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Bill Walton o la prodigiosa historia del hombre que ganó dos anillos de la NBA jugando con un solo pie

Bill Walton, en su etapa en los Blazers. Foto NBA.
Bill Walton, en su etapa en los Blazers. Foto: NBA.

Bill Walton se despierta de la siesta en Portland, Oregon. Es un 28 de febrero de 1978 y la casa está tranquila. Ni rastro de sus habituales compañeros de charla y rebelión. Ni rastro, por ejemplo, de Jack Scott o de su mujer, «Mickie» McGee, miembros del Radical Sports Movement y amigos en el pasado de Patty Hearst, la nieta del magnate que una vez fue «Ciudadano Kane», secuestrada por el Ejército Simbionés de Liberación en 1974 y miembro activo de dicha banda terrorista durante los dos años posteriores, hasta su detención e ingreso en la cárcel en 1976.

Walton, con sus casi 2.10 metros, su enorme envergadura, su pelo rojo rizado y largo, es el amo y señor de la NBA. Cuatro años después de ser elegido número uno del draft por una franquicia en pañales, los Portland Trail Blazers, y tras multitud de lesiones y molestias de origen desconocido, Walton por fin parece haber desbancado a Kareem Abdul-Jabbar como la referencia entre los pívots de la liga. Walton es más fuerte que Kareem, defiende mejor que Kareem, entiende mejor a sus compañeros y —dicen los malpensados— es mucho más blanco, con todo lo que eso aún conlleva en los Estados Unidos de los años setenta.

Son dos «bichos raros», en cualquier caso. Dos estrellas que procuran mantenerse lejos de los focos de la prensa, de ahí que la prensa se muestre siempre recelosa con ellos. Otra cosa son los aficionados. Los aficionados ven con suspicacia a Kareem porque Kareem es el gesto hosco y la mirada perdida ante la petición de un autógrafo. Kareem es la representación de los movimientos islámicos de liberación del hombre negro. Walton es más inofensivo, más juguetón: un vegetariano new age que se piensa libre, que escucha a los Grateful Dead antes de todos los partidos y al que le gusta salir por ahí con los miembros de la banda.

Un radical, sí, pero un radical del «dejadme en paz y aceptadme como soy». Un hippie nacido en la década equivocada. No hay odio en Walton aunque lo habrá con el paso de los años. O, más bien, resentimiento. En febrero de 1978, Walton es el único aspirante al MVP. Los Blazers están intratables. De los sesenta partidos disputados en la temporada regular, han ganado cincuenta. Walton solo se ha perdido dos. Sus números lo dicen todo: 18,9 puntos; 13,2 rebotes; 5 asistencias, y 2,5 tapones. No intenta que el equipo juegue para él, sino que él juega para el equipo y de esa simbiosis se beneficia. Lo que aprendió en California, vaya. Lo que le enseñó John Wooden en UCLA y tanto le gusta a Jack Ramsay.

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4 comentarios

  1. Muy buen articulo.

    La desintegracion de los Blazers de Walton, aquellos que iban a marcar una epoca y se quedaron en la cuneta como su estrella, la cuenta David Halberstam en su fantastico libro «The breaks of the game».

    A mi Walton siempre me ha parecido, de las estrellas historicas, las mas sobrevalorada de largo. Siempre se le juzga por su cortisimo momento en la elite, por ese fantastico pico de juego, y no por su carrera como a los demas. Walton esta idealizado por lo que pudo haber sido mucho mas que por lo que fue. Sera porque es blanco? porque su imagen con los Blazers del 77 es iconica? Lo mas probable es por su apoteosica carrera universitaria, que fue lo que de verdad le hizo famoso. En su epoca la NCAA tiraba mucho mas que la NBA.

    Como comentarista/periodista siempre tiene una opinion sobre cualquier tema que salga, aunque no tenga ni la mas remota idea de los que habla, es muy cansino. Y escribio la peor autobiografia de la historia del baloncesto, mucho mas centrada en sus correrias con los Grateful Dead que sus experiencias con las canastas.

    • Totalmente de acuerdo con tu valoración. Walton, admitiendo su calidad, siempre me ha parecido un jugador sobrevalorado. Aunque también hay que reconocer que fue la clave para ganar la final de 1977, probablemente una de las mayores sorpresas de la historia de la NBA, y la primera de la serie de tres derrotas de los Sixers antes de ganar el anillo en 1983. Poco balance para un equipo -Filadelfia- que en el período 1976-1983 acumuló el mejor porcentaje de victorias de la liga.
      Por cierto, en el artículo hay un dato erróneo: en 1987 los Lakers ganan el título en el Forum LA, no en Boston. Es en 1985 cuando ganan el anillo en el Boston Garden.

    • Bill Walton fue el único pívot capaz de hacerle frente a Kareem en los 70, aparte de un otoñal Wilt. Era capaz de jugarle de tú a tú al mejor del mundo, que tenía los mismos anillos que él hasta que se le sumó Magic. Es cierto que las lesiones le lastraron, pero cuando no fue así era la estrella de la liga. Nada que ver, por ejemplo, con otro gigante atormentado por las lesiones, Ralph Sampson, que ni cuando estuvo bien fue el jugador que se esperaba. Walton sí lo fue, aunque con destellos porque la salud no se lo permitió.

      Walton no estaba sobrevalorado, era un pedazo de jugador que aportaba en defensa y ataque y no era nada egoísta, lo que tiene más mérito en aquella NBA de chupones. Hay vídeos de su trayectoria en Portland, y parece un Larry Bird de 2,13. Jugando al 50 por cien y a ratos, fue un espectáculo su participación en los Celtics del 86, posiblemente el equipo que mejor ha jugado en toda la historia.

      Enhorabuena a Guillermo Ortiz, gran artículo.

  2. Óscar Villares

    Wilkens dejó unas declaraciones proféticas cuando fue destituido, y al día siguiente anunciaron la contratación de Jack Ramsay. «¿Y si ahora Waltonbse mantiene sano y son campeones?». Wilkens estaba convencido que era lo único que le faltaba a los Blazers para poder mostrarse como un equipo contender, que Walton evitara las lesiones durante la mayor parte de la temporada. Wilkens solo pudo contar con él la mitad de los partidos y en ocasiones intermitentes.

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