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Tigrán Petrosián: cuando el ajedrez es una trinchera

Tigrán Petrosián
Tigrán Petrosián disputa varias partidas de ajedrez simultáneamente en Londres, 1978. Fotografía: Getty.

A los trece años empecé a trabajar barriendo calles en mitad del invierno. Era horrible. Por supuesto, en esos tiempos no había máquinas, así que tenía que hacerlo todo a pulso. Y yo era un muchacho débil. Me avergonzaba ejercer como barrendero; esta era una reacción natural, supongo. El trabajo no era tan horrible por la mañana temprano, con las calles aún vacías, pero cuando amanecía y las multitudes salían de casa llegaba a odiarlo de verdad. Me puse enfermo y perdí un año de colegio. Teníamos una babushka, una hermana de mi padre, que me salvó la vida. Me daba pan para comer cuando estaba enfermo y hambriento. Por entonces empecé a sufrir los problemas de audición, pero no recuerdo cómo sucedió. Todo lo relacionado con aquella época está borroso.

Se dice que la personalidad de los ajedrecistas se refleja en su estilo de juego. Es evidente en algunos casos, pero no tanto en otros, así que quizá hablamos de una hipótesis imperfecta. Eso sí, se cumple a la perfección en el caso de Tigrán Vartánovich Petrosián, el «Tigre de Acero», superviviente de la miseria y el hambre, luchador tenaz, noveno campeón mundial de ajedrez. 

Antes de que su vida diese un giro dramático, el pequeño Tigrán fue un alumno superdotado. Su padre, Vartan, trabajaba como conserje en una residencia para militares retirados de Tiflis, donde la familia podía ocupar un pequeño apartamento en el ático. Vartan era analfabeto, pero veía en el estudio la única vía de escape para sus hijos, fomentando la pasión de Tigrán por la lectura. Le gustaba menos que Tigrán se aficionase a los naipes y otros juegos de mesa con los que pasaban el tiempo los jubilados residentes en la institución. El niño leía y estudiaba, pero no solo aprendió aquellos juegos, sino que no tardó en vencer con regularidad a los adultos. Solo se le resistía, curiosamente, el ajedrez. Le intrigaba por su complejidad, pero no se atrevía a pedirles a los adultos que lo incluyesen en las partidas.

Cuando tenía trece años, sus padres murieron con una diferencia de pocos meses. La escasez generalizada que produjo la guerra contra la Alemania nazi estaba golpeando con dureza a la población. Para no quedarse sin un techo, y con un hermano menor al que alimentar, Tigrán se hizo cargo de las responsabilidades que su padre había ejercido como conserje del asilo. Por las mañanas trabajaba antes de acudir al colegio. Una vez terminadas las clases, volvía a trabajar. Entre sus tareas había que una que detestaba especialmente: barrer las calles contiguas en mitad del gélido invierno. Siendo un niño débil, enfermizo y desnutrido, no tardó en enfermar. El trauma sobre lo sufrido durante aquellos años debió de ser considerable, pues dio paso a un olvido selectivo. El mismo Petrosián que en el futuro, durante los torneos, encendía y apagaba su audífono a mitad de partida —uno de sus más reconocibles gestos— no conseguía recordar cómo había adquirido su característica sordera. Pero había sobrevivido. Y se había hecho más fuerte.

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6 comentarios

  1. Pingback: Tigrán Petrosián: cuando el ajedrez es una trinchera – Jot Down Cultural Magazine – Conavegación | Blogosfera

  2. Hay que citar aquí a Lajos Portisch, el campeón húngaro que fue su némesis. Petrosian acuñó el término «antígeno» para señalar a un adversario al que se vence, pero al que la derrota mejora de tal manera su estilo que se convierte en una cepa completamente resistente a tu estilo de juego.

    • Muy bueno. O sea, le ganas una vez pero ya lo dejas vacunado. El anecdotario del mundo del ajedrez es inagotable. La galería de personajes pintorescos también. Seguramente sea una de las actividades donde se ve un porcentaje mayor de personalidades excéntricas.

  3. No he jugado al ajedrez en mi vida pero me fascinan y enganchan los artículos de ajedrez del jot down como pocos. Felicidades.

  4. Wow!, gracias por este articulo.

  5. Sergio Dueñas V.

    Exelente artículo!!! Yo tampoco he jugado al ajedrez más allá de saber cuáles son los movimientos de las piezas, sin embargo, todos los artículos en jotdown sobre el tema me han resultado muy interesantes, mil gracias al autor y felicitaciones.

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