
(Este análisis contiene destripes de la película)
—Cuéntame nuestra historia.
—¿Otra vez? Vale, Frances. Vamos a comernos el mundo.
—Tú serás una editora increíble.
—Y tú una bailarina famosa y yo publicaré un libro muy caro sobre ti.
—Que todos esos capullos tendrán en su mesilla de noche.
—Y compraremos un piso en París.
—Y tendremos amantes, pero no hijos. Y haremos el discurso en la graduación.
—Y tendremos muchos títulos honoríficos.
—Muchos títulos honoríficos.
Este diálogo es de una de las primeras escenas de Frances Ha, una película de 2012, dirigida por Noah Baumbach, y escrita por este y Greta Gerwig, quien interpreta a la protagonista del filme. Esa conversación condensa la esencia del largometraje en gran medida. Son los sueños de una adolescencia tardía, los sueños de un adulto que aún no es del todo adulto, pero que pronto tendrá que serlo.
A pesar de que Frances Ha parece una película tierna y hermosa (cosa que también es, desde luego) realmente retrata una transición dolorosa en la vida de una persona. La historia narra cómo la protagonista, Frances Halladay, pasa de la juventud a la definitiva edad adulta, no sin antes ser vapuleada por la vida en más ocasiones de lo necesario.
Todos en nuestro recorrido vital podemos identificar un momento en el que crecimos de golpe. En el que la vida nos dio la primera hostia con todas sus fuerzas y nos hizo conscientes de que ya se habían acabado los dulces tiempos de las amistades fáciles, las responsabilidades ligeras y el no preguntarse por el futuro. Para Frances ese momento viene cuando su mejor amiga, Sophie, le dice que se muda, que ya no va a vivir más con ella y acaban peleándose y perdiendo la relación de amistad idílica que tenían.
En el momento en que Sophie comunica a Frances que se va del piso y que van a dejar de compartirlo todo, se produce la rotura del mundo en equilibrio y el primer mazazo para Frances. Ella y Sophie tienen una relación de estrecha amistad. Viven juntas, salen a comer juntas, fuman juntas en la escalera de incendios de su piso, duermen juntas y tienen un bonito y utópico futuro planeado, tal y como se refleja en el diálogo que abre este artículo, pero Sophie está cambiando. Algo pasa que hace que ya no case con Frances, que no se lleven de la misma forma porque no comparten los mismos intereses. Sophie ha abrazado la madurez que viene aparejada a la vida adulta (al menos de forma aparente) mientras que Frances ni siquiera se había planteado que en algún momento iba a tener que pararse a reflexionar sobre qué hacer con su futuro.
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