Deportes

Paul Canoville: cuando tus hinchas son tu peor enemigo

Paul Canoville. Foto Cordon.
Paul Canoville. Foto: Cordon.

Ganar un trofeo en fútbol vale una buena onza de gloria. Venderlo, eso ya depende de lo enganchado que estés al crack. A Paul Canoville le bastaron un ticket de metro a Dalston, norte de Londres, cinco minutos en una joyería y setenta libras para empeñar su medalla de campeón de la Segunda División inglesa con el Chelsea. Por la recompensa, el joyero, o no era futbolero, o no era del Chelsea. Pero bastó: «Cogí ese puñado de billetes y me largué directo a comprar crack».

Canoville hizo historia en el fútbol sin darse cuenta. Fue el primer jugador negro en ponerse una camiseta de los blues en partido oficial y a nadie le importó un carajo. Una de esas páginas en minúscula que adquieren valor solo décadas después.

Fichó en diciembre de 1981. Los duros ochenta de Thatcher. El fútbol británico era obrero, frío y racista. En el Chelsea, todavía peor. Los hooligans del Chelsea eran una banda de ultraderechistas con malas pulgas, afiliados al National Front. El 12 de abril de 1982, cientos de ellos se desplazaron hasta Selhurst Park para seguir a los blues en el derbi contra el Crystal Palace. Mediada la segunda parte, el míster, John Neal, lanzó un silbido a Paul Canoville: «Canners, ¡calienta!».

«¡Lárgate, puto negrooo!». «¡Fuera de aquí, monooo!». A Canoville empezaron a caerle patadas de las que no dejan hematomas pero duelen durante años. Jamás pensó que la afición de Selhurst Park —donde, años después, Éric Cantona reventó la cara a un hincha listillo de una patada voladora— fuera tan despiadada con los rivales. Miró de reojo hacia atrás, a las gradas su banda. Los gordos desencajados que le mandaban a la copa de un árbol no llevaban bufandas del Crystal Palace. Iban de azul. Agitaban banderas del Chelsea. Eran los suyos, por así decirlo. Entonces, un plátano aterrizó a sus pies. Y los gritos aislados se convirtieron en un coro organizado: «No queremos al negro, no queremos al negro, lalalaaaa, lalaaaaa».

«Me sentía revuelto hasta físicamente. Estaba aterrorizado. El balón salió y entré por Clive Walker, que había marcado el único gol del partido. Los gritos fueron a peor. Por suerte, el partido acabó pronto y me refugié en el vestuario, con aquellas crueles voces persiguiéndome», escribe Canoville, en su autobiografía Black and Blue.

Sentado, con la cabeza entre las manos, recibió alguna palmada, algún prescindible «¿todo bien?» y unas palabras del entrenador: «Paul ¿qué tipo de gente crees que son? Pagan un dinero que les cuesta mucho ganar para ver a su equipo en casa y fuera, y abusan de uno de los jugadores que puede ayudarles. Así de estúpidos son». La única gasa que llevarse a la herida. Pensó que, partido a partido, la cosa cambiaría. Se equivocó. Cuando , con 0-0, marcaba, algunos coreaban: «Seguimos 0-0, el del negro no cuenta».

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3 comentarios

  1. Gran artículo, yo personalmente no conocía la historia de Paul Canoville. Me preguntó quién será el ex-compañero que le ayudó a escapar del infierno, las buenas personas merecen ser reconocidas.

  2. Muy buen articulo. Tampoco yo conocía esta historia. Me interesa la biografía.
    Una duda: los artículos de JD no parece que son cada vez más cortos?? Como si, por parte de la dirección, estén dando la orden de que sean más breves?? O igual es cosa mía…

    • Ángel L. Fernández Recuero

      No, no hay ninguna indicación al respecto. De hecho, en abril hemos tenido que dividir varios artículos que tenían más de 5.000 palabras.

      Lo más probable es que te hayas quedado con ganas de más en este artículo y por eso lo percibes como corto, y eso es una buena noticia. Esperemos que nadie comente que le parece que los artículos ahora son más largos :)

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