
Jot Down para Terras Gauda.
En las tierras atlánticas que baña el Baixo Miño, con Portugal en la otra orilla, el municipio de O Rosal contiene todas esas cualidades que identificamos como gallegas. El verde siempre presente del estuario del río y de su afluente el Tamuxe. La Galicia mágica de los petroglifos, la piedra de molinos, castros y catedrales, los mil vestigios de todos los pueblos que llegaron a lo largo de la historia y no pudieron resistir quedarse. Y a qué sabe una tierra como esta. Quien haya viajado sabe que todo lugar visitado tiene en la memoria un sabor. Aquí en las Rias Baixas ese sabor se bebe en forma de un vino insólito. No solo por su sabor y carácter, sino porque su historia nos recuerda a aquellos pioneros de la informática que empezaron en un garaje. En este caso fue en viñedo donde un hombre aplicó el conocimiento y la tecnología para acabar convirtiéndolo en un referente mundial. Manteniéndose a la vez tan fiel a su tierra de origen que reclamó para su bodega el apelativo con el que los suevos llamaron a este lugar. Terras Gauda. Tierras de la alegría.
Para comprender mejor su historia, y en lo que se ha transformado, hablo con Antón Fonseca, segunda generación de la bodega. Y no tarda en salir a colación Alcarrás, cuando me cuenta que una parte importante de los viñedos no son exactamente propiedad de ellos, sino que funcionan como concesiones a las comunidades de montes. En la película de Carla Simón los que construyen su vida en torno a la tierra, sin poseerla, son desplazados de ella por el más rentable negocio de placas solares. Aquí la competencia son los eucaliptos y pinos, la rápida rentabilidad de la madera frente a la maduración lenta del viñedo. Pero ellos han logrado la fidelidad de los vecinos gracias a un proyecto que arrancó con una pequeña producción, apenas 37 000 botellas. Le pregunto si su padre imaginaba que eso acabaría con una bodega internacional, cuatro sedes en distintas D. O. y más de 2,5 millones de botellas. Sonríe para decirme que la frase que más repite el fundador es «yo tardé ocho años en darme cuenta de que era bodeguero y empresario». A José María Fonseca, economista, funcionario del antiguo INEM, hoy Emprego, y fundador de Terras Gauda, le pudo más en su proyecto el corazón que la cabeza.
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