaron a temblar. Y al final pasó lo que tenía que pasar: nada. Sonó el himno por los altavoces, cantaron los ingleses y muchos irlandeses aplaudieron. Todo normal. Ni se quebró la tierra, ni se cerraron los cielos ni se apareció el fantasma del guerrero mitológico Cú Chulainn.
Bien, a mí lo que me gusta de este episodio no es esta parte, sino la que está detrás. Durante décadas estuvieron prohibidos esos juegos extranjeros en Croke Park y en Dublín había otro estadio, Lansdowne Road, para ellos. En realidad, una ciudad como Dublín y un país como Irlanda podrían haberse apañado solo con un estadio para todo, pero, bueno, la historia es así y los símbolos son los símbolos. Pero Lansdowne Road, se decidió, debía ser demolido para levantar un nuevo estadio. Hoy ya existe, se llama Aviva y costó más de cuatrocientos millones de euros. Se construyó ese estadio de nuevo para que allí pudieran disputarse los juegos extranjeros, para que allí se jugara al fútbol y al rugby, para que nos entendamos, porque en Croke Park estaban prohibidos, porque en Croke Park sería una herejía que se jugase al fútbol solo con los pies. Sin embargo, durante los años que duró la construcción del nuevo estadio, de 2007 a 2010 —por eso sonó aquel «God Save the Queen»—, se hizo una excepción y sí se permitieron los juegos extranjeros. Y, una vez hecho ese paréntesis de tres años, con el que ya dinamitaban todo el viejo simbolismo y toda la mitología, ¿por qué no levantar permanentemente el veto? ¿Para qué gastarse cuatrocientos millones de euros en otro estadio? Pues esto es lo que me hace a mí adorar a los irlandeses. Y supongo que es una simple cuestión de familiaridad.
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Que gran verdad. Me pasa exactamente lo mismo en la veces que voy a Irlanda. Necesito conectar conmigo mismo y me voy allí!
Lo mismo digo, pero yo soy de la diáspora irlandesa (uno de mis bisabuelos por parte de madre era irlandés)
Otra faceta de Irlanda (del Norte). Lean «No digas nada» y se les pondrán los pelos como escarpias. Gerry Adams, Dolours Price y otros provos y los británicos.
Me ha encantado leer el artículo.
Sólo puntualizar que aparte de su guerra contra los «brits» también tuvieron su guerra «contra ellos mismos», justo despues (la película «El Viento que Agita la Cebada» es una buena aproximación al tema).
Por otra parte, y despues de vivir allá unos cuantos años en diferentes partes del país, veo una diferencia muy grande en un aspecto, quizá por el tamaño del país: Irlanda es un país culturalmente homogéneo (a pesar de bromas como la PROC, la «People’s Republic of Cork), mientras que España no lo es.
Saludos!
Ahí va el comentario pedante del día. Irlanda homogénea??? Sólo Dublin en más dispar en sus acentos y tradiciones que toda España metida en una caja de zapatos. Hay que leer un poquito de JJ, no? Aunque cueste. España es más grande, más tribal y menos solidaria entre regiones. Pero no más heterogénea mal que le pese a los nacionalistas de todo pelaje
Lo de las témporas y el culo bien, ¿no? Te hablan de cultura y tu tienes que meter la política con calzador. Perfecto. En cuanto a tu juicio de valor pues ya sabes: por donde las témporas, James.
Dublín es tan dispar «en sus acentos y tradiciones» como cualquier gran capital europea, ni más ni menos. Pero los dos mismos idiomas (no acentos ni dialectos, idiomas) que se hablan en Dublín son los que se hablan en Cork, Waterford o Sligo: gaélico e inglés. La misma música tradicional que se puede oír en Dublín es la que se puede oír en Galway o Athlone. La misma literatura o cine que se produce en Dublín es la que se puede producir en Limerick o Kilkenny. El folklore también es el mismo.
Eso no ocurre en toda España, con lenguas, músicas y folklore diferentes en diferentes regiones. No así la literatura o el cine (con la salvedad de los idiomas en que se produzcan).
Tu tienes tu opinión basada en tu experiencia y yo la mía. No estamos de acuerdo, muy bien. Poco más que decir.
Saludos!
Estoy con Deithi. Un país donde existen Huelva, Palencia y Murcia no tiene que envidiar a ningún otro sobre variedad cultural.
Me ha encantado el artículo
Me ha hecho recordar la frase de Clint Eastwood en Million Dollar Baby, cuando le pone el apodo en gaélico: «Todo el mundo es irlandés o, al menos, quiere serlo»
Me parecía extraño que no surgieran discusiones. Que raza conflictiva son los europeos! Siempre peleándose entre ellos.
Como los griegos antiguos, y si estos lograron dejar algo para la posteridad no obstante no haber
conseguido una unidad nacional más que merecida por obtusos localismos, es muy probable que esta Europa apiñada de pueblos,
cada uno de los cuales religiosamente a la sombra siempre corta del campanario de sus iglesias pueda lograrlo. Por lo menos
ya tienen una bandera y un himno en los cuales comienzan a reconocerse. Y esto, que personalmente me parece de poca monta,
ya es algo. Mas pienso que, al igual que las Olimpíadas antiguas, el mejor aglutinante hoy sean el fútbol, el rugby, la
bici, la cerveza, el vino, los viajes, la TV, las ciencias,las comidas.(Por supuesto no aquella inglesa), en definitiva,
una cultura común que tardó tanto en manifestarse. Gracias por las lecturas.
yo solo se que cuando viajo a irlanda, según bajo del avión y me meto en el primer pub, siento una enorme felicidad. Y si, se parecen mucho a los españoles.
En efecto, según leo el artículo y las respuestas, no es única mi sensación cuando he llegado al Temple Bar o a cualquier otro, me sirven la Guinness y echo el primer trago, me digo a mí mismo: «ÉSTA ES MI CASA, ÉSTE ES MI HOGAR»
Viví en Dublín 3 cortos meses y coincidió con una celebración en septiembre u octubre, hicieron un acto en el Castillo y escuché uno de los mejores discursos que he oído en mi vida. En general era solemne, pero en un momento dado quien daba el discurso apuntó que la esencia irlandesa está en todo lo bonito que asociamos con ese país, pero que lo más irlandés del mundo es «comerse un kebab a las 5 de la mañana cuando llegas de fiesta a casa». Y no lo decía especialmente de cachondeo, no sé si me explico, lo había argumentado y era verdad. Dijo varias más aunque solo retengo esa, en la que he pensado bastante. Al final la diferencia que veo entre Irlanda y otros está muy arraigada, como dice el autor del artículo, en el sentido del humor, aceptar sus propias contradicciones y sus sombras, algo que echo en falta en casi cualquier país. Igual nos llama la atención esa honestidad.
Yo siempre me sentí como en casa en sus pubs y con la gente de allí, y siempre digo que son lo más parecido que he visto a los valencianos (como yo), pero entiendo que pueda ser extensible a toda España.