
Nos encontramos con Conchi Lillo (Río Tinto, 1973) en el entorno de Naukas Valladolid, una cita a la que no falta ningún año. Conchi es una de las neurocientíficas más reconocidas en el mundo de la divulgación española. Licenciada y doctora por la Universidad de Salamanca, se dedica a la investigación en enfermedades degenerativas del sistema visual y del sistema nervioso central, como la degeneración macular asociada a la edad o la retinosis pigmentaria. Es profesora titular de Biología Celular en esta misma universidad y trabaja en el Instituto de Neurociencias de Castilla y León, donde investiga los mecanismos celulares y moleculares de este tipo de trastornos visuales. Compagina sus actividades de investigación con una profusa actividad divulgadora, por lo que recibió el Premio Tesla 2021, además de ser la responsable de la comunicación científica en la Sociedad Española de Neurociencia y miembro de la Asociación Española de Comunicación Científica.
Nos citamos con ella en el Pasaje Gutiérrez vallisoletano, en una fría tarde otoñal que antecede al evento en el Teatro Zorrilla, y que contrasta con la cálida conversación que recorre desde las políticas de género y la igualdad en el mundo científico, hasta los entresijos de la divulgación, pasando por las futuras aplicaciones de su investigación.
Mujer, científica y andaluza.
Sí… empiezas como el loco de la colina.
Bueno, te lo digo de otra forma, ¿cómo acaba una riotinteña en la Universidad de Salamanca?
Bueno, es una historia larga.
Tenemos tiempo.
Bien, pues te cuento. Yo soy de familia andaluza por todas partes, pero mi abuela se fue cuando se murió mi abuelo, con sus hijos. Era muy joven, tenía cuarenta y pocos años, y se fue a vivir con su hermana a Béjar, que era un pueblo rico en aquel entonces, ya que tenía auge por la empresa textil. De hecho, hay un refrán que dice «he comido como los más ricos de Béjar», no sé si te suena eso.
No, no lo conocía.
Es un refrán que se dice mucho, no sé si por toda España, pero bueno, por aquí, por esta zona de Castilla sí, porque era una zona como muy fructífera en industria. Bien, pues mi abuela se vino a Béjar con su hermana. Mi padre tenía unos dieciocho o diecinueve años, así que dejaron de vivir en Río Tinto. Y mi padre viajaba mucho a Salamanca, a Béjar, desde Río Tinto, y desde que nací, pues he seguido viniendo a Béjar. Todos mis veranos los he pasado en Béjar, así que cuando decidí estudiar una carrera elegí Salamanca, porque me gustaba mucho la ciudad, y tenía familia, y muchas raíces castellanas, aunque no eran raíces reales, pero digamos que tenía mucha relación con Salamanca, y me vine a estudiar aquí. La otra opción que tenía, más cercana, era Sevilla, porque mi pueblo estaba a un poquito más de media hora, pero yo me quería ir de mi casa, vivir un poco mi vida independiente, y entonces decidí, dentro de mi independencia, vivir en una zona en la que yo tuviese un poquito más de seguridad, en una ciudad como Salamanca, más pequeña que Sevilla. Pero nací en Río Tinto y estuve viviendo allí hasta los dieciocho años. E hice muchos viajes. Yo hacía la Vía de la Plata antes de que existiera la Vía de la Plata.
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