Arte y Letras Historia Teatro

Margarita Xirgu, puñados de fuego y jarras de agua fría sobre públicos adormecidos

Margarita Xirgu en la década de los diez
Margarita Xirgu en la década de los diez. (DP)

A tres cuadras de la 9 de julio, «la avenida más ancha del mundo», y en pleno barrio San Telmo, está el Teatro Margarita Xirgu, en el Casal de Catalunya, un edificio de fines del siglo XIX que, apenas construido, se convirtió en centro de distintas actividades de la colectividad catalana en Buenos Aires. Para mí Margarita Xirgu no era más que el nombre de un teatro de Buenos Aires y después fue el nombre de una actriz: la española que hacía el repertorio de Federico García Lorca. Aunque tomó la nacionalidad uruguaya, Margarita Xirgu vivió mucho tiempo en Argentina y formó parte de la generación de españoles que llegó en los años treinta del siglo pasado. 

Argentina es tierra de inmigrantes. La historia cristalizada de la inmigración en este país —la que se aprende en la escuela, la que se repite en la calle— dice que «somos un crisol de razas» porque a los habitantes criollos y mestizos se sumaron los europeos que llegaban buscando la prosperidad de la pampa. Yo tampoco sabía lo que significaba crisol, lo repetía, como hacíamos todos. Supongo que habré pensado que quería decir algo como mezcla. El crisol, me enteré después, es un recipiente que se usa para fundir metales a altas temperaturas; lo que sale de ahí, lo hace de manera solidificada. El crisol de razas, entonces, se usa para graficar a esas sociedades con elementos heterogéneos que de forma gradual se van convirtiendo en una sociedad homogénea. 

La realidad, claro, siempre es más compleja.

Soy Calamari de apellido paterno y Ribas de apellido materno. Italianos y españoles. En los orígenes tengo esa característica que Octavio Paz señaló con sorna y que algunos compatriotas leen como signo de superioridad: «los argentinos descendemos de los barcos». Aunque a Argentina los barcos llegaron de todos lados, la inmigración española está desde el comienzo, desde la época colonial, mucho antes de que esto fuera un país. 

Cuando hace unos años la economía se empezó a derrumbar casi definitivamente, con el último empujoncito que le faltaba, toda una generación de descendientes europeos comenzó a desempolvar ancestros para conseguir la ciudadanía europea, sinónimo de pasaporte a una vida mejor. Formo parte de esa generación. Resultó que los Calamari y los Ribas habían llegado más o menos al mismo tiempo, pero hace demasiado tiempo. Se hacía imposible rastrear tantas partidas de nacimiento y defunción porque mis ancestros llegaron en la primera gran afluencia inmigratoria, en el último tercio del siglo diecinueve. Eso también lo aprendimos en nuestras clases de ciencias sociales: que hubo distintas «oleadas inmigratorias». 

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3 comentarios

  1. Lucio Anneo

    Muy buen artículo.

  2. Excelente artículo.

  3. Pingback: Las grandes mujeres detrás de nuestra nueva colección de papelería — Joyas para todos

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