Ciencias

Velocidad de los neutrinos

Imagen en infrarrojo de la nebulosa de la Tarántula. Foto NASA neutrinos
Imagen en infrarrojo de la nebulosa de la Tarántula. Foto: NASA.

También las estrellas mueren. Algunas en silencio, apagándose poco a poco. Otras, extendiéndose voraces hasta devorar a sus hijos, como hará nuestro propio sol dentro de algunos miles de millones de años. Pero las más grandes, las más hermosas, estallan en un último arrebato de luz. Son las supernovas, los fuegos artificiales del universo. 

Fuegos artificiales. La palabra en japonés es hanabi, flor de fuego. Quizás esas supernovas que estallan en el cielo, una cada mil años, componen el espectáculo con que la divinidad entretiene su infinito hastío. 

Hace 168 000 años una flor de fuego se abrió en los arrabales de la nebulosa de la Tarántula, emitiendo, junto con el intensísimo destello de luz, cuatrillones de neutrinos, esas ligerísimas partículas subatómicas que aparecen como subproducto de desecho en las desintegraciones radioactivas de átomos y partículas elementales. Un neutrino es el pedazo más tenue y diminuto concebible de realidad. No tiene carga eléctrica, casi no tiene masa y su interacción con la materia está gobernada por una fuerza tan débil que, a efectos prácticos, es casi inexistente. La mayoría de los que emitió la supernova viajarán durante eones por el universo sin sentirlo, como espíritus cuyo tenue ectoplasma se llevó, sin embargo, la mayor parte de la energía emitida por la estrella. El alma del astro derramándose en tenues partículas cuando llega la hora de su muerte. Yo he pasado mi vida siguiendo sus invisibles huellas.

Hace 168 000 años legiones de neutrinos empezaron un viaje que, para la mayoría de ellos, no cesará hasta que termine el universo. Unas horas después de que los neutrinos se marcharan, la luz emitida por la supernova los perseguía. En la Tierra, nuestros desaparecidos primos, los neandertales, se ganaban la vida en una Europa sin crisis financieras. En África, los cromañones acababan de inventar el lenguaje.

Imaginemos una maratón cósmica que parte del astro moribundo —esa noche remota en la que nuestros ancestros miraban al cielo, preguntándose qué o quiénes eran las hogueras encendidas en la oscuridad— y cuya meta es la tierra. Es una carrera en la que compiten los neutrinos con los mismísimos cuantos de luz, cuya velocidad, según la teoría de la relatividad, no pueden superar. Pero la masa de los neutrinos es tan ligera que pueden moverse, siempre según Einstein, casi tan rápidos como esta. Es tan escasa la diferencia que la luz, emitida por la supernova unas horas después de que se marcharan los neutrinos, todavía no les ha alcanzado en 1987, cuando unos y otros llegan a nuestro planeta.

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19 comentarios

  1. Enhorabuena.
    Qué gran artículo

  2. Me ha emocionado.

  3. Articulazo! Gracias! Por esto visito Jotdown, no para entrevistas a Jorge Javier Vázquez.

  4. Eslaen Martorell-Zamora

    ¡Felicidades! ¡Que grato leer este artículo!

  5. Javier Martinez

    Una gozada de artículo, viva la ciencia

  6. Germán Flor C

    Belleza de escrito. Nos recuerda que nuestra humanidad tiene esperanza, que es mucho lo que hemos avanzado y mucho más lo que nos falta. Que cara día comentemos enormes errores, pero que aún así, los cromañones estarían orgullosos de nosotros.

  7. Jaime Pérez de Oteyza

    La física de partículas es maravillosa. La literatura también. Gracias por regalarnos esta mezcla de ambas

  8. Fernando Sciuto

    Excelente!!

  9. Magnífico artículo. Por favor, corregid lo del sonar

  10. Este artículo es un regalo, una maravilla.
    Gracias.

  11. Enhorabuena Juanjo! era difícil escribir esto tan bonito y con tanto rigor científico, y que nos guste tanto a todos.

  12. Juan José: no he leído tus libros…pero seguro lo haré…

  13. Gracias a todos por los gratos comentarios.

  14. Fernando Valero

    Excelente artículo.
    Opino que los neutrinos podrían estar moviéndose a varias veces la velocidad de la luz, pero también se mueven más rápido hacia el futuro, por esto nunca veríamos que superen la velocidad de la luz. Lo mismo estaría pasando en el LHC, esas partículas se mueven a miles de veces la velocidad de la luz, no ganan masa, ganan energía cinética. Lo mismo pasaría con una nave. No soy científico, solo imagino la situación.

  15. ¡Qué lo tiró! Qué buen artículo, como para moquear leyendo entre pasiones estelares y de barrio, pues de barro estamos hechos, y seguro que somos o tenemos desechos o helechos de neutrinos, eso tan parecido al alma como el carro famoso tirado por dos caballos, uno bayo y el otro moro. Mil gracias por esta excelente lectura.

  16. Félix de Paterna.

    Extraordinario texto, Juanjo. ¡Qué placer viajar en tiempo y espacio, tan deprisa, en lo que dura su reposada lectura!

  17. Jaime H. Stinami

    Magnífico.
    Varios meses tras su publicación, tan solo quiero mostrar mi agradecimiento, aunque ya lo hagan los comentarios anteriores.

  18. Pingback: Las dimensiones ocultas y el lado oscuro de la ciencia en España (que inventen ellos) - Jot Down Cultural Magazine

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