
Tú me dejaste de querer cuando más te necesitaba.
Es posible que buena parte de la cultura nacional tarareara este verso cuando el ya cesado ministro de Cultura, José Manuel Rodríguez Uribes, dijera al poco de comenzar la pandemia «Hoy toca pensar en los enfermos, en salvarles la vida y en parar el virus. Y cuando lo consigamos haremos todo para reactivar la cultura. Porque, como dijo Orson Welles, primero va la vida y luego el cine aunque la vida sin el cine y la cultura tiene poco sentido». Más allá de que estamos en un momento en el que cualquier comentario de casi cualquier político se toma a la tremenda y se huye de los matices como de la peste, donde la sutileza parece un pecado mortal, lo cierto es que el gran problema de este comentario por parte de Uribes estaba en que para el sector cultural confirmaba lo que ya intuía, tanto con su nombramiento como con la salida de su predecesor en el ministerio.
En un primer e inesperado giro de los acontecimientos (bueno, en realidad el primer giro tiene que ver con el ministro más breve de la democracia española, pero ese es otro tema) el actual presidente del gobierno, Pedro Sánchez, cesó a José Guirao como ministro de Cultura para entregarle la pequeña batuta de las políticas culturales de este país a un desconocido (para el sector) José Manuel Rodríguez Uribes. La cultura patria estaba razonablemente esperanzada con la labor que había comenzado a tejer Guirao, un gestor cultural de larga trayectoria, conocedor del tapiz cultural y sensible a sus necesidades. El cambio les/nos cogió a trasmano, por inesperado y porque había cierto consenso en la valoración razonablemente positiva de su trabajo. Este cambio no sentó bien, por quien salía y porque no se conocía a quien entraba. Si bien esto segundo no era tampoco un obstáculo insalvable para Uribes, lo cierto es que su declaración orsonwelliana terminó de confirmar esa falta de sintonía con el sector. La pandemia y la imposibilidad que de facto ha conllevado de desarrollar en este año y medio políticas culturales de peso, ha sido seguramente la puntilla a un experimento que ya nació con el pie cambiado.
Cuando el sector se encontraba instalado en una cierta aceptación crítica de una gestión que no terminaba de despegar por casi ningún frente, llega el segundo y también inesperado giro en esta historia, cese de Uribes y nombramiento de Miquel Iceta. Doble shock, primero porque no por deseado era esperado el cese de Uribes, y segundo porque nadie esperaba que un ministro que acababa de llegar a la cartera de Políticas Territoriales pasara así de repente a Cultura, repitiendo en gran medida el pecado original de su predecesor, desconocer el sector profesional y empresarial de la cultura de la piel de toro. Pero sorprendentemente, o quizás no tanto, esta mancha de nacimiento, esta falta de vinculación con la cultura, no ha sido tan mal recibida como lo fue en el caso de Uribes y digo que quizás no es tan sorprendente porque en el fondo está el alivio que conlleva la salida de alguien no querido, lo que anestesia el pecado original.
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Cinco direcciones generales en el Ministerio de Cultura, las cinco ocupadas por mujeres.
Miquel Iceta, no nos olvidaremos de su gestión con los trabajadores de la administración pública. Nos llevará sobre su espalda siempre.
El que haya cinco de cinco mujeres en las direcciones generales es ya de por sí muy positivo y significativo. El último párrafo quiere incidir en la necesidad de seguir trabajando de cara a fomentar una mayor presencia de mujeres en todo el sector (no tanto en el propio Ministerio), acciones que ya se desarrollan pero que aún tienen camino por recorrer, sobre todo en algunos sectores.
Que haya cinco de cinco mujeres en las direcciones generales lo que quiere decir es que viva el postureo y que a feministas nos nos gana nadie. Que luego el sector (como los demás) vaya mal tirando es lo de menos. Y que si Iceta vino a Madrid como ministro de Política Territorial para engrasar el tema de Cataluña, pero luego hubo que encajarlo en Cultura porque es colega y no le vas a dejar tirado, pues qué le vamos a hacer.
Lo del título universitario…Si Iceta fuera mecánico ajustador o electricista sería algo fantástico. Si es verdad lo que corre por ahí (lo tengo puesto en conserva pero si acaso) de que estuvo cinco años en primero de carrera y que acabaron echando de la Universidad o es un lerdo o un vago y un jeta. Y cualquiera de los dos perfiles no sirve.