
El cine de acción contemporáneo comenzó con Predator, tanto ricos como pobres merecemos casas cómodas y de calidad, y no hace tanto que el sexo estaba en todas partes. Apuntes, reflexiones e información como estos han dado forma a nuestra revista esta semana, y te lo resumimos todo en este Jot Down News #14, sección por sección, artículo por artículo para que no te pierdas nada.
Cine y TV
La crónica de la caída del cineasta John McTiernan parece sacada de un tebeo de Mortadelo y Filemón. No parecía tan insensato en sus entrevistas, este visionario que contribuyó a crear una nueva forma de concebir el cine de acción con Depredador, La jungla de cristal, y La caza del Octubre Rojo. Pero cuando después de ese atronador éxito empezó a tener fracasos comerciales perdió la cabeza. Y la primera barrabasada que hizo fue traumatizar a Omar Sharif. Nos lo cuenta Emilio de Gorgot en «Depredador: la magistral deconstrucción del machote (1)».
La segunda parte del artículo anterior es un análisis concienzudo de la película Depredador, la base magistral sobre la que el director formó el nuevo cine de acción. El largometraje reúne una serie de claves que hoy tenemos asumidas, actores con músculos que sí saben actuar, un personaje femenino fuera de los estereotipos, la inclusión del suspense y el terror, ambigüedades homosexuales… Y muchas más lecturas, en «Depredador: la magistral deconstrucción del machote (y 2)».
Arquitectura
Cuando Berlín se convirtió en capital de la cultura y la tolerancia tras la reunificación de Alemania en 1990, allí estaba este arquitecto que este año ha sido Premio Pritzker, el Nobel de arquitectura. Nacido en Burkina Faso, consiguió una beca para estudiar carpintería en Berlín, desde la que entraría en la Escuela Superior de Arquitectura. Su idea, una vez graduado, fue hacerse famoso en Occidente y a la vez recaudar fondos para desarrollar proyectos en su país natal. Lo ha conseguido con creces. Él es «Francis Kéré y la arquitectura de la infancia». Por Laura Mínguez.
Sexo
Hasta hace muy poco, y en contra de lo que pudiéramos pensar, el sexo estaba por todas partes en un mundo de habitaciones abarrotadas y camas compartidas. Las fuertes restricciones morales convivían con aceptadas prácticas de sexo oral entre amigos, masturbaciones, y todo lo que no incluyera la penetración. Tenemos ejemplos en la literatura y en las crónicas históricas y judiciales, como nos relata Álvaro Corazón Rural en «Sexo seicentista y dieciochesco».
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